7.1 – Alegría y Alabanza

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Ensalzad al Señor con vuestra alabanza, todo cuanto podáis, que él siempre os superará: y al ensalzarle redoblad vuestra fuerza, no os canséis, que nunca acabaréis (Eclesiástico 43, 30).

La tristeza
La tristeza puede invadir nuestro corazón por muchos motivos: un familiar que se muere, un noviazgo que no ha tenido éxito, la enfermedad, el paro, etc. La tristeza es dolorosa, hasta el punto de que puede hacernos llorar muy amargamente. Y no suele venir sola: confusión, murmuración, desprecio de uno mismo o de otra persona, desesperación, impaciencia, depresión, y un largo etcétera la acompañan. Pero hoy hay una palabra diferente para ti: ¡Dios es tu esperanza! ¡Él te ama! ¡Alégrate!

No hay nada más poderoso contra la tristeza que la esperanza y la alegría que da el conocer el amor de Dios. Dios está contigo, y conoce personalmente tu sufrimiento: Jesús se hizo hombre, y experimentó en su propia carne el sufrimiento y la muerte. Y de ese sufrimiento, y de esa muerte… ¡Dios lo rescató! Y lo mismo va a hacer contigo, porque… ¡Dios te ama! Que bien me sé los pensamientos que pienso sobre vosotros -oráculo de Yahvé-, pensamientos de paz, y no de desgracia, de daros un porvenir de esperanza. Me invocaréis y vendréis a rogarme, y yo os escucharé (Jeremías 29, 11-12). Por eso, destierra de ti la tristeza y alegrate, porque Dios te ama… ¡Bendito sea Dios! Porque el amor de Dios es el mas grande de todos: más grande que el que te tiene tu madre, padre, marido, novio, novia, o quien sea; y más grande del que tu le tienes a nadie… ¿O es que aún no lo has conocido?

Jesús nos dice: Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados (Mateo 5, 5). ¿Por quién serán consolados? ¡Por Dios mismo! ¡Aclamad, cielos, y exulta, tierra! Prorrumpan los montes en gritos de alegría, pues Yahvé ha consolado a su pueblo, y de sus pobres se ha compadecido (Isaías 49, 13). ¡De ti y de mi se ha compadecido! ¡A ti y a mi nos ama! Esta es nuestra esperanza y nuestra Fe. Por eso, si hoy estás triste, si hoy estás llorando… ¡Alégrate, pues Dios viene a consolarte! Y lo hará quizás a través de una persona, quizás a través de un acontecimiento, quizás simplemente leyendo este mensaje, o quizás de cualquier otra forma. Pero lo hará, y será en el momento perfecto… ¡Ánimo! Pues incluso después de la muerte, Dios consuela a sus hijos, como dice el Apocalipsis: Y enjugará toda lágrima de sus ojos, y no habrá ya muerte ni habrá llanto, ni gritos ni fatigas, porque el mundo viejo ha pasado (Apocalipsis 21, 4).

Tiempo de prueba
¿Estás pasando por un tiempo de sufrimiento? ¿Se te presentan problemas uno detrás de otro sin parar? Es un tiempo de prueba. La prueba para un Cristiano es un tiempo de conocer profundamente nuestro ser, acogernos a Dios con humildad, y contemplar los prodigios del amor de Dios. Durante la prueba se conocen muchos de los límites que tenemos, y queda patente en nosotros que no somos dioses. Si con humildad y perseverancia nos acogemos al que si es Dios, a su tiempo, tendremos también la experiencia de como Él es fuerte en nuestra debilidad. Porque al final, por lo demás, sabemos que en todas las cosas interviene Dios para bien de los que le aman; de aquellos que han sido llamados según su designio (Romanos 8, 28).

El Eclesiástico nos indica como debemos vivir en la prueba: Endereza tu corazón, manténte firme, y no te angusties en tiempo de adversidad. Pégate a él, y no te separes, para que seas exaltado en tu final. Todo lo que te sobrevenga, acéptalo, y en las humillaciones, sé paciente. Porque en el fuego se purifica el oro, y los que agradan a Dios, en el horno de la humillación. Confía en él, y él te ayudará, endereza tus caminos y espera en él (Eclesiástico 2, 1-7). Así pues, en la prueba debes tener una esperanza: No habéis sufrido tentación superior a la medida humana. Y fiel es Dios que no permitirá seáis tentados sobre vuestras fuerzas. Antes bien, con la tentación, os dará modo de poderla resistir con éxito (1 Corintios 10, 13). Dios te ama, y todo sufrimiento tiene un sentido en Él. Además, Dios no te va a abandonar, sino que está siempre contigo… ¡Pues te ama! ¡Bendito sea Dios!

La alegría del Cristiano
Ser Cristiano es una verdadera alegría. La alegría es como el signo del cristiano. Un cristiano sin alegría o no es cristiano o está enfermo. […] Hay cristianos con cara de pimiento avinagrado, siempre con cara así, con el ceño fruncido: también el alma es así, allí está lo feo, esos no son cristianos. Un cristiano sin alegría no es cristiano. La alegría es como el sello del cristiano, también en el dolor, en las tribulaciones, aun en las persecuciones (Papa Francisco). Por lo tanto, si no vives con alegría el ser Cristiano, si para ti es simplemente una carga o una obligación, si te limitas a cumplir y ya está, no has descubierto aún lo que realmente significa ser Cristiano. ¡Te invitamos a que lo conozcas, pues no hay alegría más grande que esta!

