Santo Rosario

La Didajé, tam­bién lla­ma­da la en­se­ñan­za del Señor a las na­cio­nes por me­dio de los doce após­to­les, es un do­cu­men­to del si­glo I que con­tie­ne las pri­me­ras ins­truc­cio­nes cris­tia­nas que se han en­con­tra­do. Sus en­se­ñan­zas, aun­que muy fie­les a la doc­tri­na y li­tur­gia de los pri­me­ros cris­tia­nos, no se con­si­de­ran in­fa­li­bles.
- Santo Rosario

Introducción Por la se­ñal de la san­ta cruz, de nues­tros enemi­gos lí­bra­nos Señor, Dios nues­tro. En el nom­bre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Creo en Dios, Padre, Todopoderoso; crea­dor del cie­lo y de la tie­rra. Creo en Jesucristo su úni­co hijo, nues­tro Señor. Que fue con­ce­bi­do por obra y gra­cia del Espíritu Santo; na­ció de Santa María Virgen; pa­de­ció bajo el po­der de Poncio Pilato; fue cru­ci­fi­ca­do, muer­to y se­pul­ta­do; des­cen­dió a los in­fier­nos. Al ter­cer día re­su­ci­tó de en­tre los muer­tos, subió al cie­lo y está sen­ta­do a la de­re­cha de Dios Padre Todopoderoso. Desde allí ha de ve­nir a juz­gar a los vi­vos y a los muer­tos. Creo en el Espíritu Santo, la Santa Iglesia Católica, la co­mu­nión de los san­tos, el per­dón de los pe­ca­dos, la re­su­rrec­ción de la car­ne, y la vida eter­na. Amén.

Ofrecemos este ro­sa­rio por la si­guien­te in­ten­ción: [intención]

Primer mis­te­rio Padre nues­tro, que es­tás en el cie­lo, san­ti­fi­ca­do sea tu nom­bre. Venga a no­so­tros tu reino. Hágase tu vo­lun­tad, en la tie­rra como en el cie­lo. Danos hoy nues­tro pan de cada día. Perdona nues­tras ofen­sas, como tam­bién no­so­tros per­do­na­mos a los que nos ofen­den. No nos de­jes caer en la ten­ta­ción, y lí­bra­nos del mal. Amén.

(1) Dios te sal­ve María, lle­na eres de gra­cia, el Señor es con­ti­go, ben­di­ta tú eres en­tre to­das las mu­je­res, y ben­di­to es el fru­to de tu vien­tre Jesús. Santa María, ma­dre de Dios, rue­ga por no­so­tros pe­ca­do­res, aho­ra y en la hora de nues­tra muer­te. Amén.

(2) Dios te sal­ve María, lle­na eres de gra­cia, el Señor es con­ti­go, ben­di­ta tú eres en­tre to­das las mu­je­res, y ben­di­to es el fru­to de tu vien­tre Jesús. Santa María, ma­dre de Dios, rue­ga por no­so­tros pe­ca­do­res, aho­ra y en la hora de nues­tra muer­te. Amén.

(3) Dios te sal­ve María, lle­na eres de gra­cia, el Señor es con­ti­go, ben­di­ta tú eres en­tre to­das las mu­je­res, y ben­di­to es el fru­to de tu vien­tre Jesús. Santa María, ma­dre de Dios, rue­ga por no­so­tros pe­ca­do­res, aho­ra y en la hora de nues­tra muer­te. Amén.

(4) Dios te sal­ve María, lle­na eres de gra­cia, el Señor es con­ti­go, ben­di­ta tú eres en­tre to­das las mu­je­res, y ben­di­to es el fru­to de tu vien­tre Jesús. Santa María, ma­dre de Dios, rue­ga por no­so­tros pe­ca­do­res, aho­ra y en la hora de nues­tra muer­te. Amén.

(5) Dios te sal­ve María, lle­na eres de gra­cia, el Señor es con­ti­go, ben­di­ta tú eres en­tre to­das las mu­je­res, y ben­di­to es el fru­to de tu vien­tre Jesús. Santa María, ma­dre de Dios, rue­ga por no­so­tros pe­ca­do­res, aho­ra y en la hora de nues­tra muer­te. Amén.

