4.7 – Los Sacramentos

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Toda la gente procuraba tocarle, porque salía de él una fuerza que sanaba a todos (Lucas 6, 19).

Bautismo
El Sacramento del Bautismo es la puerta al camino de la Vida, que lleva hasta Dios mismo y su amor, y que todas las personas pueden cruzar libremente. Por el Bautismo somos liberados del pecado y regenerados como hijos de Dios, llegamos a ser miembros de Cristo y somos incorporados a la Iglesia y hechos partícipes de su misión (Catecismo 1213). El Bautismo es un Sacramento que nos ha regalado Dios al precio de la sangre de su Hijo. Efectivamente, considera dónde eres bautizado, de dónde viene el Bautismo: de la cruz de Cristo, de la muerte de Cristo. Ahí está todo el misterio: Él padeció por ti. En él eres rescatado, en él eres salvado (San Ambrosio). Recordar además que en el Bautismo, la Iglesia da un nombre al cristiano. Los padres, los padrinos y el párroco deben procurar que se dé un nombre cristiano al que es bautizado. El patrocinio de un santo ofrece un modelo de caridad y asegura su intercesión (Catecismo 2165)

Por otro lado, por su naturaleza misma, el Bautismo de niños exige un catecumenado postbautismal. No se trata sólo de la necesidad de una instrucción posterior al Bautismo, sino del desarrollo necesario de la gracia bautismal en el crecimiento de la persona (Catecismo 1231). Así pues, el Bautismo es la puerta que nos abre la posibilidad de recorrer el camino de la Vida, pero efectivamente, es necesario después una formación continua para recorrerlo adecuadamente. El Bautismo engendra también en ti un hombre nuevo a imagen de Cristo, capaz de amar por encima de la muerte. Sin embargo, inicialmente este hombre nuevo es como un bebé, que si no se desarrolla es incapaz de dar los frutos de la Fe que son propios del Cristiano adulto.

Confirmación
Ya desde el principio, los Apóstoles, en cumplimiento de la voluntad de Cristo, comunicaban a los neófitos, mediante la imposición de las manos, el don del Espíritu Santo, destinado a completar la gracia del Bautismo (Catecismo 1288). En este sacramento, uno confirma personalmente la Fe recibida en el Bautismo, y que en muchas ocasiones aceptaron nuestros padres en nuestro nombre. De esta forma recibimos de forma plena la unción como Cristianos y el don del Espíritu Santo. Confirmarse es fundamental, por lo que si no lo estás debes hablar con el Sacerdote para recibir este Sacramento lo antes posible, si así lo deseas. Si ya lo has recibido recuerda, pues, que has recibido el signo espiritual, el Espíritu de sabiduría e inteligencia, el Espíritu de consejo y de fortaleza, el Espíritu de conocimiento y de piedad, el Espíritu de temor santo, y guarda lo que has recibido. Dios Padre te ha marcado con su signo, Cristo Señor te ha confirmado y ha puesto en tu corazón la prenda del Espíritu (San Ambrosio). ¡Ya no puedes vivir como antes!

Eucaristía
La Eucaristía es “fuente y culmen de toda la vida cristiana” (LG 11). “Los demás sacramentos, como también todos los ministerios eclesiales y las obras de apostolado, están unidos a la Eucaristía y a ella se ordenan. La sagrada Eucaristía, en efecto, contiene todo el bien espiritual de la Iglesia, es decir, Cristo mismo, nuestra Pascua” (PO 5) (Catecismo 1324). La Eucaristía es el alimento que mantiene vivos a los Cristianos, que nos concede la gracia de vivir según la voluntad de Dios, y que nos concede la vida eterna ya en esta vida, como dice Jesús: El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida (Juan 6, 54-55). ¡En la Eucaristía Cristo se entrega a ti por amor! Por eso… ¡No faltes ni un sólo domingo ni fiesta de precepto! ¡Dios te espera en la celebración más importante de tu vida cristiana y personal!

