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4.7 Los diez Mandamientos

Porque este precepto que yo te mando hoy no excede tus fuerzas, ni es inalcanzable.
- Deuteronomio 30, 11

Los diez mandamientos Dios regala los diez mandamientos a su pueblo Israel tras ser rescatados de Egipto y ser constituidos como su pueblo. Así pues, los diez mandamientos constituyen la ley de Dios para el bien de su pueblo. Una ley que hemos heredado nosotros, los cristianos, que también somos el pueblo de Dios. Pero esto es algo que entendemos mal, en primer lugar, porque la idea de ley que tenemos nosotros no es la misma que tenía el pueblo de Israel. En primer lugar porque nosotros entendemos la ley como una carga, pero ellos ven en la ley de Dios las guías para ser feliz dadas por Dios, que ha creado y conoce cómo “funciona” el hombre. De hecho, son llamadas las diez Palabras de Vida. En segundo lugar, porque para nosotros la ley es algo impuesto por el capricho de unos pocos que debemos cumplir so pena de multa y castigo. En cambio, la ley de Dios es dada por amor para que tú puedas ser feliz, ya que Él ha hecho una Alianza contigo: Me pasearé en medio de vosotros y seré vuestro Dios, y vosotros seréis mi pueblo (Levítico 26, 12). Efectivamente, los mandamientos propiamente dichos vienen en segundo lugar. [...] La existencia moral es respuesta a la iniciativa amorosa del Señor. Es reconocimiento, homenaje a Dios y culto de acción de gracias. Es cooperación con el designio que Dios se propone en la historia (Catecismo 2062). Así pues, la ley de Dios son palabras de vida dadas por amor, y su objetivo es el bien de quien las pone en práctica. El decálogo es éste:

  1. No tendrás otros dioses frente a mí.
  2. No pronunciarás el nombre del Señor, tu Dios, en falso.
  3. Recuerda el día del sábado para santificarlo.
  4. Honra a tu padre y a tu madre.
  5. No matarás.
  6. No cometerás adulterio.
  7. No robarás.
  8. No darás falso testimonio contra tu prójimo.
  9. No codiciarás la mujer de tu prójimo.
  10. Ni nada que sea de tu prójimo.
    (Éxodo 20)

No tendrás otros dioses frente a mí Este mandamiento o palabra de vida es el más importante, y en otros lugares de las escrituras se irá completando y perfilando cada vez más. Esto ocurre por ejemplo en la oración del Shemá, otra forma mediante la cual conocemos el mandamiento: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente (Mateo 22, 37b). Este mandamiento ordena la vida del hombre, poniendo en primer lugar lo que es primero: Dios. De otra forma se cae en la idolatría, cuyas nefastas consecuencias se pueden ver de forma evidente en la explotación laboral o en la trata de personas donde el dinero es considerado dios y puesto sobre el verdadero Dios y su mandato de amor al prójimo. Así pues, el primer mandamiento llama al hombre para que crea en Dios, espere en Él y lo ame sobre todas las cosas (Catecismo 2134). Pecados contra este mandamiento son: idolatría, superstición, ateísmo, sectarismo, sacrilegio, apostasía, presunción de salvación, creer que Dios no puede salvarte, acedía*, simonía*, no rezar nunca, hablar mal de Dios, blasfemia, callar o no confesar los pecados graves, etc. Por ser pecados que atentan directamente contra Dios, que es el bien supremo, suelen ser graves.

No pronunciarás el nombre del Señor, tu Dios, en falso Entre todas las palabras de la Revelación hay una, singular, que es la revelación de su Nombre. Dios confía su Nombre a los que creen en Él; se revela a ellos en su misterio personal. El don del Nombre pertenece al orden de la confidencia y la intimidad. “El nombre del Señor es santo”. Por eso el hombre no puede usar mal de él. Lo debe guardar en la memoria en un silencio de adoración amorosa. No lo empleará en sus propias palabras, sino para bendecirlo, alabarlo y glorificarlo (Catecismo 2143). Así pues, pecados contra este mandamiento son la blasfemia, la ira contra Dios, culpar a Dios del mal, maldecirlo, jurar en falso, mentir en confesión, no cumplir los votos* prometidos a Dios, promocionar películas y exposiciones blasfemas, o no poner nombres cristianos a tus hijos, entre otros. Esto último es muy importante, ya que en el Bautismo, la Iglesia da un nombre al cristiano. Los padres, los padrinos y el párroco deben procurar que se dé un nombre cristiano al que es bautizado. El patrocinio de un santo ofrece un modelo de caridad y asegura su intercesión (2165). Como estos pecados también atentan contra Dios, suelen ser graves.