(6) Dios te sal­ve María, lle­na eres de gra­cia, el Señor es con­ti­go, ben­di­ta tú eres en­tre to­das las mu­je­res, y ben­di­to es el fru­to de tu vien­tre Jesús. Santa María, ma­dre de Dios, rue­ga por no­so­tros pe­ca­do­res, aho­ra y en la hora de nues­tra muer­te. Amén.

(7) Dios te sal­ve María, lle­na eres de gra­cia, el Señor es con­ti­go, ben­di­ta tú eres en­tre to­das las mu­je­res, y ben­di­to es el fru­to de tu vien­tre Jesús. Santa María, ma­dre de Dios, rue­ga por no­so­tros pe­ca­do­res, aho­ra y en la hora de nues­tra muer­te. Amén.

(8) Dios te sal­ve María, lle­na eres de gra­cia, el Señor es con­ti­go, ben­di­ta tú eres en­tre to­das las mu­je­res, y ben­di­to es el fru­to de tu vien­tre Jesús. Santa María, ma­dre de Dios, rue­ga por no­so­tros pe­ca­do­res, aho­ra y en la hora de nues­tra muer­te. Amén.

(9) Dios te sal­ve María, lle­na eres de gra­cia, el Señor es con­ti­go, ben­di­ta tú eres en­tre to­das las mu­je­res, y ben­di­to es el fru­to de tu vien­tre Jesús. Santa María, ma­dre de Dios, rue­ga por no­so­tros pe­ca­do­res, aho­ra y en la hora de nues­tra muer­te. Amén.

(10) Dios te sal­ve María, lle­na eres de gra­cia, el Señor es con­ti­go, ben­di­ta tú eres en­tre to­das las mu­je­res, y ben­di­to es el fru­to de tu vien­tre Jesús. Santa María, ma­dre de Dios, rue­ga por no­so­tros pe­ca­do­res, aho­ra y en la hora de nues­tra muer­te. Amén.

Gloria al Padre, al Hijo, y al Espíritu Santo; como era en el prin­ci­pio, aho­ra y siem­pre, por los si­glos de los si­glos. Amén.

María, ma­dre de gra­cia, ma­dre de mi­se­ri­cor­dia, de­fién­de­nos de nues­tros enemi­gos, y am­pá­ra­nos aho­ra y en la hora de nues­tra muer­te. Amén. Oh Jesús mío, per­do­na nues­tros pe­ca­dos, lle­va to­das las al­mas al cie­lo, es­pe­cial­men­te a las más ne­ce­si­ta­das de tu di­vi­na mi­se­ri­cor­dia. Amén.

Segundo mis­te­rio Padre nues­tro, que es­tás en el cie­lo, san­ti­fi­ca­do sea tu nom­bre. Venga a no­so­tros tu reino. Hágase tu vo­lun­tad, en la tie­rra como en el cie­lo. Danos hoy nues­tro pan de cada día. Perdona nues­tras ofen­sas, como tam­bién no­so­tros per­do­na­mos a los que nos ofen­den. No nos de­jes caer en la ten­ta­ción, y lí­bra­nos del mal. Amén.

(1) Dios te sal­ve María, lle­na eres de gra­cia, el Señor es con­ti­go, ben­di­ta tú eres en­tre to­das las mu­je­res, y ben­di­to es el fru­to de tu vien­tre Jesús. Santa María, ma­dre de Dios, rue­ga por no­so­tros pe­ca­do­res, aho­ra y en la hora de nues­tra muer­te. Amén.

(2) Dios te sal­ve María, lle­na eres de gra­cia, el Señor es con­ti­go, ben­di­ta tú eres en­tre to­das las mu­je­res, y ben­di­to es el fru­to de tu vien­tre Jesús. Santa María, ma­dre de Dios, rue­ga por no­so­tros pe­ca­do­res, aho­ra y en la hora de nues­tra muer­te. Amén.

(3) Dios te sal­ve María, lle­na eres de gra­cia, el Señor es con­ti­go, ben­di­ta tú eres en­tre to­das las mu­je­res, y ben­di­to es el fru­to de tu vien­tre Jesús. Santa María, ma­dre de Dios, rue­ga por no­so­tros pe­ca­do­res, aho­ra y en la hora de nues­tra muer­te. Amén.

