Pon en práctica la Palabra

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Porque este mandamiento que yo te prescribo hoy no es superior a tus fuerzas ni está fuera de tu alcance (Deuteronomio 30, 11).

Pon en práctica la Palabra
La Palabra de Dios es fuente de vida para todos los que la escuchan, la acogen, y la ponen en práctica. No es suficiente escucharla y conocerla intelectualmente: hay que ponerla en práctica. Pero cuando escuchamos palabras como “Habéis oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo. Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan (Mateo 5, 43-44)” o “Entonces dijo Jesús a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a si mismo, tome su cruz, y sígame. Porque quien quiera salvar su vida la perderá, pero quien pierda su vida por mí, la encontrará (Mateo 16, 24-25)“. Y muchas otras como vender los bienes, perdonar siempre, no juzgar, tener siempre misericordia, y un largo etcétera… ¿No parece realmente imposible de poner en práctica?

Efectivamente, nosotros no podemos, ya que las tendencias de la carne llevan al odio de Dios: no se someten a la ley de Dios, ni siquiera pueden (Romanos 8, 8). Sin embargo, Dios si puede, y murió por todos, para que ya no vivan más para sí los que viven, sino para aquel que murió y resucitó por ellos (2 Corintios 5, 15). Así pues, gracias a la muerte y la resurrección de Cristo, tu hoy puedes hacer esto que parece imposible. ¿Cómo? Pidiendo a Dios que haga en ti un hombre nuevo a imagen de su Hijo Jesucristo, que hizo en su vida todo esto.

San Pablo decía: Todo lo puedo en Aquel que me da fuerzas (Filipenses 4, 13). San Pablo había conocido a Cristo, y su gracia le transformó en uno de los mayores predicadores y Santos de la Iglesia. Lo mismo les ocurrió a otros Santos como San Francisco de Asís, Santa Teresa de Jesús, o Santo Domingo de Guzmán; que tras conocer a Dios, pudieron llevar a la práctica hasta el extremo el Evangelio de Cristo. Por eso es importantísimo emplear las armas de la luz en nuestra vida diaria, y tener una experiencia personal con Dios. Porque conocer a Dios te da la fuerza para hacer muchas cosas, que de otra forma son imposibles, porque nosotros somos limitados.

Si es necesario, puedes empezar poco a poco. Primero, lo que seguro puedes hacer es rezar: pide a Dios, pues, la gracia de vivir según su Voluntad. Después pasa a formarte a través del Magisterio de la Iglesia, y busca conocer a Dios en tu vida personal. Luego, por supuesto, vende tus bienes. A partir de ahí, simplemente emplea cada vez más todas las armas de la luz. Ten en cuenta que las más complicadas son las más necesarias, y estas necesitan de todas las demás. Estas son la humildad y la caridad. Pero sobre todo busca a Dios, porque Él puede hacer que te sea sencillo hacer lo que ahora te resulta imposible. Ten en cuenta que no todo el que me diga Señor Señor, entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre que está en los cielos (Mateo 7, 21). Pero si tu quieres, poco a poco Dios lo hará posible en ti, porque… ¡Te ama! La pregunta es… ¿Tu quieres vivir según Dios?

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