¿Por qué deberíamos estar alegres? Porque Dios te ha creado, y ha creado un bello mundo a tu alrededor. Porque ha decidido intervenir en la historia humana a tu favor, culminando su intervención con Jesús. Porque Jesús ha recibido tus insultos y desprecios, tu mal, tu muerte, tu pecado, tu soberbia, tu ingratitud… ¿Y para qué? Para que tu recibas la riqueza, la paz, el bien, el amor, y la vida de Él. Porque Jesús ha sido crucificado por ti, para que tu recibas la salvación de Él. ¡Porque Dios te ama! ¿El problema es que estás sufriendo? Dios te salvará, y se dirá aquel día: Ahí tenéis a nuestro Dios: esperamos que nos salve; éste es Yahvé en quien esperábamos; nos regocijamos y nos alegramos por su victoria (Isaías 25, 9). Ten presente que el peor mal, el inevitable, la muerte, ya ha sido vencida. Así que, aunque estés en el peor de los casos y tu destino sea la muerte, gracias a Dios tu destino ahora es la vida… ¡Y una vida que no se acaba!

¿Y cómo recuperar esta alegría? ¡Dejándote amar por Dios! Simplemente, disfruta de lo que Él te regala cada día y descansa en Él, como un niño en brazos de su Padre. Además, recuerda emplear los dones que Dios te ha regalado con los que puedes combatir al maligno que quiere que te entristezcas y dudes del amor de Dios. Ten también siempre presente a la Iglesia, tu Madre y guía en el camino, que mediante los Sacramentos te prepara adecuadamente para recibir este amor gratuito e impresionante de Dios. ¡Para que vivas con la alegría de saberte amado por Dios! ¡Sí, grandes cosas ha hecho por nosotros Yahvé, y estamos alegres! (Salmo 126, 3).

Gloria a Dios
La alabanza a Dios es fundamental en la vida del Cristiano, y nace del corazón agradecido que ha visto el amor y la misericordia de Dios en su propia vida. Por eso decimos: Yahvé, tú eres mi Dios, yo te ensalzo, alabo tu nombre, porque has hecho maravillas y planes muy de antemano que no fallan (Isaías 25, 1). El amor de Dios nos alegra profundamente nuestro corazón, y suscita en nosotros agradecimiento, que se transforma en alabanza. Y te daré gracias con el arpa, Dios mío, por tu fidelidad; tañeré para ti la cítara, ¡oh Santo de Israel! (Salmo 71, 22).

Pero Dios merece siempre la alabanza, incluso cuando estás en tiempos difíciles y no ves nada. En esos momentos debes confiar en Dios, y continuar alabándolo, pues Él saldrá vencedor en su momento. Bendeciré en todo tiempo a Yahvé sin cesar en mi boca su alabanza (Salmo 34, 2). Y esta alabanza no es infundada… ¿O ya has olvidado tu historia? Dios, que te ha ayudado tantas otras veces, también te ayudará en esta ocasión. Posiblemente, incluso lo esté haciendo ya, aunque aún no te percates de ello. Además, venciendo a la muerte ya te ha dado la mejor esperanza: la vida eterna. ¡Grita alborozada, Sión, lanza clamores, Israel, celébralo alegre de todo corazón, ciudad de Jerusalén! (Sofonías 3, 14). Pero recuerda que todo esto no significa que todo te va a ir bien, sino que tu iras bien en medio de todo, pues… ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿La tribulación?, ¿la angustia?, ¿la persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿los peligros?, ¿la espada?, pero en todo esto salimos más que vencedores gracias a aquel que nos amó (Romanos 9, 35.37).

La alabanza principal del Cristiano tiene lugar durante la Eucaristía: en Jesús. Por medio de él ofrezcamos sin cesar a Dios un sacrificio de alabanza, es decir el fruto de los labios que confiesan su nombre (Hebreos 13, 15). Así pues, en la Eucarístia alabamos a Dios, pues hacemos presente y real el sacrificio de Cristo en la cruz por nosotros. Cristo muere por amor a nosotros, para salvarnos de la muerte que nos esclaviza al pecado, y para regalarnos una vida nueva… ¡La vida eterna! ¿Cómo no alabar ese amor tan grande que Dios nos demuestra? En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno (Prefacio). Y por ello, un Cristiano hace todo lo posible pos asistir a esta gran fiesta que es la Eucaristía.

Finalmente, comentar que nuestra alabanza a Dios se une la alabanza de toda la creación, y la alabanza de millones de Cristianos en todo el mundo. Por eso, da igual donde estés, alaba siempre al Señor con tus palabras y con tus acciones. Que tu vida entera sea una continua alabanza a Dios. En definitiva… ¡Bendito Yahvé, Dios de Israel, el único que hace maravillas! ¡Bendito su nombre glorioso por siempre, la tierra toda se llene de su gloria! ¡Amén! ¡Amén! (Salmo 72, 18-19). ¡Porque ha sido inmenso su amor con nosotros!

Práctica
Quizás os preguntéis que tiene que ver la alegría y la alabanza a Dios con el amor. La respuesta es que mucho, porque si las cosas no se hacen con alegría y bendiciendo a Dios en todo momento, se hacen con tristeza o como una obligación. Y si esto es así ya no hay Caridad sino más bien un legalismo. No hay amor, sino simplemente un cumplimiento vacío. Al final, es lo mismo que nos pasa cuando empezamos a salir con alguien: esa alegría y esas ganas de estar con la persona amada son las que tiene un Cristiano con Dios. Una alegría que muchas parejas pierden por culpa de la rutina, y que nosotros también tenemos el peligro de perder con Dios, precisamente por la rutina. ¡Vivamos, pues, con la alegría de encontrarnos con quien más nos ama! Un ejemplo claro de la alegría de los Católicos la tienen los jóvenes, manifestada de forma especial en las conocidas Jornadas Mundiales de la Juventud.

Opinión de la JMJ por Jóvenes

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