(4) Dios te sal­ve María, lle­na eres de gra­cia, el Señor es con­ti­go, ben­di­ta tú eres en­tre to­das las mu­je­res, y ben­di­to es el fru­to de tu vien­tre Jesús. Santa María, ma­dre de Dios, rue­ga por no­so­tros pe­ca­do­res, aho­ra y en la hora de nues­tra muer­te. Amén.

(5) Dios te sal­ve María, lle­na eres de gra­cia, el Señor es con­ti­go, ben­di­ta tú eres en­tre to­das las mu­je­res, y ben­di­to es el fru­to de tu vien­tre Jesús. Santa María, ma­dre de Dios, rue­ga por no­so­tros pe­ca­do­res, aho­ra y en la hora de nues­tra muer­te. Amén.

(6) Dios te sal­ve María, lle­na eres de gra­cia, el Señor es con­ti­go, ben­di­ta tú eres en­tre to­das las mu­je­res, y ben­di­to es el fru­to de tu vien­tre Jesús. Santa María, ma­dre de Dios, rue­ga por no­so­tros pe­ca­do­res, aho­ra y en la hora de nues­tra muer­te. Amén.

(7) Dios te sal­ve María, lle­na eres de gra­cia, el Señor es con­ti­go, ben­di­ta tú eres en­tre to­das las mu­je­res, y ben­di­to es el fru­to de tu vien­tre Jesús. Santa María, ma­dre de Dios, rue­ga por no­so­tros pe­ca­do­res, aho­ra y en la hora de nues­tra muer­te. Amén.

(8) Dios te sal­ve María, lle­na eres de gra­cia, el Señor es con­ti­go, ben­di­ta tú eres en­tre to­das las mu­je­res, y ben­di­to es el fru­to de tu vien­tre Jesús. Santa María, ma­dre de Dios, rue­ga por no­so­tros pe­ca­do­res, aho­ra y en la hora de nues­tra muer­te. Amén.

(9) Dios te sal­ve María, lle­na eres de gra­cia, el Señor es con­ti­go, ben­di­ta tú eres en­tre to­das las mu­je­res, y ben­di­to es el fru­to de tu vien­tre Jesús. Santa María, ma­dre de Dios, rue­ga por no­so­tros pe­ca­do­res, aho­ra y en la hora de nues­tra muer­te. Amén.

(10) Dios te sal­ve María, lle­na eres de gra­cia, el Señor es con­ti­go, ben­di­ta tú eres en­tre to­das las mu­je­res, y ben­di­to es el fru­to de tu vien­tre Jesús. Santa María, ma­dre de Dios, rue­ga por no­so­tros pe­ca­do­res, aho­ra y en la hora de nues­tra muer­te. Amén.

Gloria al Padre, al Hijo, y al Espíritu Santo; como era en el prin­ci­pio, aho­ra y siem­pre, por los si­glos de los si­glos. Amén.

María, ma­dre de gra­cia, ma­dre de mi­se­ri­cor­dia, de­fién­de­nos de nues­tros enemi­gos, y am­pá­ra­nos aho­ra y en la hora de nues­tra muer­te. Amén. Oh Jesús mío, per­do­na nues­tros pe­ca­dos, lle­va to­das las al­mas al cie­lo, es­pe­cial­men­te a las más ne­ce­si­ta­das de tu di­vi­na mi­se­ri­cor­dia. Amén.

Tercer mis­te­rio Padre nues­tro, que es­tás en el cie­lo, san­ti­fi­ca­do sea tu nom­bre. Venga a no­so­tros tu reino. Hágase tu vo­lun­tad, en la tie­rra como en el cie­lo. Danos hoy nues­tro pan de cada día. Perdona nues­tras ofen­sas, como tam­bién no­so­tros per­do­na­mos a los que nos ofen­den. No nos de­jes caer en la ten­ta­ción, y lí­bra­nos del mal. Amén.

(1) Dios te sal­ve María, lle­na eres de gra­cia, el Señor es con­ti­go, ben­di­ta tú eres en­tre to­das las mu­je­res, y ben­di­to es el fru­to de tu vien­tre Jesús. Santa María, ma­dre de Dios, rue­ga por no­so­tros pe­ca­do­res, aho­ra y en la hora de nues­tra muer­te. Amén.