Recuerda el día del sábado para santificarlo Este es el día que hizo el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo (Salmo 118, 24). Efectivamente, el sábado es la fiesta de la creación donde se celebra que Dios nos ha creado por puro amor y nos lo ha regalado... ¡Todo! Pero para los cristianos hay una fiesta más grande aún... ¡La nueva creación eterna que logró Cristo al vencer la muerte! El sábado, que representaba la coronación de la primera creación, es sustituido por el domingo que recuerda la nueva creación, inaugurada por la resurrección de Cristo (Catecismo 2190). El domingo y algunas otras fiestas establecidas por la Iglesia que hacen memorial de acontecimientos importantes son días para celebrar el amor de Dios, descansando de los trabajos cotidianos. ¡El domingo es un día para disfrutar de todo lo que Dios nos ha regalado! Y entre otras cosas eso se hace acudiendo sin falta a la Santa Misa.

Así pues, durante el domingo y las otras fiestas de precepto, los fieles se abstendrán de entregarse a trabajos o actividades que impidan el culto debido a Dios, la alegría propia del día del Señor, la práctica de las obras de misericordia, el descanso necesario del espíritu y del cuerpo. Las necesidades familiares o una gran utilidad social constituyen excusas legítimas respecto al precepto del descanso dominical. Los fieles deben cuidar de que legítimas excusas no introduzcan hábitos perjudiciales a la religión, a la vida de familia y a la salud (Catecismo 2185). Pecar contra este mandamiento consiste en realizar en ese día lo siguiente: faltar a la Eucaristía, no atender y comportarse en la Eucaristía, trabajar sin verdadera necesidad, comprar y vender cosas sin verdadera necesidad, lucrarse, hacer tareas pesadas sin necesidad, etc. Y sí, faltar a la Eucaristía sin una excusa real y seria es un pecado grave. En cualquier caso recuerda... ¡El domingo es un día dedicado a Dios, a la familia, a la caridad y al descanso!

Honra a tu padre y a tu madre La familia cristiana es una obra hermosísima que Dios ha hecho, aunque en muchas ocasiones nosotros la destruyamos. Dado que ya hemos tratado anteriormente cómo vive (o debe vivir) una familia cristiana, ahora vamos a ver por encima la actitud que deben tener los hijos con sus padres. Así pues, mientras vive en el domicilio de sus padres, el hijo debe obedecer a todo lo que éstos dispongan para su bien o el de la familia. “Hijos, obedeced en todo a vuestros padres, porque esto es grato a Dios en el Señor”. Los niños deben obedecer también las prescripciones razonables de sus educadores y de todos aquellos a quienes sus padres los han confiado. Pero si el niño está persuadido en conciencia de que es moralmente malo obedecer esa orden, no debe seguirla (Catecismo 2217).

Cuando se hacen mayores, los hijos deben seguir respetando a sus padres. Deben prevenir sus deseos, solicitar dócilmente sus consejos y aceptar sus amonestaciones justificadas. La obediencia a los padres cesa con la emancipación de los hijos, pero no el respeto que les es debido, el cual permanece para siempre (Catecismo 2217). Los pecados contra este mandamiento son todos los que destruyan a la familia. En relación a los padres: desobedecerlos pertinazmente, faltarles al respeto, abandonarlos en un asilo a su suerte, odiarlos, olvidarse de ellos. En relación a los hermanos: los pleitos, odios, riñas y discusiones por herencias u otros motivos. En cuanto a los padres con los hijos: aborto, anticoncepción, darles nombres páganos, no darles a su tiempo los sacramentos, darles ejemplos inmorales, no atender a sus necesidades, no educarlos en la fe, etc. La gravedad depende de contra quién se realice la obra mala, el daño que se cause y la intención del acto.

No matarás Este mandamiento es bastante claro... ¿No? Sin embargo, hay muchas formas de matar que no contemplamos al pensar en este mandamiento. Recuerda que toda vida humana, desde el momento de la concepción hasta la muerte, es sagrada, pues la persona humana ha sido amada por sí misma a imagen y semejanza del Dios vivo y santo (Catecismo 2319). Así pues, tampoco está permitido el aborto, la píldora del día después (que es abortiva), el suicidio (tu vida también es sagrada y tú no eres su dueño), la eutanasia, la fecundación in-vitro (cuyo proceso aborta diversos embriones), el consumo de drogas o alcohol (que acaba siempre mal), el comercio de armas y drogas, el secuestro de personas, la conducción temeraria u otras temeridades que ponen en serio riesgo tu vida. Si, también el típico botellón de los sábados por la noche. Todo esto son pecados graves, pues dañan muchísimo a la persona y destruyen completamente la caridad.

