2.11 – María

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Y dijo María: Alaba mi alma la grandeza del Señor (Lucas 1, 46).

María, madre de Cristo
María fue concebida inmaculada, es decir, sin pecado original. Esto le permitió no dudar cuando el ángel le anunció que iba a ser madre por obra del Espíritu Santo. Dijo María: He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra. Y el ángel, dejándola, se fue (Lucas 1, 38). ¡Que enorme ejemplo de humildad y confianza! Y como resultado, la virgen María dio a luz a Jesús, nuestro Dios, convirtiéndose en la madre de Dios. Pero esto, aunque le supuso una enorme alegría, también añadió mucho sufrimiento a su vida: posiblemente mucha gente la creería adultera, como José al principio, y la pena del adulterio era la muerte. Sin embargo, María confió en Dios, y este no la abandonó. Pese a todo, la máxima expresión de este sufrimiento fue ver a su propio hijo morir acusado injustamente en la cruz. Ese dolor fue enorme, como atestiguan las Escrituras diciendo: ¡y a ti misma una espada te atravesará el alma! – a fin de que queden descubierto las intenciones de muchos corazones (Lucas 2, 35). María estuvo presente en toda la vida de su hijo y en el principio de la Iglesia, hasta que fue asunta al cielo.

María es la nueva Eva: una mujer nueva. Eva cedió al engaño del demonio, María dijo “hágase” a la voluntad de Dios. Eva quiso ser como Dios, María dijo “he aquí la esclava del Señor”. Eva acusó a otro cuando se vio sorprendida en pecado, María intercedió para el bien del otro en las bodas de Caná (Juan 2, 1-12). Eva sufrió por su propia culpa, mientras que María sufrió inocente al pie de la cruz. María fue humilde, sabiendo que todo es gracia de Dios, y por eso canta alegremente: porque ha puesto los ojos en la pequeñez de su esclava, por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada (Lucas 1, 48). ¡De María hay muchísimo que aprender!

María en la Iglesia
Durante toda la historia de la Iglesia María ha sido objeto de devoción por su virtud y por sus diversas apariciones, revelaciones, y milagros. De esta forma se la conoce por cientos de advocaciones como la Virgen del Pilar, nuestra Señora de Lourdes, Madre de la Misericordia, nuestra Señora de Fátima, nuestra Señora de los Pobres, Virgen de las Lágrimas, y muchas otras. Este tipo de sucesos son estudiados por varias comisiones eclesiales a la luz de la ciencia y la fe para verificar su validez, y si todo está en orden son oficialmente aprobadas. De esta forma, las repercusiones históricas y personales de algunas de estas apariciones han sido tan fuertes que aún hoy en día siguen llevando a muchas personas a la Fe. Es por eso que los Católicos decimos de María que es nuestra madre, pues… ¡Ella misma nos socorre!

Así pues, aprendamos hoy de María la humildad, la docilidad a la voluntad de Dios, la alegría, la serenidad en el sufrimiento, la Caridad, la práctica de la oración, y la importancia de guardar en el corazón las cosas de Dios. Acojámonos hoy a María como nuestra madre e intercesora ante Dios, y demos gracias a Dios por este don tan grande que nos ha regalado: su madre. Pues Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su madre: Mujer, ahí tienes a tu hijo. Luego le dice al discípulo: Ahí tienes a tu madre. Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa (Juan 19, 26-27). ¡Tu eres ese discípulo amado de Dios!

Glosario
Aparición de la Virgen: Las apariciones de la Virgen son revelaciones privadas que esta ha hecho a diversas personas a lo largo de los siglos, algunas de las cuales han sido reconocidas por la autoridad de la Iglesia. Estas, sin embargo, no pertenecen al depósito de la fe. Su función no es la de “mejorar” o “completar” la Revelación definitiva de Cristo, sino la de ayudar a vivirla más plenamente en una cierta época de la historia. Guiado por el Magisterio de la Iglesia, el sentir de los fieles (sensus fidelium) sabe discernir y acoger lo que en estas revelaciones constituye una llamada auténtica de Cristo o de sus santos a la Iglesia (Catecismo 67).

Indulgencia: La indulgencia es la remisión ante Dios de la pena temporal por los pecados, ya perdonados en lo referente a la culpa que gana el fiel, convenientemente preparado, en ciertas y determinadas condiciones, con la ayuda de la Iglesia, que, como administradora de la redención, dispensa y aplica con plena autoridad el tesoro de los méritos de Cristo y de los santos (Indulgentiarum Doctrina).

Práctica
De entre todas las apariciones de la Virgen, las de Fátima han sido una de las más importantes de la historia reciente de la Iglesia. Todo empezó cuando tres niños pastores y analfabetos llamados Lucía, Francisco, y Jacinta vieron por primera vez a la Virgen María el 13 de mayo de 1917 en la Cova da Iria. Todo lo que necesitas saber sobre la Virgen de Fátima está a tu disposición gracias a la Santa Sede, y conviene leerlo porque supone un mensaje precioso y muy actual sobre nuestras vidas y la importancia que tiene elegir el camino de la Vida.

Mensajes de la Virgen de Fátima

Mensajes de la Virgen de Fátima

Además, conviene presentar el Santo Rosario, que es una oración que se ha ido forjando a lo largo de los siglos en el seno de la Iglesia Católica, y es una bendición para todos los que lo rezan constantemente. El Rosario es una fuente de bendiciones entre las que destacan el perdón, el consuelo, la protección de la Virgen María, la paz en la tentación, el aumento de las virtudes, la instrucción en Cristo, y la intercesión por las almas del purgatorio.

Básicamente, se empieza con el Signo de la Cruz y el Credo Apostólico, y se reza un Padre Nuestro, tres Ave María, y el Gloria. A partir de ahí se meditan cinco Misterios, acompañando cada uno con un Padre Nuestro, diez Ave María, el Gloria, y una Jaculatoria que dice así: María, Madre de gracia, Madre de misericordia, defiéndenos de nuestros enemigos y ampáranos ahora y en la hora de nuestra muerte, Amen. Oh Jesús, perdónanos nuestros pecados, sálvanos del fuego del infierno y guía todas las almas al Cielo, especialmente aquellas que necesitan más de tu misericordia (Jaculatoria del Rosario). Los misterios cambian según el día de la semana: los lunes y sábado son los gozosos, los martes y viernes los dolorosos, los miércoles y domingos los gloriosos, y el jueves los luminosos. Por último, se suele terminar la oración con las letanías de la Virgen y la Salve Reina. A continuación se facilita un documento con todos los misterios y las lecturas que se meditan en ellos.

Misterios del Santo Rosario

Misterios del Santo Rosario

Además, como indicó el Papa Pablo VI en su Constitución Apostólica Indulgentiarum Doctrina, puedes obtener una indulgencia plenaria con el Santo Rosario. Los requisitos son: rechazar todo tipo de pecado, confesarte Sacramentalmente (con un margen de una semana antes o después del resto de cosas), participar y comulgar de la Eucaristía, rezar por las intenciones del Papa, y rezar el Santo Rosario en una Iglesia o en Familia. ¿Maravilloso, no creéis? Por eso, os invito a realizarlo todo.





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