3.1 – Desprendimiento del dinero

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Nadie puede servir a dos señores; porque aborrecerá a uno y amará al otro; o bien se entregará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al dinero (Mateo 6, 24).

El dinero y la Providencia
El desprendimiento de las riquezas es necesario para entrar en el Reino de los cielos (Catecismo 2556)
, porque el dinero está detrás de muchos de los grandes males de este mundo y de nuestra vida diaria: guerras, explotación, ruptura de familias, peleas, separaciones, enemistades, mafias, droga, prostitución, estafas, pobreza, y un larguísimo etcétera. El dinero se ha convertido en el dios de este mundo, y por tanto, los Cristianos debemos despreciarlo… ¿Cómo? Vended vuestros bienes y dad limosna. Haceos bolsas que no se deterioran, un tesoro inagotable en los cielos, donde no llega el ladrón, ni la polilla corroe (Lucas 12, 33).

El desprecio al dinero nace de saber que solo Dios es el verdadero Dios, y que como verdadero Dios tiene poder para proveer en nuestra vida todo lo que necesitemos. No lo que queramos, sino lo que necesitemos. Por eso os digo: No andéis preocupados por vuestra vida, qué comeréis, ni por vuestro cuerpo, con qué os vestiréis. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Buscad primero el Reino de Dios y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura (Mateo 6, 25.33). Porque verdaderamente Dios, que te ama, te dará lo que realmente necesites. Por eso, no es necesario que busques el dinero y las cosas que con él puedes comprar, que por todas esas cosas ya se afanan los gentiles; pues ya sabe vuestro Padre celestial que tenéis necesidad de todo eso (Mateo 6, 32). Así pues, si pasas un momento de necesidad, pide a Dios con Fe: Aleja de mi falsedad y mentira; no me des pobreza ni riqueza, asígname mi ración de pan; pues, si estoy saciado, podría renegar de ti y decir: ¿Quién es Yahvé?, y si estoy necesitado podría robar y ofender el nombre de mi Dios (Proverbios 30, 8-9). Porque la indigencia material es tan peligrosa como la riqueza, pues ambas apegan tu corazón al dinero, que no es dios. Así pues, si Dios te lo concede, trabaja para ganarte el pan y ayudar a aquellos que no pueden hacerlo.

Y sabiendo que Dios provee, despréndete de las riquezas y los bienes que posees, como la Iglesia y Cristo enseñan. De esta forma serás libre con el trato del dinero y podrás amar a Dios sobre a él. Porque nadie puede servir a dos señores; porque aborrecerá a uno y amará al otro; o bien se entregará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al dinero (Mateo 6, 24). ¿Tienes discusiones por dinero, de forma directa o indirecta? ¿No puedes dar a los demás con generosidad? ¿Te preocupa en exceso el mañana o los gastos que tienes? ¿No ves claras las cosas o tienes problemas en los que detrás está el dinero de una forma y otra? ¡Despréndete de tus bienes y elige solo a Dios! ¡Haz limosna!

La Limosna
Cuando des limosna se generoso, pues una vez cubiertas tus necesidades básicas, todo lo demás te sobra. No se trata de que paséis apuros para que otros tengan abundancia, sino de procurar la igualdad (2 Corintios 8, 13). De donde hoy te sobra a ti, el otro come y vive; y de donde al otro le sobre mañana, tu podrás comer. Por eso para ser Cristiano debes elegir… ¿Dios o el dinero? ¿Dios o un ídolo? ¿Dios o el maligno? Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón (Mateo 6, 21). ¿Cual es el camino de la vida? Despreciar al dinero y amar a Dios. Jesús exhorta a sus discípulos a preferirle a Él respecto a todo y a todos y les propone “renunciar a todos sus bienes” (Lc 14, 33) por Él y por el Evangelio (cf Mc 8, 35). Poco antes de su pasión les mostró como ejemplo la pobre viuda de Jerusalén que, de su indigencia, dio todo lo que tenía para vivir (cf Lc 21, 4). El precepto del desprendimiento de las riquezas es obligatorio para entrar en el Reino de los cielos (Catecismo 2544).

La limosna hecha a los pobres es uno de los principales testimonios de la caridad fraterna; es también una práctica de justicia que agrada a Dios (Catecismo 2447). Pero con la limosna cualquier cosa no vale: los céntimos que me han sobrado del café de hoy se los doy al pobre de la esquina y que dé gracias. O mira, me afilio a una ONG y doy un poquito todos los meses de lo que me sobra en vez de ahorrarlo y ya está. Hacer estas cosas está muy bien y es preferible a no hacer nada, pero la verdadera limosna Cristiana va un paso más allá: no se hace solo de lo que a uno le sobra, ni por obligación, ni para tener la conciencia tranquila, ni de cualquier forma. La limosna se hace de la siguiente forma:

  • Justa: Hecha de los bienes que legítimamente dispones. Si debes algo a alguien o tienes una responsabilidad con alguien (hijos, mujer, padres, etc) no lo dispones para la caridad: primero paga tu deuda (o lo que corresponda de ella ese mes) y luego haz limosna. Y él les respondía: El que tenga dos túnicas, que las reparta con el que no tiene; el que tenga para comer, que haga lo mismo (Lucas 3, 11).
  • Prudente: Discierne en la medida de lo posible y sin prejuicios quien y cómo la necesita, procurando que no haga mal, pero sin que ello sea motivo de negarla a quien la pide. Por tanto, mientras tengamos oportunidad, hagamos el bien a todos, pero especialmente a nuestros hermanos en la fe (Gálatas 6, 10).
  • Pronta: Como dice el dicho, no dejes para mañana lo que puedes hacer hoy. A quien te pida da, y al que desee que le prestes algo no le vuelvas la espalda (Mateo 5, 42).
  • Libre: La limosna nace del corazón de forma libre y se hace con alegría, no como una obligación. Nadie puede servir a dos señores; porque aborrecerá a uno y amará al otro; o bien se entregará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al dinero (Mateo 6, 24).
  • Secreta: La limosna debe hacerse en secreto. Tu, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha (Mateo 6, 3). Nadie tiene por qué saber cuanto, como, donde, o a quien, sino sólo Dios.
  • Desinteresada: Debe hacerse por amor al prójimo, de todo lo que nos sobra, e incluso de parte de lo que creemos que necesitamos para vivir. Dad más bien en limosna lo que tenéis y entonces todo será puro para vosotros (Lucas 11, 41). Y por supuesto, no debemos esperar nada a cambio de la persona o institución que lo recibe.

Recuerda una cosa fundamental: el principal motivo de la limosna no es ayudar al otro, sino ayudarte a ti mismo, por eso da tu pan al hambriento y de tus vestidos al desnudo. Haz limosna de todo cuanto te sobra; y no tenga rencillas tu ojo cuando hagas limosna (Tobias 4, 16). Pues muchas veces poseemos muchas cosas que no son necesarias para vivir y gastamos mucho en caprichos y tonterías, mientras nuestros hermanos pasan verdadera necesidad. De esta forma, la limosna hecha de forma seria nos ayuda amar al prójimo, dándonos la oportunidad de ponernos en su lugar. Y sobre todo nos ayuda a ser libres con el dinero que tantos problemas y discusiones genera en nuestra vida diaria. Por supuesto, cuando des limosna no esperes recibir nada a cambio de la otra persona, porque entonces ya no es limosna sino un préstamo, aunque lo que pidas a cambio sean solo las gracias. Y si prestáis a aquellos de quienes esperáis recibir ¿qué mérito tenéis? También los pecadores prestan a los pecadores para recibir lo correspondiente. (Lucas 6, 34). Tu da con generosidad según tus posibilidades, y “olvida” enseguida lo que has dado y a quien se lo has dado.

¿Dejas a Cristo hambriento?
El dueño y artífice del universo dice: “Tuve hambre y no me disteis de comer.” ¿Qué corazón, así fuera de piedra, no se conmoverá con esa palabra? Tu Señor anda por ahí muerto de hambre y tú te entregas a la gula. Y no es esto sólo lo terrible, sino que, entregándote tú a la gula, a Él lo desprecias tranquilamente. […] Él anda por ahí aterido de frío, y tú te vistes de seda y no le vuelves la vista, ni le muestras compasión, sino que pasas despiadadamente de largo. ¿Qué perdón puede merecer semejante conducta? […] Ello, antes bien, pesará más gravemente sobre ti, dado que tu habitas en casas de tres pisos y Él carece aun del abrigo necesario; tu te hechas sobre blandos lechos y Él no tiene ni donde reclinar su cabeza. […] “Mas algo he dado”, me dices. Pues no hay que dejar nunca de hacerlo. Sólo tendrás excusa cuando nada tengas, cuando no poseas un óbolo. Mientras tengas, aunque hayas dado a miles, mientras haya otros que pasan hambre, no hay excusa posible. […] Pues no tratemos nosotros tampoco de adornar nuestras casas, sino, antes que la casa, nuestra alma. ¿No es vergonzoso recubrir sin razón ni motivo las paredes de mármoles y dejar que Cristo ande por las calles desnudo? (San Juan Crisóstomo).

Glosario
Dinero: Trozos de papel con dibujos y chapas de metal con grabados por los que la gente se pelea, ejerce violencia, rompe familias, y declara guerras. También es un medio con el que se pueden realizar obras buenas para los demás.

Bienes: Objetos que poseemos de forma legitima. Para los Cristianos muchas veces representan de forma más concreta a aquellos objetos a los que hemos apegado el corazón, y que generan en nuestra vida discusiones y peleas.

Práctica
Hemos de entender muy bien que nos dice Jesucristo sobre el dinero, que no es poca cosa, y cual es la forma correcta de emplearlo. Para ello, como estamos acostumbrados, vamos a hacer la Lectio Divina de las Escrituras donde veremos como se nos invita a tratar el dinero. Además, os dejo con una reflexión de cinco minutos muy esclarecedora que conviene escuchar.







Reflexión sobre el dinero

Reflexión sobre el dinero

Pues bien, a la luz de estas lecturas queda bastante claro que es lo que hay que hacer para dejar la carga de la preocupación por las riquezas: limosna. Para ello, proponemos en primer lugar hacer un signo serio de desprendimiento, como una petición a Dios con nuestras obras de que realmente queremos abandonar esta carga que tanto daño y estrés nos acarrea en nuestra vida. ¿Cómo? Cogiendo un bien tuyo, algo que puedas vender de forma legitima, vendiéndolo, viendo lo poco que vale, y finalmente dándole el dinero a los pobres. Y si lo haces con más de una cosa, mejor. También es importante no olvidarnos nunca de la limosna, por lo que una buena medida sería darla todos los meses o cuando recibimos algún ingreso (a la Iglesia, para ayudar a su mantenimiento; o a los pobres, a través de Cáritas, etc). Cada uno debe valorar que es lo que puede dar según su capacidad, aunque una cantidad orientativa sería el 10% de los ingresos, que antiguamente era conocido como diezmo. Pero cada cual dé según el dictamen de su corazón, no de mala gana ni forzado pues: Dios ama al que da con alegría (2 Corintios 9, 7).


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