Pero aún es necesario ir un paso más allá, pues habéis oído que se dijo a los antiguos: “No matarás”, y el que mate será reo de juicio. Pero yo os digo: todo el que se deja llevar de la cólera contra su hermano será procesado (Mt 5, 21-22a). Por eso, respeta al prójimo y trátalo como te gustaría ser tratado. Y en su muerte natural, dale cristiana sepultura, pues los cuerpos de los difuntos deben ser tratados con respeto y caridad en la fe y la esperanza de la resurrección (Catecismo 2300). Y por último, por supuesto... ¡El alma inmortal es más importante que la vida terrena! Por eso, si incitas al suicidio al alma de otro con el escándalo grave o induciéndolo a pecar, has hecho algo terrible que debes reparar sin dilación. Cuida también los malos pensamientos, pues para Dios es casi igual de grave querer y desear hacer algo malo voluntariamente que hacerlo tú mismo con tus propias manos.

No cometerás adulterio ni codiciarás la mujer de tu prójimo El amor es la vocación a la que Dios nos llama a todos, aunque a cada una expresada de diferente forma. Por eso, todo aquello que va en contra del amor también va, al final, en contra de uno mismo. Y aunque el adulterio es la expresión máxima de este rechazo al amor, Jesús va a la raíz del problema diciendo: Habéis oído que se dijo: “No cometerás adulterio”. Pero yo os digo: todo el que mira a una mujer deseándola, ya ha cometido adulterio con ella en su corazón (Mateo 5, 27-28). El amor es, entre otras cosas, una decisión continuada en el tiempo de buscar el bien de otra persona entregándole tu vida. Y esa decisión se rompe completamente cuando consientes en mirar a otra mujer deseándola. Pero no sólo en ese caso, también se rompe en muchos otros casos como, por ejemplo, cuando uno se ama y se entrega a sí mismo con la masturbación.

Así pues... ¿Qué hacer entonces ante las pasiones y deseos? Emplear la virtud de la castidad, de la que hemos hablado anteriormente. Además, la castidad implica un aprendizaje del dominio de sí, que es una pedagogía de la libertad humana. La alternativa es clara: o el hombre controla sus pasiones y obtiene la paz, o se deja dominar por ellas y se hace desgraciado (Catecismo 2339). De hecho, la masturbación y la pornografía pueden degenerar facilmente en verdaderas adicciones, de las que nos puede resultar imposible salir por nuestra cuenta. En tal caso, con la firme voluntad de querer dejarlo, conviene acudir sin vergüenza a un especialista católico que nos dará herramientas útiles para tratar de resolver el problema.

Pecados contra estos dos mandamientos son acostarse con alguien sin estar casado por la Iglesia, acostarte con quien no es tu cónyuge, usar métodos anticonceptivos, masturbarse solo o mutuamente, consentir pensamientos y deseos impuros, incitar o provocar la sexualidad fuera del matrimonio, violar a alguien, realizar o contratar maternidad subrogada, divorciarse, provocarse deseo o placer en el noviazgo, vestir inmodestamente, mutilar tus genitales, fantasear con la sexualidad, ver películas eróticas con escenas de sexo, ver pornografía, enviar o recibir fotos de desnudos, ver a strippers, bailar bailes inmodestos y provocativos, decir obscenidades para provocar el deseo, etc. Recuerda, además, que consentir y complacerse en pensamientos y deseos impuros es tan casi grave como hacer esas cosas en la realidad. Y no nos referimos a sentir contra nuestra voluntad, que no es pecado, sino a consentir con la voluntad. Además, todos los pecados contra la castidad son graves, pues según la tradición cristiana y la doctrina de la Iglesia, y como también lo reconoce la recta razón, el orden moral de la sexualidad comporta para la vida humana valores tan elevados, que toda violación directa de este orden es objetivamente grave (Doctrina de la Fe)[32]. Por supuesto, dentro de esta gravedad, algunos pecados destacan por ser extremadamente graves.

