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1.2 Los dos caminos

Ambicionad los carismas mayores. Y aún os voy a mostrar un camino más excelente.
- 1 Corintios 12, 31

Existen dos caminos Hay dos caminos. Uno, de la vida; otro, de la muerte. La diferencia entre ambos es grande (Didajé 1, 1)[70]. El camino de la Vida es el camino de Dios, en apariencia angosto y estrecho, difícil de transitar y por el que no va mucha gente. El camino de la muerte es ancho, espacioso y fácil de transitar. Lo fácil es optar por el camino de la muerte, pero lo realmente bueno es elegir el camino de la Vida. Porque el destino del camino de la Vida es la vida eterna y la plenitud del amor de Dios, mientras que el destino del camino de la muerte es... la muerte. Pero entonces... ¿Por qué se elige el camino de la muerte?

El camino de la Vida El camino de la Vida es la caridad, pues si tuviera el don de profecía y conociera todos los secretos y todo el saber; si tuviera fe como para mover montañas, pero no tengo amor, no sería nada. Si repartiera todos mis bienes entre los necesitados; si entregara mi cuerpo a las llamas, pero no tengo amor, de nada me serviría (1 Corintios 13, 2-3). ¿Y qué es la caridad? La caridad* es el amor de verdad, aquel que puede amar incluso al enemigo. Es el amor que nos ha mostrado Jesucristo en la cruz, que no se resistió a la injusticia, sino que nos amó hasta entregar voluntariamente su vida por nosotros.

El camino de la Vida es amar a Dios y amar a todos los hombres, y hacerlo en todo momento, empezando por los más cercanos a ti y acabando por tus enemigos. Es dejarse robar, matar, difamar, etc y devolver a todo eso sólo amor. Así de sencillo es de decir pero de imposible llevar a la práctica, hasta que gracias a Jesucristo se ha hecho posible. Él ha abierto el camino de la Vida y lo ha señalado claramente con su vida: Jesús le responde: «Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí» (Juan 14, 6). Jesús y su forma de vivir es el camino de la Vida, el único camino verdadero: vivir siempre por amor al otro. Pero eso significa negarse a uno mismo y, precisamente por eso, poca gente lo toma.

El camino de la muerte ¿Y cuál es el camino de la muerte? El camino de la muerte es el contrario al de la caridad: vivir siempre por amor a ti mismo y para complacer tus apetencias. ¿Quieres cobrar más? Pisa a otro trabajador. ¿Alguien te cae mal? Difámalo. ¿No ganas bastante? No declares el IVA. ¿Me gusta esta chica o chico? Acuéstate con él. Y así es como vive gran parte de la sociedad: para sí misma. Efectivamente, las obras de la carne son conocidas: fornicación, impureza, libertinaje, idolatría, hechicería, enemistades, discordia, envidia, cólera, ambiciones, divisiones, disensiones, rivalidades, borracheras, orgías y cosas por el estilo. Y os prevengo, como ya os previne, que quienes hacen estas cosas no heredarán el reino de Dios (Gálatas 5, 19-21).

El problema de estas obras es que su fruto es la muerte ontológica, y en los peores casos incluso la física. Y esto es lo que se conoce como pecado*. Pues el pecado no es algo bueno que esté prohibido, sino que es algo que realmente nos destruye y cuyas consecuencias son nefastas para nosotros. El pecado es una falta contra la razón, la verdad, la conciencia recta; es faltar al amor verdadero para con Dios y para con el prójimo (Catecismo 1849). Además el pecado se levanta contra el amor que Dios nos tiene y aparta de Él nuestros corazones (Catecismo 1850). Porque el pecado, en el fondo, significa decir a Dios “no quiero tu amor y lo que tú me das, quiero esto otro”, erigiéndonos así dioses de nuestra propia vida. Por eso, uno de los primeros frutos del pecado es el rechazo a Dios. Pero además, una vez hemos usurpado el lugar de Dios... ¿Quién es el otro para contradecirme? De esta forma el pecado se cobra cada vez más y más víctimas, dando lugar al sufrimiento que hoy vemos en muchos informativos.

