2. Historia de Salvación

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Yahvé, tu eres mi Dios, yo te en­sal­zo, ala­bo tu nom­bre, por­que has he­cho ma­ra­vi­llas y pla­nes muy de an­te­mano, que no fa­llan.
- Isaías 25, 1

Dios ac­túa en la his­to­ria La his­to­ria del pue­blo de Israel es una his­to­ria don­de Dios mues­tra su amor de for­ma con­cre­ta y tan­gi­ble a una na­ción, pero tam­bién es una his­to­ria lle­na de di­fi­cul­ta­des por cul­pa de la re­bel­día del pue­blo. Ahora bien: Todo esto les acon­te­cía en fi­gu­ra, y fue es­cri­to para avi­so de los que he­mos lle­ga­do a la ple­ni­tud de los tiem­pos (1 Corintios 10, 11). ¿Qué sig­ni­fi­ca esto? ¡Pues que la his­to­ria del pue­blo de Israel es la tuya y la mía! Conocerla es co­no­cer tu pro­pia vida, y esto es fun­da­men­tal para ver la ac­ción de Dios en ella. Efectivamente, pue­de pa­sar­nos que como a los dis­cí­pu­los de Emaús (Lucas 24, 13-35) es­te­mos ca­mi­nan­do con Dios pero no lo re­co­noz­ca­mos. Por eso, es fun­da­men­tal que, como hi­cie­ron esos dis­cí­pu­los gra­cias a Jesús, co­noz­ca­mos las Escrituras.

Los ca­mi­nos de Dios Dios tie­ne una pe­da­go­gía si­mi­lar en al­gu­nos as­pec­tos a la que tie­ne un buen pa­dre, pues Dios se ha re­ve­la­do al hom­bre co­mu­ni­cán­do­le gra­dual­men­te su pro­pio Misterio me­dian­te obras y pa­la­bras (Catecismo 69). Así pues, Dios se te da a co­no­cer poco a poco, ac­tuan­do como un pa­dre en tu vida: amo­nes­tán­do­te, guián­do­te, ha­cien­do que te co­noz­cas pro­fun­da­men­te, con­so­lán­do­te y ani­mán­do­te. Y todo esto lo hace, en­tre otras for­mas, a tra­vés de su Palabra. Las Escrituras mis­mas se lo ex­pli­can muy bien al pue­blo de Israel, tras su lar­go paso por el de­sier­to, di­cien­do:

Acuérdate de todo el ca­mino que Yahvé tu Dios te ha he­cho re­co­rrer du­ran­te es­tos cua­ren­ta años en el de­sier­to para hu­mi­llar­te, para pro­bar­te y para co­no­cer lo que ha­bía en tu co­ra­zón: si ibas a guar­dar sus man­da­mien­tos o no. Te hu­mi­lló y te hizo pa­sar ham­bre, y des­pués te ali­men­tó con el maná que ni tú co­no­cías ni ha­bían co­no­ci­do tus pa­dres, para ha­cer­te sa­ber que no sólo de pan vive el hom­bre, sino que el hom­bre vive de todo lo que sale de la boca de Yahvé. No se gas­tó el ves­ti­do que lle­va­bas ni se hin­cha­ron tus pies a lo lar­go de esos cua­ren­ta años. Así te da­rás cuen­ta, en tu co­ra­zón, de que Yahvé tu Dios te co­rri­ge igual que un hom­bre co­rri­ge a su hijo (Deuteronomio 8, 2-5).

Al fi­nal, el tes­ti­mo­nio de San Pablo coin­ci­de con el de to­dos los cris­tia­nos: Por lo de­más, sa­be­mos que en to­das las co­sas in­ter­vie­ne Dios para el bien de los que le aman; de aque­llos que han sido lla­ma­dos se­gún su de­sig­nio (Romanos 8, 28). Por eso con­fia­mos en Dios aun en los mo­men­tos en los que no com­pren­de­mos el sen­ti­do de los acon­te­ci­mien­tos de nues­tra vida, pues sa­be­mos que es cier­to lo que Dios mis­mo dice so­bre su Palabra: Así será mi pa­la­bra, la que sal­ga de mi boca, que no tor­na­rá a mi de va­cío, sin que haya rea­li­za­do lo que me plu­go y haya cum­pli­do aque­llo a que la en­vié (Isaías 55, 11). Y como ga­ran­tía de esto Dios ya ha ven­ci­do a la muer­te, el des­tino inevi­ta­ble de tu vida, y te ha dado la es­pe­ran­za de la vida eter­na gra­cias a Cristo Jesús nues­tro Señor. Él mis­mo ha en­tra­do en la muer­te para mos­trar­te que no tie­nes nada que te­mer y para amar­te has­ta el ex­tre­mo, dán­do­te lo más gran­de que al­guien te pue­de dar: a sí mis­mo. ¡Dios te ama cier­ta­men­te! Confía en Él, pues cier­ta­men­te sus ca­mi­nos son los me­jo­res para tu Salvación.

Práctica El Catecismo de la Iglesia Católica es tam­bién una fuen­te fia­ble de sa­bi­du­ría y da las guías de in­ter­pre­ta­ción de las Escrituras. Así pues, an­tes de em­pe­zar a aden­trar­nos en las Escrituras va­mos a leer lo que dice el Catecismo so­bre la his­to­ria de Salvación, en la que Dios vie­ne al en­cuen­tro del hom­bre. A nues­tro en­cuen­tro.

Leer ”Dios al en­cuen­tro del hom­bre” en el Catecismo

Además, co­men­tar que siem­pre que ten­gas du­das so­bre cual­quier pun­to con­cre­to de la Fe ca­tó­li­ca al pri­mer si­tio al que de­bes acu­dir es al Catecismo de la Iglesia Católica, que fue re­dac­ta­do con el ob­je­ti­vo de re­co­pi­lar los pun­tos más im­por­tan­tes de las en­se­ñan­zas de la Iglesia.