Vocación y Misión

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Antes de haberte formado yo en el vientre, te conocía, y antes que nacieses, te tenía consagrado: yo profeta de las naciones te constituí (Jeremías 1, 5).

Vocación y Misión
Cada persona en su vida tiene una vocación: una llamada de Dios a ser algo concreto en su vida, a manifestar el amor de Dios al mundo de una forma concreta. Unos quizás son llamados al matrimonio, otros al sacerdocio, otros a la vida consagrada, etc. Es Dios quien llama a cada uno a su misión en esta vida, y nos da la gracia para llevarla a cabo. ¿Qué hemos de hacer nosotros? Dijo María: He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra. Y el ángel, dejándola, se fue (Lucas 1, 38). Y Dios a cada uno de una forma diferente: como familia Cristiana, como joven Cristiano, como sacerdote, como religiosa, o… ¿Por qué no? Como misionero.

Cuando Dios te llama es porque tiene algo realmente maravilloso para ti: una historia que te va a hacer realmente feliz, como atestiguan muchos sacerdotes y consagrados Católicos. Por eso el Papa San Juan Pablo II decía: ¡No tengáis miedo! Pues que Dios os llame es lo mejor que os puede pasar en vuestra vida: Yahvé, tu eres mi Dios, yo te ensalzo, alabo tu nombre, porque has hecho maravillas y planes muy de antemano, que no fallan (Isaías 25, 1). ¡Si! Dios hace felices a los que entregan su vida por Él. Jesús dijo: Yo os aseguro: nadie que haya dejado casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos o hacienda por mi y por el Evangelio, quedará sin recibir el ciento por uno: ahora, al presente, casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y hacienda, con persecuciones; y en el mundo venidero, vida eterna (Marcos 10, 29-30). Pues Dios colma de bendiciones al que entrega su vida por Él.

Por eso, si sientes la llamada… ¡Animo! Estás llamado a heredar una bendición, de la que San Pablo decía: Y más aún: juzgo que todo es pérdida ante la sublimidad del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por quien perdí todas las cosas, y las tengo por basura para ganar a Cristo (Filipenses 3, 8). Y no te preocupes de que harás o de si lo harás bien, pues si Dios te llama, te prepara adecuadamente para ese ministerio. Por eso, si sigues siempre a Dios y no te apartas de su lado, Dios lo hará posible en ti, pues es Dios quien, por su benevolencia, realiza en vosotros el querer y el obrar (Filipenses 2, 13). ¡No temas, Dios te ama!

Y si no la sientes, no te preocupes. La misión es sin duda la naturaleza del Cristiano, y todos estamos llamados a ella. Por supuesto cada uno en su medida: unos como Evangelizadores de su barrio, otros en el trabajo o la universidad, y otros en otro lugar del mundo donde son necesarios. Dios es el que llama a cada uno, y con la llamada da la fuerza para la misión que encomienda. Simplemente, como decía San Juan Pablo II: ¡No tengas miedo! Porque… ¡Dios te ama!

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