Escucha la Palabra

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Y otra cayó en tierra buena y, creciendo, dio fruto centuplicado. Dicho esto, exclamó: El que tenga oídos para oír, que oiga (Lucas 8, 8).

Escucha la Palabra
Escuchar la Palabra de Dios no significa oírla. De hecho, el propio Jesús lo explicó con una parábola muy clara: Salió un sembrador a sembrar su simiente y, al sembrar, una parte cayó a lo largo del camino, fue pisada y las aves del cielo se la comieron. Los de a lo largo del camino son los que han oído; después viene el diablo y se lleva de su corazón la palabra, no sea que crean y se salven (Lucas 8, 5.12). Por eso, si oyes la palabra, y diez minutos después ni siquiera sabes que se ha dicho, el maligno ha hecho bien su trabajo. ¡Atento!

Pero aún hay más peligros: otra cayó sobre piedra, y después de brotar, se secó, por no tener humedad. Los de sobre piedra son los que, al oír la palabra, la reciben con alegría; pero no tienen raíz; crecen por algún tiempo, pero a la hora de la prueba abandonan (Lucas 8, 6.13). Esto es lo que nos pasa si aún prestando atención no ponemos en práctica la palabra que hemos recibido. Y esto sólo lo podemos hacer con Dios, y empleando con perseverancia las armas de la luz. No es suficiente oír y recordar, hay que vivir la palabra. ¿Difícil? Por supuesto, incluso diría imposible para ti, pero no para Dios: pídeselo.

Otra cayó en medio de abrojos y, creciendo los abrojos con ella, la ahogaron. Lo que cayó entre los abrojos son los que han oído, pero las preocupaciones, las riquezas y los placeres de la vida les van sofocando y no llegan a madurez (Lucas 8, 7.14). Esto es realmente importante, porque en la vida hay que decidirse: ¿Dios o el dinero? ¿Dios o el placer? ¿Dios o mis planes? ¿Dios o el maligno? Si crees que puedes llevar las dos cosas estás muy equivocado: tarde o temprano dejarás a uno de los dos de lado… y en el peor de los casos ese puede ser Dios. Por eso, escucha y vive solo la Palabra que viene de Dios, no de los ídolos. ¡No te arriesgues!

¿Y después de esto que queda? Los que caen en tierra buena: lo que en buena tierra son los que, después de haber oído, conservan la palabra con corazón bueno y recto, y dan fruto con perseverancia (Lucas 8, 15). Efectivamente, sólo debes escuchar con rectitud, conservar la palabra, y con perseverancia darás fruto por la gracia de Dios. Quizás no hoy ni mañana, pues no dice “y dan fruto inmediatamente” sino “y dan fruto con perseverancia”. Por eso, escucha las palabras de vida que Dios te regala, disfruta de su amor, y pídele las fuerzas para corresponder a su amor con obediencia a su palabra. ¡Dios, que te ama, quiere lo mejor para ti!

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