4.11 Persecución y Martirio

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Bienaventurados se­réis cuan­do os in­ju­rien y os per­si­gan y di­gan con men­ti­ra toda cla­se de mal con­tra vo­so­tros por mi cau­sa.
- Mateo 5, 11

Persecución La per­se­cu­ción de los cris­tia­nos es, por des­gra­cia, bas­tan­te co­mún en todo el mun­do. En al­gu­nos paí­ses del “primer mun­do” a tra­vés de di­fa­ma­cio­nes, ma­ni­fes­ta­cio­nes, ata­ques pe­rio­dís­ti­cos, van­da­lis­mo, etc. En otros paí­ses, la re­pre­sión está di­rec­ta­men­te im­pues­ta por el pro­pio go­bierno o por la ma­yo­ría de la so­cie­dad. Y todo eso sin men­cio­nar los ata­ques te­rro­ris­tas que su­ce­den en mu­chos lu­ga­res del mun­do con­tra los cris­tia­nos, y que de­jan mi­les de már­ti­res cada año. Pero ya Jesús nos avi­só: Os he di­cho es­tas co­sas para que ten­gáis paz en mí. En el mun­do ten­dréis tri­bu­la­ción. Pero ¡ánimo!: yo he ven­ci­do al mun­do (Juan 16, 33). Efectivamente, Dios nos acom­pa­ña; ilu­mi­nan­do los ojos de vues­tro co­ra­zón para que co­noz­cáis cuál es la es­pe­ran­za a que ha­béis sido lla­ma­dos por él; cuál la ri­que­za de la glo­ria otor­ga­da por él en he­ren­cia a los san­tos (Efesios 1, 18). Recordemos siem­pre que, pese a nues­tra de­bi­li­dad, po­de­mos no re­sis­tir­nos al mal, por­que Dios es nues­tra fuer­za, como ates­ti­gua San Pablo: Todo lo pue­do con Aquel que me da fuer­zas (Filipenses 4, 13).

Efectivamente, los cris­tia­nos te­ne­mos anun­cia­da la per­se­cu­ción. No la bue­na vida, que todo te irá bien, o que con Dios todo será de co­lor de rosa en esta vida. No. La per­se­cu­ción y el su­fri­mien­to. Y nos lo dijo el mis­mo Jesucristo en quien cree­mos: Acordaos de la pa­la­bra que os he di­cho: El sier­vo no es más que su se­ñor. Si a mí me han per­se­gui­do, tam­bién os per­se­gui­rán a vo­so­tros; si han guar­da­do mi pa­la­bra, tam­bién la vues­tra guar­da­rán (Juan 15, 20). Por eso, hijo, si te acer­cas a ser­vir al Señor, pre­pa­ra tu alma para la prue­ba (Eclesiástico 2, 1). Esto pue­de pa­re­cer ate­rra­dor, pero nada más le­jos de la reali­dad, por­que tam­bién se nos ha anun­cia­do otra cosa: Y he aquí que yo es­toy con vo­so­tros to­dos los días has­ta el fin del mun­do (Mateo 28, 20b). O lo que es lo mis­mo, Dios nos acom­pa­ña y au­xi­lia en la tri­bu­la­ción de for­ma que no ha­béis su­fri­do ten­ta­ción su­pe­rior a la me­di­da hu­ma­na. Y fiel es Dios que no per­mi­ti­rá seáis ten­ta­dos so­bre vues­tras fuer­zas. Antes bien, con la ten­ta­ción, os dará modo de po­der­la re­sis­tir con éxi­to (1 Corintios 10, 13). Porque nada he­mos de te­mer en este mun­do si es­ta­mos de par­te del Todopoderoso, de for­ma que en el si­guien­te mun­do ob­ten­dre­mos por su gra­cia la vida eter­na.

