Sin amor, todo es vanidad

Curso Católico » Reflexiones » Sin amor, todo es vanidad

Aunque tenga el don de profecía, y conozca todos los misterios y toda la ciencia; aunque tenga plenitud de fe como para trasladar montañas, si no tengo caridad, nada soy (1 Corintios 13, 2).

Sin amor, todo es vanidad
Desde hace mucho tiempo, que las personas, tras una buena reflexión en su vida, se dan cuenta que todo es… ¡Vanidad de vanidades! -dice Cohélet-, ¡vanidad de vanidades, todo es vanidad! (Eclesiastés 1, 2). Porque al final, por mucho que hagas, te espera la muerte. ¿Y tus obras? Quizás se recuerden un tiempo, o si tienes mucha suerte puedas entrar en los libros de historia… una temporadita. Al final tu fin seguro está ligado al de la humanidad, que llegará. Ante esto, uno se pregunta… ¿Qué saca el hombre de toda la fatiga con la que se afana bajo el sol? (Eclesiastés 1, 3).

Pues bien, mucho tiempo después Jesucristo nos muestra abre una puerta en todo esto, diciendo: El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán (Mateo 24, 35). ¡Luego ya hay algo que permanece! ¡Ya hay algo que merece la pena hacer en esta vida, porque no pasara! ¿Lo qué? Todas sus palabras, y en especial las que dicen: Os doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros. Que, como yo os he amado, así os améis también vosotros los unos a los otros (Juan 13, 34). Esto será reflejado por San Pablo, fruto de su experiencia con el amor de Dios, diciendo: La caridad no acaba nunca (1 Corintios 13, 8a).

Pero aquí nos encontramos con el problema de siempre: la palabra amor está muy gastada, y muy mal hecho. Hoy en día todo es amor, y no es cierto. El amor humano, que en teología llaman eros, es un amor posesivo, pasional, y que repercute en un “gusto” a nosotros mismos. Es el amor del mundo. Un amor que por si sólo está vacío y hueco, porque no amas a la otra persona, sino que te amas a ti a través de ella. El amor de Dios es llamado ágape o caridad, que es un amor altruista, que no busca nada para si mismo, sino que lo hace todo en función de los demás: ese es el amor de verdad. Para nosotros, personas, es un error dejar fuera el eros, porque es parte de nuestra naturaleza y un don de Dios que nos ayuda a amar, pero este eros ha de estar siempre guiado por el ágape: por la caridad.

Sin embargo, es la caridad la que no pasa nunca, y que constituye el verdadero amor: La caridad es paciente, es amable, la caridad no es envidiosa, no es jactanciosa, no se engríe; es decorosa; no busca su interés; no se irrita; no toma en cuenta el mal; no se alegra de la injusticia; se alegra con la verdad. Todo lo excusa. Todo lo cree. Todo lo espera. Todo lo soporta. (1 Corintios 13, 4-7). Esta caridad es Dios mismo. Por eso necesitamos a Dios para amar. Y por eso, todo pasará menos la esperanza que lleva a la fe, la fe que te permite obrar con caridad, y la caridad misma que es Dios. Por eso, si te has sentido amado por Dios, lo mejor que puedes hacer, porque nunca pasará… ¡Es amar!

Invitación
¿Quieres saber más? Date una vuelta por nuestro curso y descubrirás cosas realmente interesantes. Por cierto, comentarte que este artículo puede llegar a muchas más personas si lo compartes con tus amigos y familiares a través de Facebook, Twitter, Google+, Whatsapp, de tu página web o blog, o de cualquier otra forma. No lo dudes... ¡Difunde el amor de Dios para que otros se alegren contigo!

« Anterior