(2) Dios te sal­ve María, lle­na eres de gra­cia, el Señor es con­ti­go, ben­di­ta tú eres en­tre to­das las mu­je­res, y ben­di­to es el fru­to de tu vien­tre Jesús. Santa María, ma­dre de Dios, rue­ga por no­so­tros pe­ca­do­res, aho­ra y en la hora de nues­tra muer­te. Amén.

(3) Dios te sal­ve María, lle­na eres de gra­cia, el Señor es con­ti­go, ben­di­ta tú eres en­tre to­das las mu­je­res, y ben­di­to es el fru­to de tu vien­tre Jesús. Santa María, ma­dre de Dios, rue­ga por no­so­tros pe­ca­do­res, aho­ra y en la hora de nues­tra muer­te. Amén.

(4) Dios te sal­ve María, lle­na eres de gra­cia, el Señor es con­ti­go, ben­di­ta tú eres en­tre to­das las mu­je­res, y ben­di­to es el fru­to de tu vien­tre Jesús. Santa María, ma­dre de Dios, rue­ga por no­so­tros pe­ca­do­res, aho­ra y en la hora de nues­tra muer­te. Amén.

(5) Dios te sal­ve María, lle­na eres de gra­cia, el Señor es con­ti­go, ben­di­ta tú eres en­tre to­das las mu­je­res, y ben­di­to es el fru­to de tu vien­tre Jesús. Santa María, ma­dre de Dios, rue­ga por no­so­tros pe­ca­do­res, aho­ra y en la hora de nues­tra muer­te. Amén.

(6) Dios te sal­ve María, lle­na eres de gra­cia, el Señor es con­ti­go, ben­di­ta tú eres en­tre to­das las mu­je­res, y ben­di­to es el fru­to de tu vien­tre Jesús. Santa María, ma­dre de Dios, rue­ga por no­so­tros pe­ca­do­res, aho­ra y en la hora de nues­tra muer­te. Amén.

(7) Dios te sal­ve María, lle­na eres de gra­cia, el Señor es con­ti­go, ben­di­ta tú eres en­tre to­das las mu­je­res, y ben­di­to es el fru­to de tu vien­tre Jesús. Santa María, ma­dre de Dios, rue­ga por no­so­tros pe­ca­do­res, aho­ra y en la hora de nues­tra muer­te. Amén.

(8) Dios te sal­ve María, lle­na eres de gra­cia, el Señor es con­ti­go, ben­di­ta tú eres en­tre to­das las mu­je­res, y ben­di­to es el fru­to de tu vien­tre Jesús. Santa María, ma­dre de Dios, rue­ga por no­so­tros pe­ca­do­res, aho­ra y en la hora de nues­tra muer­te. Amén.

(9) Dios te sal­ve María, lle­na eres de gra­cia, el Señor es con­ti­go, ben­di­ta tú eres en­tre to­das las mu­je­res, y ben­di­to es el fru­to de tu vien­tre Jesús. Santa María, ma­dre de Dios, rue­ga por no­so­tros pe­ca­do­res, aho­ra y en la hora de nues­tra muer­te. Amén.

(10) Dios te sal­ve María, lle­na eres de gra­cia, el Señor es con­ti­go, ben­di­ta tú eres en­tre to­das las mu­je­res, y ben­di­to es el fru­to de tu vien­tre Jesús. Santa María, ma­dre de Dios, rue­ga por no­so­tros pe­ca­do­res, aho­ra y en la hora de nues­tra muer­te. Amén.

Gloria al Padre, al Hijo, y al Espíritu Santo; como era en el prin­ci­pio, aho­ra y siem­pre, por los si­glos de los si­glos. Amén.

María, ma­dre de gra­cia, ma­dre de mi­se­ri­cor­dia, de­fién­de­nos de nues­tros enemi­gos, y am­pá­ra­nos aho­ra y en la hora de nues­tra muer­te. Amén. Oh Jesús mío, per­do­na nues­tros pe­ca­dos, lle­va to­das las al­mas al cie­lo, es­pe­cial­men­te a las más ne­ce­si­ta­das de tu di­vi­na mi­se­ri­cor­dia. Amén.

