¡Cambia el mundo!

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Pero con el don no sucede como con el delito. Si por el delito de un murieron todos ¡cuanto más la gracia de Dios y el don otorgado por la gracia de un hombre, Jesucristo, se han desbordado sobre todos (Romanos 5, 15).

¡Cambia el mundo!
Hablando con un sacerdote misionero del Congo he re-descubierto que el único que salva es Dios. Porque en el mundo se dan todos los días situaciones muy trágicas, ante las cuales la mayoría de hombres estamos impotentes. Y el Congo, lugar de residencia por años de este sacerdote, es uno de esos lugares.

Allí las minas están llenas de trabajadores explotados que ponen en grave riesgo su vida para tener algo que llevarse a la boca. Allí ser blanco es sinónimo de dinero, y hacen todo lo posible por sacártelo: darte pena, pedir muy insistentemente, o incluso tratar de casarse contigo. Allí rara vez el dinero de las ONG llega a la gente, y muchos proyectos son mera fachada para conmover a los socios de Europa para que donen mas dinero. Allí a los de la ONU se les conoce como los paseantes, porque lo que hacen es pasearse con sus coches sin hacer nada para cambiar la situación. Allí hay una selva, no solo natural, sino también humana. ¿Y quien la ha creado? La codicia del hombre. Nuestra codicia.

¿Y que podemos hacer nosotros? Nosotros no podemos salvar a nadie. Porque solo Dios salva. Allí hay algunas pocas organizaciones, entre las que la Iglesia Católica destaca con diferencia, que realmente en muchos casos (en otros, por desgracia no) ayudan a las personas que viven allí. Pero no hablamos de una ayuda puntual, que también, sino de un cambio de mentalidad y de forma de vida que permiten cambiar su situación radicalmente desde la misma raíz del problema. Y ese cambio de mentalidad y de vida es fruto del encuentro personal con Dios. Un encuentro que la Iglesia ayuda a tener a quien así lo desea. Pero el que salva solo es Dios, pues toda palabra de Dios está garantizada; él es un escudo para cuantos confían en él (Proverbios 30, 5).

Por eso uno se pregunta… ¿Ante situaciones así de dramáticas no podemos hacer nada? Desgraciadamente, salvo realizar alguna ayuda puntual a través de la Iglesia, las personas “de a pie” estamos impotentes ante este tipo situaciones. Los que podrían cambiarlas son las grandes multinacionales y gobiernos, que son precisamente los que crean esas situaciones para mantener sus propios intereses económicos. Sin embargo, hay algo que si puedes hacer… ¡Dejar que Dios cambie tu corazón! ¿Y de que puede servir esto? ¡De muchísimo! No solo para este caso, sino para todo… si dejamos que Dios haga en nosotros lo que para nosotros es imposible todo puede cambiar, porque no hay nada imposible para Dios (Lucas 1, 37).

¿Quieres cambiar el mundo? Tu no puedes, pero Dios si. Por ello, es fundamental cambiar primero nosotros mismos, dejando que Dios sea el Dios de nuestra vida, de nuestros afectos, de nuestro dinero, de nuestros recursos, de nuestras relaciones, de nuestros bienes, de nuestro tiempo, y de nosotros mismos. Y de esa manera, Dios hará en ti maravillas capaces de cambiar no solo el mundo, sino algo mucho más dificil de cambiar: el corazón de una persona. Por eso… ¿Quieres ayudar al Congo? ¿Quieres ayudar a los pobres del mundo? ¿Quieres cambiar el mundo? ¡Empieza por convertirte tu mismo! El resto, si tu le dejas, lo hará Dios a través de ti y de todo lo que tu has puesto a su disposición… pues así es como nacen los misioneros, y la caridad en si misma. ¡Porque Dios nos ama!

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