3.4 Mensaje a los can­sa­dos

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El Señor Yahvé me ha dado len­gua dó­cil, que sabe de­cir al can­sa­do pa­la­bras de alien­to. Temprano, tem­prano des­pier­ta mi oído para es­cu­char, igual que los dis­cí­pu­los.
- Isaías 50, 4

Mensaje a los can­sa­dos «El se­ñor ha sido gran­de con­mi­go, Él es mi fuer­za y, como dice Isaías, ma­ña­na tras ma­ña­na abre mi oído con su pa­la­bra, para ins­truir­me y guiar­me a lo lar­go del día.» Esa es la ex­pe­rien­cia de to­dos los cris­tia­nos y de ello dan fe. Los ca­tó­li­cos que han co­no­ci­do a Dios pue­den de­cir que, cuan­do es­ta­ban can­sa­dos de vi­vir, tris­tes, an­gus­tia­dos, en­fer­mos, con­fu­sos, his­té­ri­cos o es­tre­sa­dos y han pa­sa­do de Él por­que sus pro­ble­mas eran más ur­gen­tes e im­por­tan­tes, Él los ha sa­ca­do de ahí con un amor in­fi­ni­to y de una for­ma sor­pren­den­te. Y esta ex­pe­rien­cia la com­par­ten mu­chí­si­mas per­so­nas. ¿Crees que es men­ti­ra? ¿Crees que exa­ge­ran? ¿Que esto son cuen­tos de vie­jas? ¿Que Dios no exis­te? ¿Que a ti na­die te pue­de ayu­dar? ¿Que lo tuyo no tie­ne so­lu­ción? ¿Que nada pue­de cam­biar? ¿Que Dios no te pue­de ayu­dar? ¡Desengáñate! Somos como tú y, aun­que qui­zás la si­tua­ción sea di­fe­ren­te, lo tuyo sea más gra­ve, no creas en Dios o cual­quier otra cosa que se te ocu­rra, la ver­dad es que Dios está desean­do en­con­trar­se con­ti­go y mos­trar­te la his­to­ria más be­lla de amor que exis­te: la his­to­ria de Salvación de tu vida. ¿Y por qué? Pues por amor, por­que te quie­re como eres: Porque los mon­tes se co­rre­rán y las co­li­nas se mo­ve­rán, mas mi amor de tu lado no se apar­ta­rá y mi alian­za de paz no se mo­ve­rá -dice Yahvé, que tie­ne com­pa­sión de ti- (Isaías 54, 10). Efectivamente… ¡Dios te ama!

Esta es nues­tra ex­pe­rien­cia y, por eso, le da­mos gra­cias cuan­do nues­tra de­bi­li­dad nos lo per­mi­te. Por eso, si es­tás can­sa­do de todo… ¡Hay una bue­na no­ti­cia para ti! ¡El Reino de Dios ha lle­ga­do ya! Y esto sig­ni­fi­ca que hoy, seas quien seas y vi­vas en la si­tua­ción que vi­vas, pue­des ser fe­liz. Más con­cre­ta­men­te: Dios pue­de ha­cer­te ver­da­de­ra­men­te fe­liz. Puede ha­cer­te re­des­cu­brir la ale­gría de vi­vir. ¡Puedes ser fe­liz en tu si­tua­ción! Porque la fe­li­ci­dad no está en te­ner algo o en ser al­guien, no está en que te vaya todo bien, en el tra­ba­jo es­ta­ble, bue­na sa­lud, di­ne­ro, ami­gos, li­gues o cual­quier otra cosa que se te pue­da ocu­rrir. La fe­li­ci­dad está en po­der co­no­cer el amor que Dios te tie­ne y vi­vir cada día en paz, con­fian­do en Él. Como dijo el após­tol San Pablo: Y más aún: juz­go que todo es pér­di­da ante la su­bli­mi­dad del co­no­ci­mien­to de Cristo Jesús, mi Señor, por quien per­dí to­das las co­sas, y las ten­go por ba­su­ra para ga­nar a Cristo (Filipenses 3, 8). Pues… ¡Dios te ama!