Cuarto mis­te­rio Padre nues­tro, que es­tás en el cie­lo, san­ti­fi­ca­do sea tu nom­bre. Venga a no­so­tros tu reino. Hágase tu vo­lun­tad, en la tie­rra como en el cie­lo. Danos hoy nues­tro pan de cada día. Perdona nues­tras ofen­sas, como tam­bién no­so­tros per­do­na­mos a los que nos ofen­den. No nos de­jes caer en la ten­ta­ción, y lí­bra­nos del mal. Amén.

(1) Dios te sal­ve María, lle­na eres de gra­cia, el Señor es con­ti­go, ben­di­ta tú eres en­tre to­das las mu­je­res, y ben­di­to es el fru­to de tu vien­tre Jesús. Santa María, ma­dre de Dios, rue­ga por no­so­tros pe­ca­do­res, aho­ra y en la hora de nues­tra muer­te. Amén.

(2) Dios te sal­ve María, lle­na eres de gra­cia, el Señor es con­ti­go, ben­di­ta tú eres en­tre to­das las mu­je­res, y ben­di­to es el fru­to de tu vien­tre Jesús. Santa María, ma­dre de Dios, rue­ga por no­so­tros pe­ca­do­res, aho­ra y en la hora de nues­tra muer­te. Amén.

(3) Dios te sal­ve María, lle­na eres de gra­cia, el Señor es con­ti­go, ben­di­ta tú eres en­tre to­das las mu­je­res, y ben­di­to es el fru­to de tu vien­tre Jesús. Santa María, ma­dre de Dios, rue­ga por no­so­tros pe­ca­do­res, aho­ra y en la hora de nues­tra muer­te. Amén.

(4) Dios te sal­ve María, lle­na eres de gra­cia, el Señor es con­ti­go, ben­di­ta tú eres en­tre to­das las mu­je­res, y ben­di­to es el fru­to de tu vien­tre Jesús. Santa María, ma­dre de Dios, rue­ga por no­so­tros pe­ca­do­res, aho­ra y en la hora de nues­tra muer­te. Amén.

(5) Dios te sal­ve María, lle­na eres de gra­cia, el Señor es con­ti­go, ben­di­ta tú eres en­tre to­das las mu­je­res, y ben­di­to es el fru­to de tu vien­tre Jesús. Santa María, ma­dre de Dios, rue­ga por no­so­tros pe­ca­do­res, aho­ra y en la hora de nues­tra muer­te. Amén.

(6) Dios te sal­ve María, lle­na eres de gra­cia, el Señor es con­ti­go, ben­di­ta tú eres en­tre to­das las mu­je­res, y ben­di­to es el fru­to de tu vien­tre Jesús. Santa María, ma­dre de Dios, rue­ga por no­so­tros pe­ca­do­res, aho­ra y en la hora de nues­tra muer­te. Amén.

(7) Dios te sal­ve María, lle­na eres de gra­cia, el Señor es con­ti­go, ben­di­ta tú eres en­tre to­das las mu­je­res, y ben­di­to es el fru­to de tu vien­tre Jesús. Santa María, ma­dre de Dios, rue­ga por no­so­tros pe­ca­do­res, aho­ra y en la hora de nues­tra muer­te. Amén.

(8) Dios te sal­ve María, lle­na eres de gra­cia, el Señor es con­ti­go, ben­di­ta tú eres en­tre to­das las mu­je­res, y ben­di­to es el fru­to de tu vien­tre Jesús. Santa María, ma­dre de Dios, rue­ga por no­so­tros pe­ca­do­res, aho­ra y en la hora de nues­tra muer­te. Amén.

(9) Dios te sal­ve María, lle­na eres de gra­cia, el Señor es con­ti­go, ben­di­ta tú eres en­tre to­das las mu­je­res, y ben­di­to es el fru­to de tu vien­tre Jesús. Santa María, ma­dre de Dios, rue­ga por no­so­tros pe­ca­do­res, aho­ra y en la hora de nues­tra muer­te. Amén.

(10) Dios te sal­ve María, lle­na eres de gra­cia, el Señor es con­ti­go, ben­di­ta tú eres en­tre to­das las mu­je­res, y ben­di­to es el fru­to de tu vien­tre Jesús. Santa María, ma­dre de Dios, rue­ga por no­so­tros pe­ca­do­res, aho­ra y en la hora de nues­tra muer­te. Amén.

