Todo tiene su momento

Curso Católico » Reflexiones » Todo tiene su momento

Él ha hecho todas las cosas apropiadas a su tiempo; y también ha puesto el conjunto del tiempo en sus corazones, pero el hombre no es capaz de descubrir la obra que Dios ha hecho de principio a fin (Eclesiastés 3, 11).

Todo tiene su momento
La paciencia es una virtud realmente difícil de conseguir, porque la única forma de llegar a ser paciente es esperando sin desesperar, lo cual requiere paciencia. Por eso, es muy fácil desesperar al principio, preguntándose… ¿Por qué aún no? ¿No ha pasado ya más que suficiente tiempo? Pero que no se precipiten tus labios ni se apresure tu corazón al pronunciar una palabra ante Dios. Dios está en el cielo, pero tu en la tierra: sean por tanto pocas tus palabras (Eclesiastés 5, 1), porque quejarse antes de hora no es provechoso; sin embargo, recuperar la esperanza y volver a ejercer la paciencia es sin duda el mejor camino. ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor! (Lucas 1, 45), porque ciertamente se cumplirán.

En momentos de dificultad uno grita a Dios diciendo: ¿Hasta cuando, Yahvé? ¿Me olvidarás para siempre?¿Hasta cuando me ocultarás tu rostro? (Salmo 13, 2). Pero todo tiene su momento, y casa cosa su tiempo bajo el cielo: Su tiempo el llorar, y su tiempo el reír; su tiempo el lamentarse, y su tiempo el danzar (Eclesiastés 3, 1.4). Y aunque es normal que queramos que la prueba dure lo mínimo posible, y los periodos de paz y alegría se alarguen, los primeros son necesarios para nuestra maduración como personas y nuestra afianciación en la Fe. De esta forma, con una actitud perseverante podemos alcanzar la virtud de la paciencia.

Así pues, la prueba no solo es necesaria, sino que más aún; nos gloriamos hasta en las tribulaciones; sabiendo que la tribulación engendra la paciencia; la paciencia, virtud probada; la virtud probada, esperanza, y la esperanza no falla, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado (Romanos 5, 3-5). Pues si pones tu esperanza en Dios, que ha vencido a la muerte, tu esperanza no será defraudada; pues poderoso es Dios para cumplir lo que promete. Y, como demostró con Jesús, para Él nunca es demasiado tarde.

Así pues, no seamos impacientes, sino más bien esperemos en Dios, nuestro Salvador. Y si momentáneamente desesperamos, recuperemos la esperanza y volvamos a esperar en Él. No nos perdamos el cumplimiento de la promesa tomando la actitud que Jesús nos enseñó: Velad, pues, porque no sabéis ni el día ni la hora (Mateo 25, 13). Se, pues, paciente, porque tiene su fecha la visión, aspira a la meta y no defrauda; si se atrasa, espérala, pues vendrá ciertamente, sin retraso (Habacuc 2, 3), pues… ¡Dios te ama!

Invitación
¿Quieres saber más? Date una vuelta por nuestro curso y descubrirás cosas realmente interesantes. Por cierto, comentarte que este artículo puede llegar a muchas más personas si lo compartes con tus amigos y familiares a través de Facebook, Twitter, Google+, Whatsapp, de tu página web o blog, o de cualquier otra forma. No lo dudes... ¡Difunde el amor de Dios para que otros se alegren contigo!

« Anterior