La sabiduría de la Iglesia ha hecho de la Eucaristía una verdadera fiesta Cristiana. En ella, en primer lugar se proclama la Palabra de Dios, que es una palabra viva y eficaz capaz de cambiar tu corazón y hacer frente al maligno en tu vida. Después, nos unimos en una oración común al Padre. A continuación empieza el gran misterio de la comunión, con las ofrendas y la consagración de las mismas: el pan y el vino. Este es el pan bajado del cielo; no como el que vuestros padres comieron, y murieron; el que coma de este pan vivirá para siempre (Juan 6, 58). ¡Es Cristo mismo que se ofrece a ti por amor! Y en este momento, en el que contamos con la presencia real de Cristo entre nosotros, hacemos también memorial de su muerte y resurrección. El memorial no es solamente el recuerdo de los acontecimientos del pasado, sino la proclamación de las maravillas que Dios ha realizado en tu favor y en el de todos los hombres, que se hacen en ese momento presentes y actuales. Cristo dejó a Su Iglesia un sacrificio visible en cual se representase aquel sacrificio cruento que había de realizar una vez en la cruz, se conservase su memoria hasta el fin de los siglos y se nos aplicase su virtud salvadora para remisión de los pecados que cometemos a diario (Concilio de Trento).

Y todo este gran regalo, que es Dios mismo que se entrega a ti por amor, es vivido en una comunión de hermanos en la Fe, que es la Iglesia misma. Y esto es tan importante que Jesús dirá: Si, pues, al presentar tu ofrenda en el altar te acuerdas entonces de que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí, delante del altar, y vete primero a reconciliarte con tu hermano; luego vuelves y presentas tu ofrenda (Mateo 5, 23-24). Y así lo confirma la Iglesia recordando siempre que no se puede comulgar estando en pecado mortal. Por eso, la mayoría de confesionarios están abiertos antes de las celebraciones para poder recibir el Sacramento de la Reconciliación. ¡No tengas miedo en acudir a esta fuente de misericordia! Por último, es importante destacar que todos tenemos parte activa en la celebración, cada uno a su manera: los lectores, los que presentan las ofrendas, los que dan la comunión, y el pueblo entero en diversas ocasiones y mediante los cantos de alabanza a Dios. ¡La Eucaristía es la fiesta Cristiana que celebra el amor de Dios!

Reconciliación
Los que se acercan al sacramento de la penitencia obtienen de la misericordia de Dios el perdón de los pecados cometidos contra El y, al mismo tiempo, se reconcilian con la Iglesia, a la que ofendieron con sus pecados. Ella les mueve a conversión con su amor, su ejemplo y sus oraciones (Catecismo 1422). Dios tiene misericordia de nosotros… ¿Cómo no estar alegres? Si Dios nos perdona y nos consuela… ¿Cómo no darle gracias? Pues los montes, desde sus cimientos, serán sacudidos con las aguas; las rocas en tu presencia se fundirán como cera; pero con aquellos que te temen, te muestras tú siempre propicio (Judit 16, 15). Por eso, reconociéndonos seriamente pecadores y culpables, conviene acercarse a menudo a este Sacramento, como se ha explicado de forma más extensa previamente.

La penitencia interior del cristiano puede tener expresiones muy variadas. La Escritura y los Padres insisten sobre todo en tres formas: el ayuno, la oración, la limosna (cf. Tb 12,8;Mt 6,1-18), que expresan la conversión con relación a sí mismo, con relación a Dios y con relación a los demás (Catecismo 1434). El proceso de la conversión y de la penitencia fue descrito maravillosamente por Jesús en la parábola llamada “del hijo pródigo”, cuyo centro es “el padre misericordioso” (Lc 15, 11-24): la fascinación de una libertad ilusoria, el abandono de la casa paterna; la miseria extrema en que el hijo se encuentra tras haber dilapidado su fortuna; la humillación profunda de verse obligado a apacentar cerdos, y peor aún, la de desear alimentarse de las algarrobas que comían los cerdos; la reflexión sobre los bienes perdidos; el arrepentimiento y la decisión de declararse culpable ante su padre, el camino del retorno; la acogida generosa del padre; la alegría del padre: todos estos son rasgos propios del proceso de conversión (Catecismo 1439) porque, al final, la historia de Salvación que encontramos en las Escrituras es también la historia de Salvación de tu vida. Así que ya sabes, si caes… ¡Levántate en la confesión!

Unción de Enfermos
Con la sagrada unción de los enfermos y con la oración de los presbíteros, toda la Iglesia entera encomienda a los enfermos al Señor sufriente y glorificado para que los alivie y los salve (Catecismo 1499). La enfermedad y el sufrimiento se han contado siempre entre los problemas más graves que aquejan la vida humana. En la enfermedad, el hombre experimenta su impotencia, sus límites y su finitud. Toda enfermedad puede hacernos entrever la muerte (Catecismo 1500). Gracias a este sacramento, los enfermos nos unimos a la pasión de Cristo, contribuyendo al bien de la Iglesia y preparándonos para los novísimos. Sin embargo, la gracia primera de este sacramento es un gracia de consuelo, de paz y de ánimo para vencer las dificultades propias del estado de enfermedad grave o de la fragilidad de la vejez. Esta gracia es un don del Espíritu Santo que renueva la confianza y la fe en Dios y fortalece contra las tentaciones del maligno, especialmente tentación de desaliento y de angustia ante la muerte (Catecismo 1520). Por eso, si conoces a un enfermo terminal, lo mejor que puedes hacer por él es invitarle a recibir este sacramento y facilitárselo al máximo para que pueda entrar al cielo en paz, pues el viático aumenta la gracia santificante; perdona los pecados veniales y aun los mortales, si el enfermo está arrepentido y no ha podido confesarse; le da fuerzas para resistir las tentaciones y soportar los sufrimientos de la enfermedad; y le concede la salud del cuerpo si le conviene (Catecismo de Segundo Grado).