Así pues, los cris­tia­nos vi­ven apre­ta­dos en todo, mas no aplas­ta­dos; apu­ra­dos, mas no de­ses­pe­ra­dos; per­se­gui­dos, mas no aban­do­na­dos; de­rri­ba­dos, mas no ani­qui­la­dos (2 Corintios 4, 8-9). Efectivamente, la per­se­cu­ción anun­cia­da por Cristo, en al­gu­na de sus for­mas, está ya pre­sen­te en nues­tra so­cie­dad y en nues­tro día a día, pero en todo esto sa­li­mos más que ven­ce­do­res gra­cias a aquel que nos amó (Romanos 8, 37). Y el desen­la­ce de esta per­se­cu­ción es la vida eter­na, en es­pe­cial, para to­dos los que han sido fie­les en el com­ba­te de la Fe y siem­pre que han caí­do se han le­van­ta­do. Porque en me­dio de una gran tor­men­ta, como las que po­de­mos te­ner en me­dio de nues­tra vida, don­de el agua de la muer­te, em­bra­ve­ci­da, ame­na­za con hun­dir­nos, y don­de no­so­tros nos ate­rra­mos; apa­re­ce Jesús y dice “Ven”. Y Pedro, es­cu­chan­do y mi­ran­do a Cristo, ca­mi­nó so­bre las aguas. Caminó so­bre la muer­te. Sobre el pro­ble­ma que lo ate­rra­ba has­ta ese mo­men­to. Porque cre­yó fir­me­men­te en lo que Jesús le dijo: tie­ne Fe. Pero en­ton­ces su­ce­de algo: Pedro vuel­ve a no­tar la fuer­za del vien­to y las olas, deja de mi­rar a Cristo y se ve a sí mis­mo en me­dio de un mar em­bra­ve­ci­do, en una si­tua­ción de­ses­pe­ran­te, y le en­tra mie­do y se hun­de. Al pun­to Jesús, ten­dien­do la mano, la aga­rró y le dijo: «Hombre de poca fe ¿por qué du­das­te?» (Mateo 14, 31). En re­su­men, ante una mis­ma si­tua­ción de di­fi­cul­tad, o ven­ce el mie­do en no­so­tros y es­ta­mos tris­tes, o ven­ce­mos al mie­do con la Fe y la con­fian­za en Dios, y es­ta­mos ale­gres.

Martirio El pri­mer mar­ti­rio por anun­ciar a Jesucristo es el mar­ti­rio de Esteban (Hechos 7), pero in­clu­so an­tes de este te­ne­mos mu­chos otros mar­ti­ri­za­dos por ser fie­les a Dios. Ejemplos de ello son Juan el Bautista (Mateo 14, 1-12), Eleazar (2 Macabeos 6, 18-31) o los sie­te her­ma­nos (2 Macabeos 7), en­tre mu­chos otros. Lo mis­mo ocu­rre a lo lar­go de la his­to­ria de la Iglesia, con már­ti­res como Santa Eulalia, Santas Perpetua y Felicidad o San Cipriano. Los már­ti­res cris­tia­nos se cuen­tan por mi­llo­nes. Sí, mi­llo­nes. Pero… ¿Por qué lle­gar a este ex­tre­mo? Bienaventurados se­réis cuan­do os in­ju­rien y os per­si­gan y di­gan con men­ti­ra toda cla­se de mal con­tra vo­so­tros por mi cau­sa. Alegraos y re­go­ci­jaos, por­que vues­tra re­com­pen­sa será gran­de en los cie­los; pues de la mis­ma ma­ne­ra per­si­guie­ron a los pro­fe­tas an­te­rio­res a vo­so­tros (Mateo 5, 11-12). Por eso, los cris­tia­nos no tie­nen mie­do a la per­se­cu­ción: sa­ben que la van a te­ner.

Los tes­ti­mo­nios de los már­ti­res son tes­ti­mo­nios real­men­te ate­rra­do­res, pero a la vez lle­nos de la luz del Evangelio y del amor de Dios por to­dos los hom­bres, in­de­pen­dien­te­men­te de su con­di­ción. Son per­so­nas que han vis­to cum­pli­das las pa­la­bras de San Pablo: Por lo de­más, her­ma­nos, ale­graos; sed per­fec­tos; ani­maos; te­ned un mis­mo sen­tir; vi­vid en paz, y el Dios del amor y de la paz es­ta­rá con vo­so­tros. Saludaos mu­tu­men­te con el beso san­to. Todos los san­tos os sa­lu­dan. La gra­cia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la co­mu­nión del Espíritu Santo sean con to­dos vo­so­tros (2 Corintios 13, 11-13). Ellos han vis­to que esto es ver­dad, han co­no­ci­do el amor de Dios… ¡Dios les ha ama­do! Y su res­pues­ta a este amor ha sido amar, in­clu­so a cos­ta de su pro­pia vida, man­te­nién­do­se siem­pre fie­les a Dios y a su Voluntad.

