Pedid y se os dará

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Esta es la confianza plena que tenemos en él: que si le pedimos algo según su voluntad, nos escucha (1 Juan 5, 14).

Pedid y se os dará
Dios siempre escucha nuestras oraciones con mucha atención, pero el que nos conceda lo que le pedimos o no depende de muchas cosas. Una de las más importantes es si pedimos según su voluntad, o lo que es lo mismo, si pedimos lo que nos conviene; O si por el contrario pedís y no recibís porque pedís mal, con la intención de malgastarlo en vuestros deseos de placeres (Santiago 4, 3). Porque Dios te quiere, y si le pides algo malo para ti, pues en principio no te lo va a dar porque no quiere que te pierdas, sino que lo conozcas y te salves.

Y digo en principio porque si insistimos y perseveramos en un mal deseo, aunque Él no nos lo va a conceder directamente, puede que nos permita seguir por ese camino, como hizo con el hijo pródigo (Lucas 15, 11-32). Pero aún en este caso, el objetivo es que aprendamos algo importante, que de otra forma no hemos aprendido, y finalmente volvamos a la casa del Padre diciendo como el hijo le dijo: Padre, pequé contra el cielo y ante ti; ya no merezco ser llamado hijo tuyo (Lucas 15, 21). Pero Dios lo perdonó y lo acogió con una gran fiesta, porque este hijo mío había muerto y ha vuelto a la vida; se había perdido y ha sido hallado. Y comenzaron la fiesta (Lucas 15, 24).

Pero si pedimos realmente bien, a su tiempo, nos lo concederá, porque ciertamente Él nos escucha. Y si sabemos que nos escucha cuando le pedimos, sabemos que tenemos conseguido lo que hayamos pedido (1 Juan 4, 15). Y lo sabemos porque hemos conocido el amor de Dios que actúa como un Padre en nuestra vida. ¿Y hay algún padre que ignore o de cosas malas a sus hijos? ¿O hay acaso alguno entre vosotros que al hijo que le pide pan le dé una piedra; o si le pide un pez, le dé una culebra? Si, pues, vosotros, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuanto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que se las pidan! (Mateo 7, 9-11). Pero para saber si algo es bueno o malo, debemos mirarlo con los ojos y criterios de Dios, no con los nuestros.

El ejemplo más común, quizás, es pedir por la salud de un enfermo. Esto dependiendo de la situación puede ser malo, y Dios puede no concederlo… ¿Por qué? Pues, por poner un motivo entre mil más, porque puede que ese sea el momento oportuno para pasar al Padre y entrar en la vida eterna; y si continuara viviendo quizás perdería la Fe y se le cerrarían las puertas del Reino de Dios. O quizás simplemente, su muerte será signo y motivo de conversión para alguien más, aparte de para si mismo. No podemos saberlo, porque no conocemos como Dios conoce; por lo que no podemos decir que lo que pedimos esté realmente bien.

¿O no estaba bien evitar que el Hijo de Dios muriera cruelmente en una cruz tras ser acusado injustamente? Pues no, no lo estaba. Por eso, por encima de todo, debemos confiar en Dios como hizo Jesus: Y adelantándose un poco, cayó rostro en tierra, y suplicaba así: Padre mío, si es posible, que pase de mí esta copa, pero no sea como yo quiero, sino como quieres tu (Mateo 26, 39). Confiemos en Dios, sabiendo que nos concede lo mejor en el mejor momento. Por lo demás, sabemos que en todas las cosas interviene Dios para bien de los que le aman; de aquellos que han sido llamados según su designio (Romanos 8, 28). Pues… ¡Dios te ama!

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