¡Enhorabuena, has en­con­tra­do un te­so­ro! Este ar­tícu­lo es par­te de un cur­so que te in­vi­ta­mos a co­no­cer: Curso Católico.

Dios te ama | Comentarios (pág.2)

Más co­men­ta­rios

Mayela Barrantes(31-05-2021)
Puedo dar tes­ti­mo­nio del amor de Dios en mi vida, pues aun cuan­do tuve mo­men­tos que ni yo mis­ma me hu­bie­ra acep­ta­do, sen­tí Su alien­to en mi hom­bro. En los mo­men­tos de ma­yor so­le­dad, por el aban­dono, la au­sen­cia y la trai­ción, solo Dios es­ta­ba en mi do­lor y llan­to, y… ¡Siempre, siem­pre me le­van­tó con su mano para se­guir ade­lan­te! Me dio for­ta­le­za, es­pe­ran­za y con­sue­lo. No exis­te do­lor que no se pue­da su­perar con la ayu­da de Dios. El solo desea que sea­mos fe­li­ces. El agra­de­ci­mien­to solo se le pue­de ex­pre­sar, agra­dán­do­lo de la ma­ne­ra que más le agra­da: con la con­ver­sión cons­tan­te, por­que sa­be­mos que en to­das las co­sas in­ter­vie­ne Dios para bien de los que le aman (Rom 8, 28).
Efectivamente, Dios que es Agápē, sólo quie­re nues­tro bien. Dios la ben­di­ga. La paz.