6.1 – Creo en Dios Padre

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Creo en Dios Padre Todopoderoso, creador del cielo y de la tierra (Artículo 1, Símbolo Apostólico).

Creo
El símbolo apostólico o credo es una síntesis de nuestra Fe, que nos viene de los primeros tiempos de la Iglesia Católica, y que empieza diciendo: creo en Dios Padre Todopoderoso, creador del cielo y de la tierra (Credo). Los padres de la Iglesia lo definen como un inagotable tesoro en breves palabras (Teodoro) y una coraza contra el maligno (Sacramentario). Además, la Fe que se afirma en el credo, aunque proclamada y creída personalmente, nos une a todos en una misma Fe y un mismo Bautismo. Sin embargo… ¿Realmente creemos esto?

Creer significa afirmar algo con la mente y vivir según eso que la menta ha afirmado. Así pues, si creemos en el credo no se puede vivir igual que los que no creen. Pero para creer hace falta primero un encuentro con Aquel que es el Amor: con Dios. Por eso el credo es histórico: es Dios mismo quien se hace el encontradizo con nosotros, en nuestra propia vida. Él nos muestra su infinito amor, y nos da pruebas de que, efectivamente, el credo es cierto. A partir de ahí, es cosa nuestra fiarnos como María, o decirle no y seguir con nuestra vida sin Él.

En Dios Padre
Nosotros, los católicos, creemos en Dios: en un sólo Dios (con sus tres personas). Y esto implica algo fundamental: no creemos en otros dioses. No creemos que el dinero nos puede hacer felices. No creemos en la política como salvación del hombre. No creemos en la afectividad y somos libres de cara a los demás. No creemos que la familia sea lo primero (lo cual no implica que no sea importante, pero lo es por y para Dios). Entonces… ¿Qué creemos? Escucha, Israel: Yahvé nuestro Dios es el único Yahvé. Amarás a Yahvé tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas (Deuteronomio 6, 4-5). ¡Solo creemos en Dios! ¡Y un Dios que es nuestro Padre!

Efectivamente, creemos en un Dios que es Padre de nuestro Señor Jesucristo, y por lo tanto Padre nuestro. Y todo el mundo habla con su Padre… ¡Y nosotros también a través de la oración! Además, esto significa que los católicos vivimos, o debemos vivir, sabiendo que Dios es nuestro Padre. Así pues no andéis, pues, preocupados diciendo: ¿Qué vamos a comer?, ¿qué vamos a beber?, ¿con qué vamos a vestirnos? Que por todas esas cosas se afanan los gentiles; pues ya sabe vuestro Padre celestial que tenéis necesidad de todo eso (Mateo 6, 31-32). Pero no solo eso, pues cuando llamamos Padre a Dios es lógico que obremos como hijos de Dios (San Cipriano). ¿Y que hizo Dios, en Jesucristo? ¡Amar! ¡Dar su vida por los demás! ¡Perdonar! ¡Confiar siempre en su Padre! ¿Hacemos esto?

Todopoderoso
También creemos en un Dios que es todopoderoso. Es cierto que Dios respeta la libertad de las personas, pero como cualquier Padre, Dios también sostiene, ayuda, socorre, corrige y ama a sus hijos. Por eso, si te arrepientes y vuelves a Él, lo perdona y restaura todo. Puede hacerlo, y lo hará si se lo permitimos. Y si te preguntas por qué un Dios que lo puede todo permite el sufrimiento, la respuesta la encontrarás en la libertad humana (necesaria para que el hombre pueda libremente amar), y en el plan de Salvación de Dios con el hombre.

Sería como un medico al que se le acercan dos pacientes: uno con un constipado y otro con cáncer. Al primero le da una pastilla y se cura, pero al segundo le debe realizar varias operaciones y tratamientos mucho mas dolorosos. Sin conocer la ciencia de la medicina nos puede parecer injusto… ¿Por qué no le da al segundo una pastilla también y ya está? Pero sabiendo lo que sabe el medico, las operaciones y los tratamientos son necesarios. Al final, los dos están sanos, que es lo fundamental. Y al final, nosotros, si queremos, viviremos en el Cielo con Dios, en alegría, gozo y paz perpetuas, que es lo fundamental. Porque nada es imposible para Dios (Lucas 1, 37). Así pues… ¿Vivimos fiados de Dios en los acontecimientos de nuestra vida y en las necesidades materiales?

Creador del Cielo y de la Tierra
Por último, creemos en un Dios que es creador del cielo y de la tierra. Y creemos y sabemos que todo lo ha hecho bien (Marcos 7, 37b). Efectivamente, la creación y su complejidad es un canto al poder y la sabiduría de Dios. Pero sobre todo es un canto a la bodad y el amor de Dios pues Él no nos necesitaba y si nos ha creado ha sido solo por amor. Por eso se dice: porque El es bueno existimos (San Agustín). Y nos ha creado con alma y cuerpo, hombre y mujer, destinados al amor, y libres. Porque hemos sido creados para amar. Y no hay amor sin libertad. Y no hay libertad sin la posibilidad de dudar. Y no hay posibilidad de dudar sin la prueba. Por lo demás, sabemos que en todas las cosas interviene Dios para el bien de los que le aman; de aquellos que han sido llamados según su designio (Romanos 8, 28). Efectivamente, creer en Dios creador significa creer que Dios lo ha hecho todo bien en nuestra vida. Y significa creer que pese a nuestros pecados y sufrimientos, Él lo gobierna todo con su Providencia. Por eso, quien cree en Dios creador no se queja: bendice. Porque todo esta bien.

Práctica
¿Y nosotros? ¿Vivimos creyendo en Dios Padre Todopoderoso creador del cielo y de la tierra? ¿Tenemos algún dios o proyecto más al que le pidamos la felicidad? ¿Confiamos y nos abandonamos siempre en manos de nuestro Padre sin preocuparnos del mañana? ¿Hemos visto a Dios poderoso en nuestra vida rompiendo barreras que para nosotros eran imposibles, y permitiéndonos amar cuando humanamente no se puede? ¿Bendecimos a Dios porque creemos que lo ha hecho todo bien o por el contrario tenemos quejas? Si no vives así pero lo deseas, busca a Dios y Él te regalará la Fe que necesitas para que esto sea posible en tu vida. ¡Animo! ¡Dios te ama!


Por último, no hemos de olvidar que el Credo nace de la Tradición y de la experiencia vivida de la Iglesia, que fue plasmada en los primeros siglos en las Escrituras. Por eso, todo lo que la Iglesia católica dice tiene su origen, aún de forma confusa, en la Biblia. Así pues, conviene hacer la Lectio Divina de los siguientes pasajes:





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