Gloria al Padre, al Hijo, y al Espíritu Santo; como era en el prin­ci­pio, aho­ra y siem­pre, por los si­glos de los si­glos. Amén.

María, ma­dre de gra­cia, ma­dre de mi­se­ri­cor­dia, de­fién­de­nos de nues­tros enemi­gos, y am­pá­ra­nos aho­ra y en la hora de nues­tra muer­te. Amén. Oh Jesús mío, per­do­na nues­tros pe­ca­dos, lle­va to­das las al­mas al cie­lo, es­pe­cial­men­te a las más ne­ce­si­ta­das de tu di­vi­na mi­se­ri­cor­dia. Amén.

Quinto mis­te­rio Padre nues­tro, que es­tás en el cie­lo, san­ti­fi­ca­do sea tu nom­bre. Venga a no­so­tros tu reino. Hágase tu vo­lun­tad, en la tie­rra como en el cie­lo. Danos hoy nues­tro pan de cada día. Perdona nues­tras ofen­sas, como tam­bién no­so­tros per­do­na­mos a los que nos ofen­den. No nos de­jes caer en la ten­ta­ción, y lí­bra­nos del mal. Amén.

(1) Dios te sal­ve María, lle­na eres de gra­cia, el Señor es con­ti­go, ben­di­ta tú eres en­tre to­das las mu­je­res, y ben­di­to es el fru­to de tu vien­tre Jesús. Santa María, ma­dre de Dios, rue­ga por no­so­tros pe­ca­do­res, aho­ra y en la hora de nues­tra muer­te. Amén.

(2) Dios te sal­ve María, lle­na eres de gra­cia, el Señor es con­ti­go, ben­di­ta tú eres en­tre to­das las mu­je­res, y ben­di­to es el fru­to de tu vien­tre Jesús. Santa María, ma­dre de Dios, rue­ga por no­so­tros pe­ca­do­res, aho­ra y en la hora de nues­tra muer­te. Amén.

(3) Dios te sal­ve María, lle­na eres de gra­cia, el Señor es con­ti­go, ben­di­ta tú eres en­tre to­das las mu­je­res, y ben­di­to es el fru­to de tu vien­tre Jesús. Santa María, ma­dre de Dios, rue­ga por no­so­tros pe­ca­do­res, aho­ra y en la hora de nues­tra muer­te. Amén.

(4) Dios te sal­ve María, lle­na eres de gra­cia, el Señor es con­ti­go, ben­di­ta tú eres en­tre to­das las mu­je­res, y ben­di­to es el fru­to de tu vien­tre Jesús. Santa María, ma­dre de Dios, rue­ga por no­so­tros pe­ca­do­res, aho­ra y en la hora de nues­tra muer­te. Amén.

(5) Dios te sal­ve María, lle­na eres de gra­cia, el Señor es con­ti­go, ben­di­ta tú eres en­tre to­das las mu­je­res, y ben­di­to es el fru­to de tu vien­tre Jesús. Santa María, ma­dre de Dios, rue­ga por no­so­tros pe­ca­do­res, aho­ra y en la hora de nues­tra muer­te. Amén.

(6) Dios te sal­ve María, lle­na eres de gra­cia, el Señor es con­ti­go, ben­di­ta tú eres en­tre to­das las mu­je­res, y ben­di­to es el fru­to de tu vien­tre Jesús. Santa María, ma­dre de Dios, rue­ga por no­so­tros pe­ca­do­res, aho­ra y en la hora de nues­tra muer­te. Amén.

(7) Dios te sal­ve María, lle­na eres de gra­cia, el Señor es con­ti­go, ben­di­ta tú eres en­tre to­das las mu­je­res, y ben­di­to es el fru­to de tu vien­tre Jesús. Santa María, ma­dre de Dios, rue­ga por no­so­tros pe­ca­do­res, aho­ra y en la hora de nues­tra muer­te. Amén.

(8) Dios te sal­ve María, lle­na eres de gra­cia, el Señor es con­ti­go, ben­di­ta tú eres en­tre to­das las mu­je­res, y ben­di­to es el fru­to de tu vien­tre Jesús. Santa María, ma­dre de Dios, rue­ga por no­so­tros pe­ca­do­res, aho­ra y en la hora de nues­tra muer­te. Amén.

