No tengáis miedo

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Díceles: ¿Por qué tenéis miedo, hombres de poca fe? Entonces se levantó, increpó a los vientos y al mar, y sobrevino una gran bonanza (Mateo 8, 26).

No tengáis miedo
Muchas veces vivimos situaciones complicadas, que nos hacen tener miedo. Sin embargo el miedo es lo contrario de la Fe, porque surge cuando no nos fiamos de Dios. Jesús mismo nos advirtió que en el mundo tendríamos problemas, pero también nos dijo que tuviéramos paz en Él, pues sabemos que Dios es superior a todos ellos: Os he dicho estas cosas para que tengáis paz en mí. En el mundo tendréis tribulación. Pero ¡animo!: yo he vencido al mundo (Juan 16, 33). Y Jesús mismo nos lo demostró con su propia vida.

Si tuviéramos Fe no tendríamos miedo. Porque si Dios, el más poderoso y el que más nos ama, esta con nosotros… ¿Qué podemos temer? El mismo dijo: Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo (Mateo 28, 20b). ¡Dios está siempre con nosotros! Él nos cuida y nos ama, como asegura: En cuanto a vosotros, hasta los cabellos de vuestra cabeza están todos contados (Mateo 10, 30). Pero entonces… ¿Por qué dudamos? La respuesta la podemos encontrar en el pasaje donde Pedro camina sobre las aguas (Mateo 14, 22-33).

En medio de una gran tormenta, como las que podemos tener en medio de nuestra vida, donde el agua de la muerte embravecida amenaza con hundirnos, y donde nos aterramos; aparece Jesús y dice “Ven”. Pedro escuchando y mirando a Cristo camina sobre las aguas. Camina sobre la muerte. Sobre el problema que lo aterraba hasta ese momento. Porque cree firmemente en lo que Jesús le dice: tiene Fe. Pero entonces sucede algo: Pedro vuelve a notar la fuerza del viento y las olas. Deja de mirar a Cristo y se ve a si mismo en medio de un mar embravecido, en una situación desesperante… Le entra miedo, y se hunde. Al punto Jesús, tendiendo la mano, la agarró y le dice: Hombre de poca fe ¿por qué dudaste? (Mateo 14, 31). Es decir, ante una misma situación de dificultad, o vence el miedo en nosotros y estamos tristes, o vencemos al miedo con la Fe y la confianza en Dios, y estamos alegres.

¡Dios te ama! Y te regala su paz para que puedas vivir tranquilo en medio de la tribulación: Os dejo la paz, mi paz os doy; no os la doy como os la da el mundo. No se turbe vuestro corazón ni se acobarde (Juan 14, 27). Otras veces, por supuesto, directamente calmará el mar y los vientos, quitando la situación que te preocupa. Pero siempre y ante todo ten presente que la prueba final, que es la muerte, ya ha sido vencida. Ten siempre presente que pase lo que pase tu destino no es ya la muerte, sino la vida eterna. Por eso, confía en Dios y no temas, que contigo estoy yo; no receles que yo soy tu Dios. Yo te he robustecido y te he ayudado, y te tengo asido con mi diestra justiciera (Isaías 41, 10).

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