3 – Abandona tu Carga

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Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso (Mateo 11, 30).

Descanso en Dios
Descansar en Dios es sin duda lo mejor, porque quien entra en su descanso, también él descansa de sus trabajos, como Dios de los suyos (Hebreos 4, 10). El descanso de Dios es el descanso propio del alma, que muchas veces trae consigo el descanso mental y físico, pero no por ello deja de ser propio del alma. ¿Qué significa en la práctica vivir en el descanso? En primer lugar es tener plena confianza en Dios viviendo la vida según su voluntad y sin preocuparse en exceso, sabiendo que todo está en sus manos. Jesús nos demostró con un claro ejemplo como se hace esto cuando Él y sus discípulos cruzaron el lago en barca: De pronto se levantó en el mar una tempestad tan grande que la barca quedaba tapada por las olas; pero él estaba dormido (Mateo 8, 24). Y mientras sus discípulos temían por su vida y estaban angustiados, Jesús dormía tranquilo pues confiaba en su Padre.

En segundo lugar, vivir en el descanso significa vivir para Dios y no para lograr otro tipo de objetivos: trabajo, relaciones, dinero, diversiones, viajes, ideologías, etc. Esto no significa despreciar todo eso, sino valorarlo en su justa medida. Medida, por cierto, inferior a Dios, a las demás personas, y a unas cuantas cosas más, como mínimo. En otras palabras, vivir para Dios es vivir la vida diaria pero haciendo todas las cosas para Él: Todo cuanto hagáis, de palabra y de obra, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él (Colosenses 3, 17). En tercer lugar, significa abandonar nuestra carga: dinero, dependencias afectivas, ídolos, pecado, etc. Cosas que no son, a diferencia de Dios que si es, y que nos impiden caminar por el camino de la Vida, abocándonos continuamente hacia el de la muerte.

Abandonar la Carga
Abandonar nuestra carga es fundamental porque muchas veces la carga es como el abrojo que crece junto con la semilla de la Palabra de Dios: Otra cayó en medio de abrojos y, creciendo los abrojos con ella, la ahogaron. Lo que cayó entre los abrojos son los que han oído, pero las preocupaciones, las riquezas y los placeres de la vida les van sofocando y no llegan a madurez (Lucas 8, 7.14). Y eso mismo nos puede pasar a nosotros si no abandonamos nuestra carga para poder seguir al Señor con perseverancia, de forma que se llegue a cumplir en nosotros la Palabra de Dios que dice: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo (Lucas 10, 27b-28). En otras palabras, si no abandonamos nuestra carga difícilmente podremos caminar por el camino de la Vida que nos lleva a Dios y a la Vida Eterna con Él.

Glosario
Descanso de Dios: Es el descanso del alma que confía en Dios y su amor, a la que el mismo Cristo nos invita a diciendo: Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso (Mateo 11, 28). Esto no significa no trabajar o quedarse en casa todo el día sin hacer nada. Algunos de los primeros Cristianos lo interpretaron de esta forma y los apóstoles les reprendieron: A ésos les mandamos y les exhortamos en el Señor Jesucristo a que trabajen con sosiego para comer su propio pan (Tesalonicenses 3, 12). Lo que realmente significa es el vivir abandonados en manos de Dios.

Práctica
En el domingo, como día por excelencia de descanso, se nos invita a radicalizar esta actitud diaria dedicando por completo el día a Dios. Nada de trabajar, de ganar dinero, de adelantar trabajos, de realizar trabajos duros de casa, etc. Buscad primero el Reino de Dios y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura. Así que no os preocupéis del mañana: el mañana e preocupará de si mismo. Cada día tiene bastante con su propio mal. (Mateo 6, 33-34). Así pues, vamos a vivir los domingos como Cristianos, sin ocuparnos de nuestros negocios, trabajo, hobbys, y asuntos, en la medida de lo posible y sin faltar a nuestras obligaciones. Y vamos a dedicar el día a Dios primero, y a nuestra familia, en la que Dios se hace presente, después. Y por supuesto, a cualquier obra de misericordia y piedad que se nos presente. En palabras del Catecismo: Durante el domingo y las otras fiestas de precepto, los fieles se abstendrán de entregarse a trabajos o actividades que impidan el culto debido a Dios, la alegría propia del día del Señor, la práctica de las obras de misericordia, el descanso necesario del espíritu y del cuerpo (cf CIC can. 1247). Las necesidades familiares o una gran utilidad social constituyen excusas legítimas respecto al precepto del descanso dominical. Los fieles deben cuidar de que legítimas excusas no introduzcan hábitos perjudiciales a la religión, a la vida de familia y a la salud (Catecismo 2185).

Una buena forma de empezar un domingo dedicado a Dios es ofrecer a todos los miembros de nuestra familia hacer la oración de Laudes juntos por la mañana. ¿Cómo se reza? Pues bien, primero de pie se recita todos juntos la invocación inicial y una persona lee el invitatorio. Después, sentados, se va leyendo la salmodia en voz alta, cada vez uno, para que todos participen. Verás que antes de los Salmos hay antífonas: estas las lee el que va a leer el Salmo, y luego el resto la repiten. A continuación, se lee la Lectura Breve y el Evangelio del día o un Evangelio al azar, y uno de los dos padres o alguien con conocimiento puede explicarla muy brevemente. Si alguien a través de la lectura ha recibido una Palabra de Dios para su vida concreta puede comentarlo también. Finalmente, se realizan las preces de pie (se pueden añadir peticiones individuales de los que están presentes), se reza el Padre nuestro todos juntos, y se lee la oración final. Todo esto está en unos libros que se llaman Liturgia de las Horas y que son un poco complicados de utilizar al principio. Y aunque seguro que vuestro Sacerdote os puede enseñar fácilmente, para poder empezar ya mismo podéis hacer uso de este sitio web, imprimiendo todo lo correspondiente al día de hoy:

Laudes del día

Laudes del día

Por cierto, recordad que el domingo también es necesario acudir a la Eucaristía. Si habéis acudido en la víspera del domingo, es decir, sábado por la tarde, no tendréis problemas en encontrar el momento de realizar los laudes. Si no es el caso, se suele recomendar hacer los Laudes antes, y después ir a misa de doce si es que la hay. En cualquier caso, la Eucaristía es siempre más importante.

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