(9) Dios te sal­ve María, lle­na eres de gra­cia, el Señor es con­ti­go, ben­di­ta tú eres en­tre to­das las mu­je­res, y ben­di­to es el fru­to de tu vien­tre Jesús. Santa María, ma­dre de Dios, rue­ga por no­so­tros pe­ca­do­res, aho­ra y en la hora de nues­tra muer­te. Amén.

(10) Dios te sal­ve María, lle­na eres de gra­cia, el Señor es con­ti­go, ben­di­ta tú eres en­tre to­das las mu­je­res, y ben­di­to es el fru­to de tu vien­tre Jesús. Santa María, ma­dre de Dios, rue­ga por no­so­tros pe­ca­do­res, aho­ra y en la hora de nues­tra muer­te. Amén.

Gloria al Padre, al Hijo, y al Espíritu Santo; como era en el prin­ci­pio, aho­ra y siem­pre, por los si­glos de los si­glos. Amén.

María, ma­dre de gra­cia, ma­dre de mi­se­ri­cor­dia, de­fién­de­nos de nues­tros enemi­gos, y am­pá­ra­nos aho­ra y en la hora de nues­tra muer­te. Amén. Oh Jesús mío, per­do­na nues­tros pe­ca­dos, lle­va to­das las al­mas al cie­lo, es­pe­cial­men­te a las más ne­ce­si­ta­das de tu di­vi­na mi­se­ri­cor­dia. Amén.

Letanías de la Virgen Señor, ten pie­dad. Señor, ten pie­dad. Cristo, ten pie­dad. Cristo, ten pie­dad. Señor, ten pie­dad. Señor, ten pie­dad. Cristo, óye­nos. Cristo, óye­nos. Cristo, es­cú­cha­nos. Cristo, es­cú­cha­nos..

Dios, Padre ce­les­tial, ten pie­dad de no­so­tros. Dios, Hijo, Redentor del mun­do, ten pie­dad de no­so­tros. Dios, Espíritu Santo, ten pie­dad de no­so­tros. Santísima Trinidad, un solo Dios, ten pie­dad de no­so­tros.

Santa María, rue­ga por no­so­tros. Santa Madre de Dios, rue­ga por no­so­tros. Santa Virgen de las Vírgenes, rue­ga por no­so­tros. Madre de Cristo, rue­ga por no­so­tros. Madre de la Iglesia, rue­ga por no­so­tros. Madre de la di­vi­na gra­cia, rue­ga por no­so­tros. Madre pu­rí­si­ma, rue­ga por no­so­tros. Madre cas­tí­si­ma, rue­ga por no­so­tros. Madre siem­pre vir­gen, rue­ga por no­so­tros. Madre in­ma­cu­la­da, rue­ga por no­so­tros. Madre ama­ble, rue­ga por no­so­tros. Madre ad­mi­ra­ble, rue­ga por no­so­tros. Madre del buen con­se­jo, rue­ga por no­so­tros. Madre del Creador, rue­ga por no­so­tros. Madre del Salvador, rue­ga por no­so­tros. Madre de mi­se­ri­cor­dia, rue­ga por no­so­tros. Virgen pru­den­tí­si­ma, rue­ga por no­so­tros. Virgen dig­na de ve­ne­ra­ción, rue­ga por no­so­tros. Virgen dig­na de ala­ban­za, rue­ga por no­so­tros. Virgen po­de­ro­sa, rue­ga por no­so­tros. Virgen cle­men­te, rue­ga por no­so­tros. Virgen fiel, rue­ga por no­so­tros. Espejo de jus­ti­cia, rue­ga por no­so­tros. Trono de la sa­bi­du­ría, rue­ga por no­so­tros. Causa de nues­tra ale­gría, rue­ga por no­so­tros. Vaso es­pi­ri­tual, rue­ga por no­so­tros. Vaso digno de ho­nor, rue­ga por no­so­tros. Vaso de in­sig­ne de­vo­ción, rue­ga por no­so­tros. Rosa mís­ti­ca, rue­ga por no­so­tros. Torre de David, rue­ga por no­so­tros. Torre de mar­fil, rue­ga por no­so­tros. Casa de oro, rue­ga por no­so­tros. Arca de la Alianza, rue­ga por no­so­tros. Puerta del cie­lo, rue­ga por no­so­tros. Estrella de la ma­ña­na, rue­ga por no­so­tros. Salud de los en­fer­mos, rue­ga por no­so­tros. Refugio de los pe­ca­do­res, rue­ga por no­so­tros. Consoladora de los afli­gi­dos, rue­ga por no­so­tros. Auxilio de los cris­tia­nos, rue­ga por no­so­tros. Reina de los Ángeles, rue­ga por no­so­tros. Reina de los Patriarcas, rue­ga por no­so­tros. Reina de los Profetas, rue­ga por no­so­tros. Reina de los Apóstoles, rue­ga por no­so­tros. Reina de los Mártires, rue­ga por no­so­tros. Reina de los Confesores, rue­ga por no­so­tros. Reina de las Vírgenes, rue­ga por no­so­tros. Reina de to­dos los Santos, rue­ga por no­so­tros. Reina con­ce­bi­da sin pe­ca­do ori­gi­nal, rue­ga por no­so­tros. Reina asun­ta a los Cielos, rue­ga por no­so­tros. Reina del Santísimo Rosario, rue­ga por no­so­tros. Reina de la fa­mi­lia, rue­ga por no­so­tros. Reina de la paz, rue­ga por no­so­tros.

