1.2 – Los dos caminos

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¡Aspirad a los carismas superiores! Y aun os voy a mostrar un camino más excelente (Corintios 12, 31).

Existen dos caminos
Hay dos caminos, el de la vida y el de la muerte, y grande es la diferencia que hay entre estos dos caminos (Didajé 1, 1). El camino de la vida es el camino de Dios, en apariencia angosto y estrecho, difícil de transitar y por el que no va mucha gente. El camino de la muerte es ancho y espacioso, fácil de transitar y lleno de gente. Lo fácil es optar por el camino de la muerte, pero lo realmente bueno es elegir el camino de la vida. Porque el destino del camino de la vida es la Vida Eterna y la plenitud del amor de Dios, mientras que el destino del camino de la muerte es… la muerte. Pero entonces… ¿Por qué se elige el camino de la muerte?

El camino de la Vida
El camino de la vida es la Caridad, pues aunque tenga el don de profecía, y conozca todos los misterios y toda la ciencia; aunque tenga plenitud de fe como para trasladar montañas, si no tengo caridad, nada soy. Aunque reparta todos mis bienes a los pobres, y entregue mi cuerpo a las llamas, si no tengo caridad, nada me aprovecha (1 Corintios 12, 2). ¿Y qué es la Caridad? La Caridad es el amor de verdad, aquel que puede amar incluso al enemigo. Es el amor que nos ha mostrado Jesucristo en la Cruz, que no se resistió a la injusticia, sino que nos amó hasta entregar voluntariamente su vida por nosotros.

El camino de la vida es amar a Dios y amar a todos los hombres, y hacerlo en todo momento, empezando por los más cercanos a ti y acabando por tus enemigos. Es dejarse robar, matar, difamar, etc, y devolver a todo eso sólo amor. Así de sencillo de decir pero de imposible llevar a la práctica, hasta que gracias a Jesucristo se ha hecho posible. Él ha abierto el camino de la vida y lo ha señalado claramente con su vida: Le dice Jesús: Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí (Juan 14, 6). Jesús y su forma de vivir es el camino de la vida, el único camino verdadero: vivir siempre por amor al otro. Pero eso significa negarse a uno mismo, y precisamente por eso poca gente lo toma.

El camino de la muerte
¿Y cuál es el camino de la muerte? El camino de la muerte es el contrario a la Caridad: vivir siempre por amor a ti mismo y para complacer tus apetencias. ¿Quieres cobrar más? Pisa a otro trabajador. ¿Alguien te cae mal? Difámalo. ¿No ganas bastante? No declares el IVA. ¿Me gusta esta chica o chico? Acuéstate con él. Y así es como vive gran parte de nuestra sociedad: para si mismos. Pero ahora bien, las obras de la carne son conocidas: fornicación, impureza, libertinaje, idolatría, hechicería, odios, discordia, celos, iras, ambición, divisiones, disensiones, rivalidades, borracheras, comilonas y cosas semejantes, sobre las cuales os prevengo, como ya os previne, que quienes hacen tales cosas no heredarán el Reino de Dios (Gálatas 5, 19-21).

El problema de todo esto es que su fruto es la muerte ontológica, y en los peores casos incluso la física. Y esto es lo que se conoce como pecado. Pues el pecado no es algo bueno que esté prohibido, sino que es algo que realmente nos destruye y cuyas consecuencias son nefastas para nosotros. El pecado es una falta contra la razón, la verdad, la conciencia recta; es faltar al amor verdadero para con Dios y para con el prójimo (Catecismo 1849). Además el pecado se levanta contra el amor que Dios nos tiene y aparta de Él nuestros corazones (Catecismo 1850). Porque el pecado en el fondo significa decir a Dios “no quiero tu amor y lo que tú me das, quiero esto otro”, erigiéndonos así dioses de nuestra propia vida. Por eso, uno de los primeros frutos del pecado es el rechazo a Dios. Pero además, una vez hemos usurpado el lugar de Dios… ¿Quién es el otro para contradecirme? De esta forma el pecado se cobra cada vez más y más víctimas, dando lugar al sufrimiento que hoy vemos en muchos noticieros.

¿Qué eliges tú?
La pregunta importante es: ¿A dónde quieres llegar tú? ¿A la Vida o a la muerte? Porque yo personalmente quiero llegar a la Vida y me imagino que tú también. La invitación por parte de Dios es clara: entrad por la entrada estrecha; porque ancha es la entrada y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que entran por ella; mas ¡qué estrecha la entrada y qué angosto el camino que lleva a la Vida!; y pocos son los que lo encuentran (Mateo 7, 13-14). Es cierto que el pecado parece al principio más apetecible, como les pareció a Adán y Eva; pero su fruto es la muerte. Así pues, no vendas tu herencia a la Vida Eterna por un gusto momentáneo y vacío. Vive en la Caridad, siguiendo el camino de la vida. No abandones ni desesperes si caes, pues todo camino tiene sus piedras: tu levántate y vuelve a caminar por el camino de la vida. Este camino certificará en tu corazón que… ¡Dios te ama! Y te dará una vida que nadie te podrá quitar y que no se te acabará.

Glosario
Caridad: La caridad es la virtud teologal por la cual amamos a Dios sobre todas las cosas por Él mismo y a nuestro prójimo como a nosotros mismos por amor de Dios (Catecismo 1822). En términos Bíblicos la Caridad es el amor supremo, el amor de Dios. Un amor que en principio es inalcanzable para nosotros, pero que gracias a Dios podemos ahora vivir.

Pecado: El pecado es algo atrayente y apetecible, que a primera vista puede incluso parecer bueno, pero que al final nos provoca la muerte ontológica y un gran sufrimiento. El pecado destruye al hombre dañándolo en lo más profundo de su ser. Además daña a la conciencia, rompe las relaciones, ofende al amor y a Dios, y genera más pecado. Por eso se dice: Huye del pecado como de la serpiente, porque, si te acercas, te morderá. Dientes de león son sus dientes, que quitan la vida a los hombres (Eclesiástico 21, 2).

Práctica
Es importante pararse a pensar y hacer una reflexión sobre cómo estamos llevando nuestra vida. Por eso, a la luz de estos dos caminos te invito a que respondas a estas preguntas con sinceridad y tomando en peso tu forma de vivir el día a día. Piensa en cuál de los dos caminos estás viviendo, si en el de la vida viviendo para Dios y los demás, o en el de la muerte viviendo para ti mismo. Reflexiona además sobre si te conviene seguir en ese camino.

  1. ¿Busco mi éxito en el trabajo, los estudios, etc, sin reparar en los demás?
  2. ¿Me defiendo cuando alguien me ataca e intento imponer mi voluntad?
  3. ¿Cedo en las discusiones familiares o laborales, o tengo siempre la razón?
  4. ¿He tenido discusiones y peleas por dinero? ¿Ayudo a los pobres?
  5. ¿Pido perdón y reconozco mis errores? ¿Perdono los errores de los demás?
  6. ¿Ignoro cuando otros obran o hablan mal de terceros por quedar bien?
  7. ¿Vivo para mí en el camino de la muerte, o para los demás en el de la vida?

¿Cómo ha ido? Espero que esta reflexión te haya mostrado que muchas veces vivimos para nosotros mismos, y que estamos lejos de actuar como Cristo nos enseñó. Reconocerlo es el primer paso para cambiarlo… ¡Ánimo! Y no te preocupes si elegir el camino de la Vida te parece algo imposible, pues no se trata de poder sino de querer. El poder ya te lo dará Dios si tú quieres, que para algo es el Todopoderoso.

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