¡Enhorabuena, has en­con­tra­do un te­so­ro! Este ar­tícu­lo es par­te de un cur­so que te in­vi­ta­mos a co­no­cer: Curso Católico.

Los dos ca­mi­nos | Comentarios (pág.2)

Más co­men­ta­rios

Abel Alcántara(18-06-2021)
Yo creo que a ve­ces vi­vi­mos como el nú­me­ro 2 y el 4, pen­san­do siem­pre cuál es el pro­pó­si­to de Dios. Un un día pen­sé el nú­me­ro 8.
Ánimo pues, es una bue­na re­fle­xión pen­sar en esto. La paz.
Ana Catalina(28-05-2021)
A me­nu­do pasa que no re­ci­bi­mos una for­ma­ción es­pi­ri­tual ade­cua­da, ni tam­po­co un ejem­plo de vida como Dios man­da, y nos cria­mos y va­mos por el mun­do como ani­ma­li­tos, to­man­do y ha­cien­do se­gún me­jor nos sa­len las co­sas. Particularmente, siem­pre sen­tí cu­rio­si­dad y mu­chí­si­ma atrac­ción por Jesucristo, por la Virgen Santísima y toda la Iglesia Católica. Siendo ado­les­cen­te en­tra­ba sola a la Iglesia. Después, de adul­ta, nun­ca en­con­tré apo­yo ni di­rec­ción. Recién cuan­do acom­pa­ñé a mi hija a ca­te­que­sis fa­mi­liar, pude en­con­trar y en­ten­der un mon­tón de co­sas de la vida y, so­bre todo, de la Palabra del Señor… ¡Casi mue­ro del te­rror al ver lo erra­da que es­ta­ba en el ca­mino! Siempre creí q ha­cía lo co­rrec­to, era doña per­fec­ti­ta… ¡Un ho­rror! Pura so­ber­bia es lo que ha­bia en mi co­ra­zón. Y así cre­cí y me for­mé. Muchas cri­ti­cas re­ci­bí, pero nin­gún buen con­se­jo… ¡Ojo! Que tal vez no lo sa­bían tam­po­co… Hoy, en este nue­vo ca­mino y ya de muy gran­de lo pue­do com­pren­der y, por eso, me atre­vo a com­par­tir­lo. Hoy mi hija ya es adul­ta y pron­to, si Dios quie­re, será do­cen­te. Pero me sien­to en la obli­ga­ción de co­rre­gir un mon­tón de co­sas que le fui en­se­ñan­do a lo lar­go de su in­fan­cia. Más con el ac­cio­nar que con las pa­la­bras que es­tán mal. La so­ber­bia es lo peor que le pue­de pa­sar a ser hu­mano, co­rroe el alma y des­tru­ye todo a su al­re­de­dor. Espero po­der en­men­dar an­tes de par­tir de este mun­do, si hay algo que real­men­te me due­le es sa­ber que ja­más po­dré ver el ros­tro de mi Señor, to­car sus Santas Manos, be­sar Sus Llagas. El san­to te­mor a Dios es lo que me sal­vó de mu­chi­si­mas co­sas ma­las que po­dría ha­ber caí­do en mi ju­ven­tud sin una fa­mi­lia es­ta­ble, sin mamá, papá aban­do­na­do, etc; pero po­dia oir Su Voz y ver Sus Ojos que me ad­ver­tían… ¡Gloria a Dios por eso! Y asi man­te­ner­me a sal­vo de las in­fi­ni­tas ten­ta­cio­nes del ma­ligno. Hoy bus­co in­can­sa­ble­men­te el ca­mino co­rrec­to, oja­lá lo­gre to­das las me­tas y co­rri­ja tam­bién a mi es­po­so e hija. ¡Así sea! ¡Bendiciones!
Gracias por com­par­tir su his­to­ria, que Dios la ben­di­ga. Siga el ejem­plo de Santa Mónica, y há­ble­le más a Dios de su fa­mi­lia que lo que ha­bla aho­ra a su fa­mi­lia de Dios. La paz.
Rosa(23-05-2021)
Amor cru­ci­fi­ca­do. Amor que due­le. Amor con de­rra­ma­mien­to de san­gre. Amor que pri­me­ro tie­ne que pa­sar por la cruz.
Ese es el amor de Dios con no­so­tros. La paz.
Angie(22-05-2021)
A ve­ces vi­vi­mos con mie­do del mun­do por eso ce­de­mos ante el sin dar­nos cuen­ta de que al úni­co que de­be­mos agra­dar es a Dios.
Muy cier­to. ¡Ánimo! Lo di­fi­cil a ve­ces es lle­var­lo a la prác­ti­ca. La paz.
Carlos(17-05-2021)
Me pa­re­ce muy im­por­tan­te este pun­to por que me acla­ra de ma­ne­ra pre­ci­sa cómo es­toy vi­vien­do y ha­cia don­de es­toy lle­van­do mi vida sin Dios. Que he ol­vi­da­do esa pre­gun­ta que siem­pre me ha­cía… ¿Para qué vivo?
Como en toda com­pe­ti­ción, es ne­ce­sa­rio te­ner siem­pre la mi­ra­da pues­ta en la meta para no des­viar­nos del ca­mino. ¡Ánimo!
Ferney(15-04-2021)
Las pro­pues­tas del mun­do son, en oca­sio­nes, frías e inú­ti­les al no ser bue­nas para la fe y el amor que nos ofre­ce Dios. El ca­mino de la vida y de la luz es más di­fí­cil, pero debe ser nues­tro ob­je­ti­vo. Así en­con­tra­re­mos la vida eter­na.
Es cier­ta­men­te un reto y una aven­tu­ra. ¡Pero no es­ta­mos so­los! ¡Dios nos acom­pa­ña y pre­ce­de!
Lucas(10-04-2021)
Ciertamente, en oca­sio­nes es­ta­mos en el ca­mino de la muer­te, pues el mun­do es atrac­ti­vo; pero gra­cias al amor de Dios po­de­mos re­fle­xio­nar y to­mar el ca­mino de la vida, aun­que sea di­fí­cil.
Como todo ca­mino, al prin­ci­pio pue­de re­sul­tar di­fi­cil, pero cuan­to más tro­zo re­co­rres y cuan­to más en­tre­nas, más fá­cil se vuel­ve. ¡Ánimo! ¡A la aven­tu­ra!
Jesús Orlando López(09-04-2021)
Es tan es­pa­cio­so el ca­mino de la per­di­ción, que ofre­ce lo que pa­re­ce­ría ser lo me­jor, pero al fi­nal el Señor le per­mi­te a uno dar­se cuen­ta que el en­ga­ño del ma­ligno es muy gran­de. Gracias al Dios al­tí­si­mo que nos per­mi­te te­ner en es­tos mo­men­tos tan di­fí­ci­les pro­fe­tas en su ma­gis­te­rio de la Iglesia, que nos ayu­dan y guían en cada mo­men­to. Dios les ben­di­ga.
Las pom­pas del mun­do son apa­rien­cia va­cía y vana. No nos de­je­mos en­ga­ñar. El amor de Dios es el gran te­so­ro por el que me­re­ce la pena lu­char. La paz.