¿Qué eliges tú? La pregunta importante es: ¿A dónde quieres llegar tú? ¿A la vida o a la muerte? Porque yo personalmente quiero llegar a la vida y me imagino que tú también. La invitación por parte de Dios es clara: entrad por la puerta estrecha. Porque ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos entran por ellos. ¡Qué estrecha es la puerta y qué angosto el camino que lleva a la vida! Y pocos dan con ellos (Mateo 7, 13-14). Es cierto que el pecado parece al principio más apetecible, como les pareció a Adán y Eva; pero su fruto es la muerte. Así pues, no vendas tu herencia a vivir la vida eterna por un gusto momentáneo y vacío. Vive en la caridad, siguiendo el camino de la Vida. No abandones ni desesperes si caes, pues todo camino tiene sus piedras: tú levántate y vuelve a caminar por el camino de la Vida. Este camino certificará en tu corazón que... ¡Dios te ama! Y te dará una vida que nadie te podrá quitar y que no se te acabará.

Práctica Es importante pararse a pensar y hacer una reflexión sobre cómo estamos llevando nuestra vida. Es decir, conviene preguntarse... ¿Para qué y cómo vivo? Por eso, a la luz de estos dos caminos, te invito a que respondas a estas preguntas con sinceridad y tomando en peso tu forma de vivir el día a día. Piensa en cuál de los dos caminos estás viviendo, si en el de la vida viviendo para Dios y los demás, o en el de la muerte viviendo para ti mismo. Reflexiona además sobre si te conviene seguir en ese camino.

Reflexión sobre los dos caminos
  1. ¿Busco mi éxito en el trabajo, estudios, etc, sin mirar al otro?
  2. ¿Me defiendo cuando alguien me ataca e intento imponer mi voluntad?
  3. ¿Cedo en las discusiones familiares y laborales, o tengo siempre la razón en lo que digo?
  4. ¿He tenido discusiones y peleas por dinero? ¿Ayudo a los pobres?
  5. ¿Pido perdón y reconozco mis errores? ¿Perdono los errores de los demás?
  6. ¿Ignoro cuando otros obran o hablan mal de terceros por quedar bien ante ellos?
  7. ¿Vivo para mí en el camino de la muerte, o para los demás en el de la vida?
  8. ¿Para qué vivo? ¿Cómo vivo? ¿Cuál es el sentido de mi vida? ¿Qué quiero lograr con ella?
¿Cómo ha ido? Espero que esta reflexión te haya mostrado que muchas veces vivimos para nosotros mismos, y que estamos lejos de actuar como Cristo nos enseñó. Reconocerlo es el primer paso para cambiarlo... ¡Ánimo! Y no te preocupes si elegir el camino de la vida te parece algo imposible, pues no se trata de poder sino de querer. El poder ya te lo dará Dios si tú quieres, que para algo es el Todopoderoso.