No robarás y no codiciarás nada que sea de tu prójimo Dios nos ha dado la tierra para que todos los hombres disfruten de ella. ¡Pues los ama! Así pues, los bienes de la creación están destinados a todo el género humano. Sin embargo, la tierra está repartida entre los hombres para dar seguridad a su vida, expuesta a la penuria y amenazada por la violencia. La apropiación de bienes es legítima para garantizar la libertad y la dignidad de las personas, para ayudar a cada uno a atender sus necesidades fundamentales y las necesidades de los que están a su cargo (Catecismo 2402). Por ello, la envidia y codicia de los bienes ajenos, y el robo de los mismos es un pecado tan grave como daño cause al otro. Comúnmente, se considera ya grave el robo puntual de una cantidad superior a un salario diario de la víctima. Por supuesto, no hay robo si el consentimiento puede ser presumido o si el rechazo es contrario a la razón y al destino universal de los bienes. Es el caso de la necesidad urgente y evidente en que el único medio de remediar las necesidades inmediatas y esenciales (alimento, vivienda, vestido, etc) es disponer y usar de los bienes ajenos (Catecismo 2408). Además, estamos obligados a restituir todo lo que hemos robado a su legítimo dueño, así como pagar todo lo que deberíamos haber pagado y no lo hicimos.

Es importante destacar que no hay que confundir aquello que realmente es necesario para vivir con aquello que sólo queremos para vivir cómodos. Por ejemplo, va contra este mandamiento piratear películas, por muy cara que sea la entrada del cine, ya que no las necesitas para vivir. Por último, no robar implicar también dar limosna de tus bienes a los necesitados, pues no hacer participar a los pobres de los propios bienes es robarles y quitarles la vida; [...] lo que poseemos no son bienes nuestros, sino los suyos (San Juan Crisóstomo)[72] que Dios les da a través de ti: un simple administrador de los bienes de Dios, pues suya es toda la tierra. Pecados contra estos mandamientos son el robo, defraudar a hacienda, no pagar impuestos, acumular bienes ignorando al necesitado, envidiar bienes ajenos, no ayudar a pobres y necesitados, no apoyar a la Iglesia, robar, defraudar, destruir la propiedad ajena, vandalizar, jugar excesivamente, desperdiciar los bienes, falsificar cosas, sobornar, extorsionar, chantajear, engañar, piratear películas y juegos, etc. Mencionar que, en caso de malgastar los bienes por un problema de ludopatía, que es una adicción muy extendida en la actualidad con maquinas tragaperras y con las aplicaciones y juegos del móvil, conviene acudir sin vergüenza a un especialista católico que nos ayudará a resolver el problema.

No darás falso testimonio contra tu prójimo Con este mandamiento o palabra de vida, Dios nos invita a ser veraces y cuidar nuestros labios, pues todos sabemos que con la palabra se puede hacer incluso más daño que con las manos. Dios, que nos ama, quiere que nos amemos también entre nosotros... ¡Y no se puede amar a quien ni siquiera respetas! Así pues, el respeto de la reputación y del honor de las personas prohíbe toda actitud y toda palabra de maledicencia o de calumnia (Catecismo 2507), al igual que engañarlos con adulaciones o mentiras para obtener algo de ellos. ¡La verdad siempre por delante! Por otro lado, no siempre se debe revelar la verdad, sobre todo si eso va a provocar un daño grave a otra persona. En tales caso conviene simplemente permanecer en silencio. Por eso, aunque la sociedad tiene derecho a una información fundada en la verdad, la libertad, la justicia, es preciso imponerse moderación y disciplina en el uso de los medios de comunicación social (Catecismo 2512). Pecados contra este mandamiento son: la mentira, el falso testimonio, la exageración y manipulación, la difamación (aunque sea de cosas ciertas), la simulación, la calumnia, el chisme, la crítica destructiva, divulgar confidencias, el juicio temerario, la adulación, faltar a un juramento, guardar silencio en un juicio provocando una condena injusta, la vanagloria, divulgar la vida privada de otro sin permiso, pensar muy mal de otro sin pruebas, etc. La gravedad de estos pecados depende del daño que se ha provocado o se quiera provocar al honor del otro, pues querer es suficiente para pecar.