Cordero de Dios, que qui­tas el pe­ca­do del mun­do, per­dó­na­nos, Señor. Cordero de Dios, que qui­tas el pe­ca­do del mun­do, es­cú­cha­nos, Señor. Cordero de Dios, que qui­tas el pe­ca­do del mun­do, ten mi­se­ri­cor­dia de no­so­tros.

Ruega por no­so­tros, Santa Madre de Dios, para que sea­mos dig­nos de las pro­me­sas de nues­tro Señor Jesucristo.

Te ro­ga­mos nos con­ce­das, Señor Dios nues­tro, go­zar de con­ti­nua sa­lud de alma y cuer­po, y por la glo­rio­sa in­ter­ce­sión de la bie­na­ven­tu­ra­da siem­pre Virgen María, ver­nos li­bres de las tris­te­zas de la vida pre­sen­te y dis­fru­tar de las ale­grías eter­nas. Por Jesucristo nues­tro Señor. Amén.

Intenciones del Santo Padre Te pe­di­mos, oh Dios nues­tro, por las in­ten­cio­nes del Santo Padre.

Padre nues­tro, que es­tás en el cie­lo, san­ti­fi­ca­do sea tu nom­bre. Venga a no­so­tros tu reino. Hágase tu vo­lun­tad, en la tie­rra como en el cie­lo. Danos hoy nues­tro pan de cada día. Perdona nues­tras ofen­sas, como tam­bién no­so­tros per­do­na­mos a los que nos ofen­den. No nos de­jes caer en la ten­ta­ción, y lí­bra­nos del mal. Amén.

Dios te sal­ve María, lle­na eres de gra­cia, el Señor es con­ti­go, ben­di­ta tú eres en­tre to­das las mu­je­res, y ben­di­to es el fru­to de tu vien­tre Jesús. Santa María, ma­dre de Dios, rue­ga por no­so­tros pe­ca­do­res, aho­ra y en la hora de nues­tra muer­te. Amén.

Gloria al Padre, al Hijo, y al Espíritu Santo; como era en el prin­ci­pio, aho­ra y siem­pre, por los si­glos de los si­glos. Amén.

Oración fi­nal Dios te sal­ve, reina y ma­dre, de mi­se­ri­cor­dia, vida, dul­zu­ra, es­pe­ran­za nues­tra. Dios te sal­ve, a ti cla­ma­mos los des­te­rra­dos hi­jos de Eva, a ti sus­pi­ra­mos gi­mien­do y llo­ran­do en este va­lle de lá­gri­mas. Ea, pues, Señora, abo­ga­da nues­tra; vuel­ve a no­so­tros esos tus ojos mi­se­ri­cor­dio­sos, y des­pués de este des­tie­rro mués­tra­nos a Jesús, fru­to ben­di­to de tu vien­tre. Oh cle­men­tí­si­ma, oh pia­do­sa, oh dul­ce Virgen María; rue­ga por no­so­tros san­ta Madre de Dios para que sea­mos dig­nos de las pro­me­sas de nues­tro Señor Jesucristo. Amén.