Práctica Hoy en día tam­bién hay mu­chí­si­mos már­ti­res cris­tia­nos, ase­si­na­dos por su Fe y por vi­vir el Evangelio. De he­cho, en la ac­tua­li­dad, en di­ver­sos paí­ses de Oriente Medio, los cris­tia­nos es­tán sien­do per­se­gui­dos y, en mu­chas oca­sio­nes, vio­la­dos, tor­tu­ra­dos y ase­si­na­dos. Concretamente, en Irak y Siria, los cris­tia­nos han sido obli­ga­dos al éxo­do, a pa­gar un im­pues­to inase­qui­ble de pro­tec­ción, a con­ver­tir­se al is­lam o a mo­rir. Pero aun­que pa­guen el im­pues­to no es­tán se­gu­ros, pues se han mos­tra­do mu­chí­si­mas imá­ge­nes de atro­ci­da­des co­me­ti­das con­tra ellos. Y ha­brá mu­chas otras que no se mues­tran, pero que au­men­tan sin pa­rar el nú­me­ro de los már­ti­res por cau­sa de Cristo. Esto nos ha de mo­ver ne­ce­sa­ria­men­te, en pri­mer lu­gar, a la ora­ción in­ce­san­te por to­dos ellos. Y en se­gun­do lu­gar, a tra­tar de ayu­dar­los de for­ma con­cre­ta en la me­di­da de lo que a cada uno le sea po­si­ble, y a tra­vés de las or­ga­ni­za­cio­nes que pue­den ha­cer­lo.

Ver ex­pe­rien­cia de la fa­mi­lia de Asia Bibi

Ver ex­pe­rien­cia de Sabria Momika

Rezar y ayu­dar a los cris­tia­nos per­se­gui­dos

Es con­ve­nien­te plan­tear­se qué pa­sa­ría si real­men­te nos vié­ra­mos ante la per­se­cu­ción, y cómo reac­cio­na­ría­mos… ¿Abandonaríamos nues­tra Fe Católica? Aunque es­pe­ro sin­ce­ra­men­te que no, pido a Dios que nos guar­de, pues cier­ta­men­te y ante una si­tua­ción tan dra­má­ti­ca no es­ta­mos li­bres de ello. Recordemos que Dios está siem­pre con no­so­tros, que no nos aban­do­na, y que tie­ne pre­pa­ra­do para no­so­tros la vida eter­na; pues en la casa de mi Padre hay mu­chas man­sio­nes; si no, os lo ha­bría di­cho; por­que voy a pre­pa­ra­ros un lu­gar (Juan 14, 2). Y sí, la per­se­cu­ción ha lle­ga­do tam­bién al pri­mer mun­do, y ya hay mu­chos ca­sos de per­se­cu­cio­nes “disimuladas” a los cris­tia­nos, que pue­den leer­se en no­ti­cia­rios ca­tó­li­cos. En reali­dad, nun­ca se ha ido, pues hace al­gu­nas dé­ca­das tam­bién aquí mu­chos ca­tó­li­cos fue­ron ase­si­na­dos por su Fe. Y en la ac­tua­li­dad, en al­gu­nos ca­sos, las agre­sio­nes no son nada di­si­mu­la­das, como ocu­rrió en el asal­to a la Catedral de Posadas (Aciprensa)[40] la no­che del do­min­go 7 de oc­tu­bre de 2012 en Argentina, don­de un gru­po de ac­ti­vis­tas fe­mi­nis­tas y ho­mo­se­xua­les in­sul­ta­ron, ve­ja­ron, pin­ta­ron, agre­die­ron, es­cu­pie­ron a los ca­tó­li­cos que re­za­ban, ex­hi­bién­do­se y pin­tan­do y des­tro­zan­do el mo­bi­lia­rio pú­bli­co de los al­re­de­do­res. No in­clui­mos las imá­ge­nes pues pue­den he­rir la sen­si­bi­li­dad de mu­chos. Y esto ha ocu­rri­do en mu­chí­si­mas otras oca­sio­nes.

Historia de los Mártires de Toledo de España