Práctica Es fundamental darse cuenta que el regalo de Dios con los diez mandamientos es una sencilla guía para caminar por el camino de la vida, que nos lleve un día a poder amar y ser amados. Efectivamente, todos estos mandamientos o palabras de vida se pueden resumir en la oración del Shemá, que dice así: Escucha Israel: El Señor es nuestro Dios, el Señor es uno solo. Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas. Y a tu prójimo como a ti mismo. Haz esto y tendrás la vida (Deuteronomio 6, 4-5; Mateo 22, 37.39; Lucas 10, 27-28). Quizás, tras esta exposición de los diez mandamientos has visto que cometes algún pecado... ¡No te preocupes! ¡Dios te ama y no te lo tiene en cuenta! Acude al Sacerdote y confiesa tus pecados, cumpliendo la penitencia que te imponga, para que de esta forma puedas levantarte limpio a los ojos de Dios, el único Juez verdadero. La confesión debe hacerse de todos los pecados mortales cometidos desde la última confesión bien hecha, en su “especie moral ínfima”, número y sin omisión.

  • Todos los pecados mortales. Es decir, de todo aquello que pese a que creíamos en ese momento que era gravemente malo, lo hicimos igualmente con pleno uso de nuestra libertad. La advertencia de la gravedad debe preceder o acompañar al acto gravemente malo que se hace consciente y libremente (no en sueños o medio dormido, por ejemplo).
  • Especie moral ínfima. Es decir, el pecado mortal concreto (ej. he pecado masturbándome viendo pornografía) y no su categoría genérica (ej. he pecado de lujuria), sin entrar en detalles irrelevantes o excusas.
  • Número. Es decir, la cantidad de veces o frecuencia aproximada que tengamos en conciencia, sin exagerar o reducir el número.
  • Sin omisión. Es decir, sin ocultar a propósito por malicia o vergüenza algún pecado mortal.

Si no se realiza conforme indica la Iglesia Católica la confesión es inválida, e incluso, si se sabe y se quiere hacer mal, sacrílega. Por otro lado, se puede y es bueno también confesar el resto de pecados que nos pesen en la conciencia. Y no te preocupes, el Sacerdote tiene obligación bajo pena de excomunión muy grave y pecado mortal de guardar silencio de todo lo que digas. Aunque recomendamos siempre buscar para la confesión un Sacerdote con un modo de vida santo, para que pueda ayudarte de la mejor forma. Recuerda finalmente que, si es posible y no va a hacer daño, todo lo robado o no pagado injustamente debe ser restituido a su dueño: dinero, algún objeto, la fama, etc.

Repasar el Examen de Conciencia con los diez mandamientos
Querer y hasta desear abandonar todos los pecados
Confesarse con un Sacerdote y cumplir la Penitencia
Pedir a Dios la gracia para vivir los diez mandamientos
Procurar no transgredir los mandamientos voluntariamente

Finalmente, después de revivir en la confesión, continúa el combate de la Fe. Y no olvides que Dios hace posible por su gracia lo que manda (Catecismo 2082), aunque en algunos casos debas pedir ayuda y alejarte de lo que te pone en riesgo de caer. Ten en cuenta que todas estas cosas que prohiben los diez mandamientos son cosas que te hacen mucho daño, por lo que no hacerlas te beneficia. Recuerda que... ¡Dios te ama y sólo quiere tu bien!

Comentarios

Lino Cárdenas(30-03-2022)
Para mí ha sido maravilloso el texto y la explicación de los 10 mandamientos, porque de esa manera abre mi conciencia y me doy cuenta de todos mis pecados con facilidad, una explicación muy clara y fácil de entender. Gracias por tomarse el tiempo y darnos estas explicaciones.
Nos alegramos que le haya dado algo de luz. Es un tema complicado, importante de nuestra Fe, aunque no lo más importante (eso queda reservado a Cristo y la Pascua). Dios le bendiga. La paz.
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Notas y aclaraciones

... acedía*
Acedía Los Padres espirituales entienden por ella una forma de aspereza o de desabrimiento debidos a la pereza, al relajamiento de la ascesis, al descuido de la vigilancia, a la negligencia del corazón (Catecismo 2733).
... simonía*
Simonía La simonía (cf Hch 8, 9-24) se define como la compra o venta de cosas espirituales [...] Es imposible apropiarse de los bienes espirituales y de comportarse respecto a ellos como un poseedor o un dueño, pues tienen su fuente en Dios. Sólo es posible recibirlos gratuitamente de Él (Catecismo 2121).
... votos*
Voto El voto, es decir, la promesa deliberada y libre hecha a Dios de un bien posible y mejor, debe cumplirse por la virtud de la religión (Canon 1191). El voto puede ser público, como el de entrar a una orden consagrada, al Sacerdocio o al Matrimonio; o privado, hecho sin testigos ante Dios, con o sin palabras. El párroco puede dispensar el cumplimiento de un voto privado por causas justas.