Hágase tu Voluntad

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Les dice Jesús: Mi alimento es hacer la voluntad del que me ha enviado y llevar a cabo su obra (Mateo 4, 34).

Hágase tu Voluntad
La Voluntad de Dios es sin duda la mejor, porque Él te ama, quiere tu Salvación, y conoce mucho mejor que tú la realidad de las cosas y tu propia persona. Porque cuanto aventajan los cielos a la tierra, así aventajan mis caminos a los vuestros y mis pensamientos a los vuestros (Isaías 55, 9). Por eso un Cristiano está llamado a vivir según la Voluntad de Dios, y a no forzar en Dios su propia voluntad. Esto es algo que muchas veces intentamos hacer, por supuesto, sin éxito. Pero el peligro de intentarlo es que cuando Dios no hace tu voluntad te puedes rebelar o escandalizar: ¿Cómo puede pasarme esto a mi, que soy Cristiano?

Sin embargo, como Cristiano tienes de tu parte a Dios, que es el más sabio, el más fuerte, el más bueno, y el que más te ama y respeta. ¡Tienes la victoria de tu parte! Por eso no dudes en hacer tu la Voluntad de Dios. Por lo demás, sabemos que en todas las cosas interviene Dios para el bien de los que lo aman; de aquellos que han sido llamados según su designio (Romanos 8, 28). Es de tal magnitud la importancia de hacer la Voluntad de Dios sobre la nuestra propia, que Jesucristo y María nos lo han enseñado con su propia vida.

Jesús, sabiendo que iban a apresarlo y matarlo, angustiado por el sufrimiento humano que ello conlleva, sudo sangre y pidió a su Padre que pasara de largo ese momento. Pero sabiendo que la voluntad de su padre es la mejor, su oración no terminó ahí. Y alejándose de nuevo, por segunda vez oró así: Padre mío, si esta copa no puede pasar sin que yo la beba, hágase tu voluntad (Mateo 26, 42). Y no pasó esa copa, y murió, porque era necesario, pero Dios lo amaba y estaba de su parte, y por eso lo resucitó. Por eso Dios lo exaltó y le otorgó el Nombre, que está sobre todo nombre (Filipenses 2, 9). ¡Dios le regaló la victoria!

Lo mismo ocurrió con María, que ante el anuncio del ángel, no consideró todos los peligros que supondría quedarse embarazada, en una sociedad en que la pena era ser apedreada. Dijo María: He aquí la esclava del Señor; hágase en mi según tu palabra. Y el ángel, dejándola, se fue (Lucas 1, 38). José, cuando se enteró y porque era justo, decidió abandonarla en secreto, en vez de repudiarla públicamente (ello habría supuesto la muerte de María). Pero Dios siempre sale vencedor, y apareciéndose en sueños a José, ayudó a María. Dios, a través de su Voluntad dio a María la mayor de las gracias, y palió en gran medida los sufrimientos que ello le causaría. ¡Porque Dios la amaba!

¿Y al resto de Cristianos? ¿Y a ti? ¡Dios también nos ama! Por eso, según Jesús nos enseñó rezamos: Venga tu Reino, hágase tu Voluntad así en la tierra como en el cielo (Mateo 6, 10). Hay muchas personas que a través de su experiencia de vida han comprobado de primera mano que la Voluntad de Dios, aunque no coincida con la que nosotros queremos o deseamos, es con mucho lo mejor. Y probablemente tu también la tienes, aunque quizás no seas consciente de ello. Por eso, descansa en Dios, y no dudes que su Voluntad es la mejor para ti, porque… ¡Dios te ama!

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