3.4 Renuncia al ma­ligno

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Han ve­ni­do al mun­do mu­chos se­duc­to­res ne­gan­do que Jesucristo haya ve­ni­do en car­ne mor­tal. Ese es el Seductor y el Anticristo.
- 2 Juan 1, 7

La men­ti­ra del ma­ligno Cuando se aban­do­na a Dios lo úni­co que nos que­da es un te­rri­ble va­cío, del que el ma­ligno nos ha per­sua­di­do que po­de­mos lle­nar sa­tis­fa­cien­do li­bre­men­te nues­tros pro­pios ins­tin­tos y pa­sio­nes. Efectivamente, la im­pos­tu­ra re­li­gio­sa su­pre­ma es la del Anticristo, es de­cir, la de un seu­do-me­sia­nis­mo en que el hom­bre se glo­ri­fi­ca a sí mis­mo co­lo­cán­do­se en el lu­gar de Dios y de su Mesías ve­ni­do en la car­ne (Catecismo 675). Y cuan­do el hom­bre toma el lu­gar de Dios lo pri­me­ro que hace es in­ten­tar eli­mi­nar la ver­dad del bien y el mal: del bien y del pe­ca­do. El pe­ca­do, lo sa­be­mos, pesa y la idea de li­brar­se de él una vez por to­das se ha con­ver­ti­do, hoy más que nun­ca, en un ver­da­de­ro fre­ne­sí. En el si­glo pa­sa­do el Anticristo nos con­ven­ció de que “Dios ha muer­to” para des­pués eli­mi­nar a mi­llo­nes de se­res hu­ma­nos (a tra­vés de las ideo­lo­gías ins­pi­ra­das en esta con­vic­ción). Hoy nos ha en­ro­la­do en una nue­va ideo­lo­gía con el fin de anu­lar la na­tu­ra­le­za mis­ma del hom­bre. En su plan cam­bia los mé­to­dos, pero el fin es siem­pre el mis­mo: de­mos­trar a Dios que su cria­tu­ra pre­di­lec­ta es el ser más idio­ta de la crea­ción (Agostino Nobile)[85].

El ma­ligno está ac­tuan­do Pero el an­ti­cris­to ya está aquí, pues la ve­ni­da del Impío es­ta­rá se­ña­la­da por el in­flu­jo de Satanás, con toda cla­se de mi­la­gros, sig­nos, pro­di­gios en­ga­ño­sos, y todo tipo de mal­da­des que se­du­ci­rán a los que se han de con­de­nar por no ha­ber acep­ta­do el amor de la ver­dad que les hu­bie­ra sal­va­do (2 Tesalonicenses 2, 9-10). ¿Y no he­mos vis­to las atro­ci­da­des más gran­des que la hu­ma­ni­dad ja­más ha co­me­ti­do en las gue­rras mun­dia­les? ¿No ve­mos mal­da­des y atro­ci­da­des que se ha­cen en la per­se­cu­ción con­tra los cris­tia­nos de Oriente? ¿No ve­mos mal­da­des en nues­tra so­cie­dad oc­ci­den­tal don­de sólo en España, des­de el año 2000, han muer­to más de 2.000.000 ni­ños “gracias” al abor­to. Y no du­des que el ma­ligno tam­bién ac­túa en tu vida, su­gi­rién­do­te y min­tién­do­te con co­sas como: Dios no te ama, no va­les nada, no tie­nes re­me­dio, eres el me­jor, los de­más son ba­su­ra, Dios no exis­te, no seas raro y haz lo que ha­cen to­dos, te es­tán to­man­do el pelo, así no vas a nin­gún lado, im­pón tu pun­to de vis­ta, la cul­pa la tie­ne el otro, a ti na­die te pue­de de­cir nada, tú tie­nes de­re­cho a eso o esto otro y un lar­guí­si­mo et­cé­te­ra. Todo co­sas que, al fi­nal, te lle­van a bus­car­te a ti mis­mo y a vi­vir re­co­rrien­do el ca­mino de la muer­te cuyo des­tino es la de­ses­pe­ra­ción, el su­fri­mien­to va­cío y sin sen­ti­do, la muer­te on­to­ló­gi­ca y, en los ca­sos más ex­tre­mos, el sui­ci­dio.