Comentarios

Cristian G.B(14-08-2026)
Queridos hermanos, al reflexionar sobre este curso y contemplar nuestra propia existencia, descubro que el Señor nos pone delante una realidad ineludible: en nuestra vida cotidiana caminamos siempre por uno de dos caminos. Por un lado, reconozco cuántas veces nos tienta el camino de la muerte, ese sendero ancho y cómodo que nos invita a vivir centrados en nosotros mismos, cediendo al egoísmo, al pecado y a nuestras propias apetencias. Es la vía que nos aleja de Dios y destruye poco a poco nuestros vínculos. Por otro lado, como catequista, los invito a alzar la mirada hacia el camino de la vida, que es Jesucristo mismo. Aunque en apariencia es angosto y exige el esfuerzo diario de la caridad y la entrega por amor, incluso cuando cuesta y nos exige salir de nuestra comodidad, es el único que nos conduce a la plenitud y a la eternidad. Para sostenernos en esta elección, la Iglesia nos ilumina con su Magisterio seguro. En el Catecismo de la Iglesia Católica, CIC 1691, recordamos que nuestra moral se resume en esa antigua y hermosa verdad: hay dos caminos, el uno de la vida y el otro de la muerte. Comprendemos que apartarnos del pecado, como enseñan los números 1849-1850, es rechazar aquello que daña nuestra relación con Dios. El Concilio Vaticano II, en la Constitución Gaudium et spes, n. 16, nos enseña a escuchar la voz de nuestra conciencia, ese sagrario interior donde Dios nos llama incansablemente a hacer el bien y evitar el mal. Asimismo, Lumen gentium, n. 40, nos recuerda que todos estamos llamados a la santidad y a la perfección de la caridad. San Juan Pablo II, en su encíclica Veritatis splendor, nos ilumina profundamente al recordarnos que la libertad no consiste en hacer lo que nos plazca, sino en elegir el bien verdadero. Como Jesús respondió al joven rico, el camino que conduce a la vida consiste en acoger sus mandamientos y seguir sus pasos. Hermanos, examinemos hoy nuestro corazón y pidamos al Señor la gracia de enderezar nuestros pasos, eligiendo cada día caminar en su amor. Oración a san José: Oh, glorioso san José, padre protector y custodio fiel, tú que conociste bien las encrucijadas de este mundo y guiaste tus pasos siempre hacia la voluntad divina, te suplicamos que intercedas por nosotros ante nuestro Señor Jesucristo, para que nos apartes con firmeza del ancho camino de la perdición y nos sostengas con tu gracia en el estrecho camino de la vida. Muéstranos cómo andar con rectitud, silencio y amor, y alcánzanos la gracia de elegir siempre a Dios, para que, guiados por tu valiosa intercesión y la de tu esposa, María Santísima, lleguemos un día a la morada eterna. Amén.
Un hermoso llamado a elegir cada día el camino de la vida, siguiendo a Cristo mediante la conversión, la caridad y la fidelidad a la verdad.
Roberto(06-07-2025)
La afirmación del texto: Es dejarse robar, matar, difamar, etc. y devolver a todo eso sólo amor. Me parece una manera incompleta y poco rigurosa de exponer está enseñanza, y no refleja adecuadamente la doctrina católica. Aunque es cierto que el cristiano está llamado a responder al mal con el bien, el amor cristiano no excluye la defensa propia o ajena, la búsqueda de justicia, ni la corrección del mal. Todo eso, si se hace por amor, es también caridad. La legítima defensa puede ser no solo un derecho, sino un deber grave si se trata de la defensa de la vida propia o de otros inocentes. Ver el CIC 2263-2265, por citar solamente el Catecismo. Si nos vamos a la doctrina transmitida por los Padres encontraremos mucho más apoyando la legítima defensa de la vida y de los inocentes. Y lo declarará como un deber cristiano Santo Tomás de Aquino. Jamás Jesús dijo a sus seguidores que se dejaran matar. Otra cuestión es el martirio aceptado voluntariamente, pero eso es otro tema que exige una explicación rigurosa y debidamente expuesta. Quería dejar este comentario porque, aunque sé que la intención es buena, al haberlo escrito de esa forma puede malinterpretarse gravemente lo que es la caridad o el amor, como simplemente un acto pasivo de dejarse hacer cualquier cosa por los demás. Y sabemos que no es eso.
En primer lugar, evidentemente tiene usted razón en que no debemos confundir ser apocados, autolesivos, masoquistas, cobardes o resignados con la caridad que lleva al extremo de dar la vida por amor. La diferencia entre esas cosas y el amor es abismal. Evidentemente, también tiene usted razón que la legitima defensa de la vida propia o de los que están a cargo nuestro (hijos, etc) es un derecho y, en ocasiones, un deber. Es por ello que la frase debe leerse en su contexto y está referida al ejemplo dado por Cristo mismo. Respecto a las palabras de Jesús no olvidemos, por ejemplo, Mateo 5, 39-46: Pero yo os digo: no hagáis frente al que os agravia. Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra; al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica, dale también el manto; a quien te requiera para caminar una milla, acompáñale dos; a quien te pide, dale, y al que te pide prestado, no lo rehúyas. Habéis oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo. Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos. Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Comentarle también que, sobre el martirio se habla posteriormente con más detalle en este curso. En último lugar, recordarle que este curso ha sido revisado por las autoridades eclesiásticas y posee el preceptivo imprimatur. Dios le bendiga. La paz.
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Notas y aclaraciones

... caridad*
Caridad La caridad es la virtud teologal por la cual amamos a Dios sobre todas las cosas por Él mismo y a nuestro prójimo como a nosotros mismos por amor de Dios (Catecismo 1822). La caridad es el amor supremo, el amor de Dios. Un amor que, en principio, es inalcanzable para nosotros, pero que gracias a Dios podemos vivir.
... pecado*
Pecado El pecado es algo atrayente y apetecible, que a primera vista puede incluso parecer bueno, pero que al final nos provoca la muerte ontológica y un gran sufrimiento. El pecado destruye al hombre dañándolo en lo más profundo de su ser. Además, daña a la conciencia, rompe las relaciones, ofende al amor y a Dios, y genera más pecado. Por eso se dice: huye del pecado como de una serpiente, pues, si te acercas, te morderá. Dientes de león son sus dientes, que destrozan vidas humanas (Eclesiástico 21, 2).