Orden Sacerdotal
El Orden es el sacramento gracias al cual la misión confiada por Cristo a sus Apóstoles sigue siendo ejercida en la Iglesia hasta el fin de los tiempos: es, pues, el sacramento del ministerio apostólico (Catecismo 1536). En realidad, Cristo ha hecho de la Iglesia un reino de Sacerdotes, por lo que gracias a Él todos somos Sacerdotes y ejercemos nuestro sacerdocio participando en la misión de Cristo, cada uno según los dones recibidos. Sin embargo, el Sacramento del Orden permite a ciertas personas ejercer el sacerdocio ministerial, por el cual el otro sacerdocio es posible. El sacerdocio ministerial implica entregar la vida entera a Dios, y lo forman los presbíteros y obispos tras recibir una llamada vocacional de parte de Dios. Debes saber que cuando Dios te llama es porque tiene algo realmente maravilloso para ti: una historia que te va a hacer realmente feliz, como atestiguan muchos sacerdotes y consagrados Católicos. Por eso, el Papa decía: ¡No tengáis miedo! (San Juan Pablo II), pues que Dios os llame es lo mejor que os puede pasar en vuestra vida. Si Dios te llama al orden Sacerdotal… ¡Regálale tu vida y Él te hará feliz!

Matrimonio
El sacramento del Matrimonio significa la unión de Cristo con la Iglesia. Da a los esposos la gracia de amarse con el amor con que Cristo amó a su Iglesia; la gracia del sacramento perfecciona así el amor humano de los esposos, reafirma su unidad indisoluble y los santifica en el camino de la vida eterna (Catecismo 1661). Así pues, el matrimonio Cristiano es cosa de tres: el hombre, la mujer, y Dios. Por eso, se fundamenta en el amor del cual Dios es fuente inagotable, se mantiene en fidelidad de manera que ya no son dos, sino una sola carne. Pues bien, lo que Dios unió no lo separe el hombre (Mateo 19, 6). Y se abre a la fecundidad, sabiendo que el plan de Dios es mejor que los que tu te puedas hacer. Por eso, las familias Cristianas son invitadas a abrirse a la vida de forma responsable y generosa, como una gracia fruto del amor que viven. Y Dios, que es fiel, las mantiene y las bendice. Pues la herencia de Yahvé son los hijos, su recompensa el fruto del vientre (Salmo 127, 3). El Sacramento del matrimonio es algo muy serio que veremos con más detalle más adelante.

Glosario
Novisimos: Los novísimos se estudian en una rama de la teología Católica, y tratan de lo que sucede al final de nuestra vida: muerte, juicio, cielo, purgatorio, e infierno. Se habla poco de estos temas, pero son asuntos que nos incumben a todos y que conviene tener presentes. A toda esta realidad también se la conoce con el nombre de Escatología.

Práctica
Los Sacramentos han sido, de cierta manera, instituidos desde el principio, y pruebas de ello las tenemos en las Escrituras donde, aún sin recibir ese nombre, ya se impartían. Conocer los orígenes de los Sacramentos nos puede ayudar a comprender su esencia, y por ello es importante hacer la Lectio Divina de algunos de los pasajes donde aparecen, como los que indicamos a continuación.







Por otro lado, dependiendo de tu estado de vida es posible que no tengas algunos de los Sacramentos que quizás debieras. En general, el Bautismo y la Confirmación deberías tenerlos antes de los 18 años, a la Eucaristía debes acudir todos los domingos y fiestas de precepto, al Sacramento de Reconciliación una vez al mes, si estás en peligro de muerte o en edad avanzada es recomendable la unción de enfermos, y si te has casado, por supuesto, el matrimonio. Examina tu vida y ponte al día con ellos, pues son fuerzas vivificantes que te abren el camino de la Vida que lleva a la Santidad, y que alejan de ti al maligno.

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