Renuncia al ma­ligno Durante el bau­tis­mo el can­di­da­to re­nun­cia ex­plí­ci­ta­men­te a Satanás. Así pre­pa­ra­do, pue­de con­fe­sar la fe de la Iglesia, a la cual será “confiado” por el Bautismo (Catecismo 1237). Sin em­bar­go, la ma­yo­ria de no­so­tros he­mos sido bau­ti­za­dos de ni­ños, y esta re­nun­cia fue he­cha por nues­tros pa­dres y pa­dri­nos en nues­tro lu­gar. Por eso, la Iglesia ce­le­bra cada año en la vi­gi­lia pas­cual* la re­no­va­ción de las pro­me­sas del Bautismo (Catecismo 1254) don­de, de nue­vo, se re­nun­cia ex­plí­ci­ta­men­te al ma­ligno di­cien­do:

  • Sacerdote: ¿Renunciáis al pe­ca­do para vi­vir en la li­ber­tad de los hi­jos de Dios?
  • Todos: Sí, re­nun­cio.
  • Sacerdote: ¿Renunciáis a to­das las se­duc­cio­nes del mal, para que no do­mi­ne en vo­so­tros el pe­ca­do?
  • Todos: Sí, re­nun­cio.
  • Sacerdote: ¿Renunciáis a Satanás, pa­dre y prín­ci­pe del pe­ca­do?
  • Todos: Sí, re­nun­cio.
    (Misal Romano)[29]

Pues bien, si que­re­mos ca­mi­nar por el ca­mino de la Vida, esta re­nun­cia al ma­ligno y a sus en­ga­ños que rea­li­za­mos en la Vigilia Pascual debe lle­var­se a nues­tra vida dia­ria. Y esta es una de las car­gas más pe­sa­das que lle­va­mos, por­que el pe­ca­do al que nos in­ci­ta el ma­ligno des­tru­ye al hom­bre: nos des­tru­ye a tí y a mí. Por eso, al igual que la ora­ción “Shemá Israel” debe es­tar siem­pre gra­ba­da en nues­tro co­ra­zón como afir­ma­ción de Dios y del ca­mino de la Vida, esta re­nun­cia al ma­ligno debe es­tar­lo como ne­ga­ción a las se­duc­cio­nes del ma­ligno y al ca­mino de la muer­te que nos pro­po­ne.

Práctica Renunciar a los ído­los es re­nun­ciar tam­bién al ma­ligno, pues to­dos los ído­los (incluidos el di­ne­ro y la de­pen­den­cia afec­ti­va) son se­duc­cio­nes y en­ga­ños del ma­ligno. Así pues, si he­mos he­cho los sig­nos se­rios de des­pren­di­mien­to ya he­mos re­nun­cia­do en gran par­te con nues­tras obras al ma­ligno. ¡No de­je­mos de ha­cer­lo nun­ca! Sin em­bar­go, con­vie­ne tam­bién re­nun­ciar ex­plí­ci­ta­men­te a él en el con­tex­to de la Vigilia Pascual que la Iglesia Católica ce­le­bra to­dos los años. Por eso, va­mos a rea­li­zar la re­nun­cia al ma­ligno en la pró­xi­ma Vigilia Pascual, acor­dán­do­nos to­dos los días de ha­cer­la pre­sen­te en nues­tra vida dia­ria.

Renuncia al ma­ligno en la Vigilia Pascual

Existen una se­rie de ar­mas de la luz que per­mi­ten lu­char con­tra el ma­ligno y sus se­duc­cio­nes de for­ma efec­ti­va, y que ve­re­mos un poco más ade­lan­te. Sin em­bar­go, por aho­ra, va­mos a em­plear una ora­ción muy bre­ve, pero muy po­de­ro­sa, con­tra el ma­ligno. La de­be­re­mos me­mo­ri­zar y em­plear con­ti­nua­men­te, para que cuan­do re­ci­ba­mos una ten­ta­ción del ma­ligno po­da­mos re­cha­zar­la fá­cil­men­te. No es nada di­fi­cul­to­so este ejer­ci­cio, por­que se pue­de en­tre­la­zar en to­dos nues­tros ne­go­cios y ocu­pa­cio­nes, sin que por eso se es­tor­ben (San Francisco de Sales)[98]. Recuerda que el pe­ca­do em­pie­za ten­tan­do nues­tros pen­sa­mien­tos y de­seos, por lo que el com­ba­te con­tra el ma­ligno debe em­pe­zar igual­men­te ahí.

Rezar esta ora­ción en todo mo­men­to:
¡Señor Jesús, Hijo de David, ten com­pa­sión de mí, que soy pe­ca­dor! ¡Hazme jus­ti­cia con­tra mi ad­ver­sa­rio! (Lucas 18, 38.13b.3b).

Glosario

… pas­cual*
Vigilia Pascual La Vigilia Pascual es una ce­le­bra­ción li­túr­gi­ca que con­me­mo­ra la Resurrección de Jesucristo, y que tie­ne lu­gar en la ma­dru­ga­da del Domingo de Resurrección. Es la ce­le­bra­ción más im­por­tan­te del año para la la Iglesia Católica, que ce­le­bra una li­tur­gia muy es­pe­cial con la má­xi­ma so­lem­ni­dad.