7.4 – El camino de la Vida

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Mas ¡qué estrecha la entrada y qué angosto el camino que lleva a la Vida!; y pocos son los que lo encuentran (Mateo 7, 14).

Conociendo a Dios
Lo primero en la vida del Cristiano es la llamada que nos hace Dios para que lo busquemos, a través de los acontecimientos de nuestra propia vida. Quizás un amigo que nos habla de Dios, quizás un vecino que nos sorprende con su forma de vida, quizás un libro que nos ha llegado a nuestras manos, etc. ¡Dios se vale de cualquier cosa! Y este primer encuentro produce una seducción de Dios a nuestra alma, que se plasma muy bien en el Cantar de los Cantares:

Habla mi amado y me dice: Levántate, amor mío, hermosa mía, y vente. Mira, ha pasado el invierno, las lluvias cesaron, se han ido. La tierra se cubre de flores, llega la estación de las canciones, ya se oye el arrullo de la tórtola por toda nuestra tierra. Despuntan yemas en la higuera, las viñas en cierne perfumean, ¡Anímate, amor mío, hermosa mía, y ven! Paloma mía, escondida en las grietas de la roca, en los huesos escarpados, déjame ver tu figura, deja que escuche tu voz; porque es muy dulce tu voz y atractiva tu figura (Cantar 2, 10-14).

Esto hace nacer dentro de nosotros un deseo de Dios. Un amor por sus cosas que nos impulsa a trabajar por el Reino de Dios. Nos impulsa a la Caridad, a la oración, a vivir como Cristianos, etc. ¡Nos enamora de Dios! Y gracias a este deseo crecemos mucho como Cristianos, y en ocasiones de forma muy rápida: aprendemos a ver la acción de Dios en nuestra vida, ponemos nuestra confianza en Él, empezamos a vivir según el Evangelio, nos dedicamos a rezar y a poner en práctica las virtudes, trabajamos por llevar este mensaje a los demás, e incluso sentimos la presencia real de Dios en nuestro interior. El deseo de Dios nos lleva a crecer mucho, pero este deseo debe convertirse en un amor a Dios de verdad, y para ello es necesario que pasemos por la noche oscura del alma.

Noche oscura del alma
Muchas veces entramos en crisis porque dejamos de “sentir la presencia de Dios”, fracasan nuestros proyectos de vida, nos encontramos con una situación de muerte ontológica muy dura, se “enfría” el amor en nuestro matrimonio, fracasan nuestros empeños por trabajar por el Reino de Dios, caemos en la rutina, nos llega una enfermedad muy grave o la muerte de un ser querido, aparecen dudas existenciales de Fe, conocemos de primera mano una experiencia del mal que inutiliza todo esfuerzo por nuestra parte, sentimos inseguridad por si nos salvaremos o no, etc. Es la noche oscura del alma. ¿Pero esto para qué? Para que quede manifiesto si realmente sigues a Dios por quién es, o más bien por lo que Él te da o te hace ser. Jesús les respondió: En verdad, en verdad os digo: vosotros me buscáis, no porque habéis visto signos, sino porque habéis comido de los panes y os habéis saciado (Juan 6, 26).

El amor a Dios debe purificarse para ser un amor libre de deseo: un amor desnudo que ame a Dios por Él, y no por lo que Él nos da. Porque en el fuego se purifica el oro, y los que agradan a Dios, en el horno de la humillación (Eclesiástico 2, 5). Por ello, todos hemos de pasar por la noche oscura del alma, donde no habrá autosatisfacción ni autorealización, sino sólo aridez: es la senda angosta que nos lleva a nosotros a ser nada, para poder encontrarnos con Dios, que es todo. Esto muchas veces nos produce desanimo o hastío de lo espiritual, pues parece que todo el esfuerzo que hemos puesto en la oración, en alcanzar las virtudes, en hacer el bien a los demás, y en vivir como Cristianos, se trunca y no da el fruto que esperábamos. Lo que en realidad ocurre es que buscábamos las cosas de Dios, y no a Dios mismo; bien sea por sentirnos buenas personas, cuando en realidad nadie es bueno, sino sólo Dios (Lucas 18, 19b), o incluso por amor a Dios. Pero el hecho de que nos frustremos demuestra que aún no lo amamos plenamente, sino que lo amamos sólo por aquello que nos da. ¡Queremos que Dios nos de el éxito, cuando Él quiere regalarte el amor! Por eso, se diría incluso que en ocasiones tratamos de controlar la Voluntad de Dios, encasillándola en nuestra forma de pensar. ¡Qué lejos estamos del Amor!

Pero… ¿Cómo amar a Dios plenamente? Para nosotros es imposible, pero Dios, con su Gracia, puede hacerlo posible. Hemos de mantener la esperanza de que Él lo hará, respetando los tiempos de Dios, y rechazando el deseo de quererlo todo ya. ¿Y mientras? Vivamos como Cristianos, sin desechar nada de lo que hacíamos, pero enriqueciendo nuestra vida interior, manteniendo la Fe con esperanza, abandonándonos ciegamente a la Voluntad de Dios, obedeciéndolo sin dudar en todo, y dejándonos desapropiar poco a poco de todo lo accesorio: afectos, bienes, seguridades, proyectos, etc. Es decir, vivamos en cada momento como un niño en brazos de su Padre, dejando que Él cambie nuestros planes y proyectos sin frustrarnos por ello. ¿Y el objetivo de esta actitud de abandono? Amar a Dios por quien es y no por lo que nos da o nos hace ser a nosotros. Y esto, por supuesto, es una Gracia de Dios que Él concede a quien quiere y cuando quiere; y mientras no nos la regale, es imposible para nosotros, porque nosotros amamos, porque él nos amó primero (1 Juan 4, 19).

Esta noche oscura fue cruzada por primera vez por Jesucristo. De hecho, él es el Camino, la Verdad y la Vida (Juan 14, 6b). Porque no hay otro camino que este: el camino de la Cruz. Un camino angosto, pero que… ¡Nos lleva al encuentro de nuestro amado! ¿Qué camino? Para venir a gustarlo todo, no quieras tener gusto en nada. Para venir a poseerlo todo, no quieras poseer algo en nada. Para venir a serlo todo, no quieras ser algo en nada. Cuando reparas en algo, deja de arrojarte al todo. Porque para venir del todo al todo has de negarte del todo en todo. Y cuando lo vengas del todo a tener, has de tenerlo sin nada querer. Porque si quieres tener algo en todo, no tienes puro en Dios tu tesoro (San Juan de la Cruz). Es la noche del espíritu que conviene aceptar.

Noche del espíritu
Cuando aceptamos la noche oscura del alma, con la Gracia de Dios empieza en nosotros una desapropiación del deseo de poseer, controlar, asegurar, y decidir sobre la Voluntad de Dios para nosotros y nuestra Salvación. Y al mismo tiempo empieza a nosotros a madurar este amor primero, permitiéndonos seguir amando aun cuando interiormente vivimos en la aridez más absoluta: sin sentir nada. El fin de esta noche es que Dios sea todo en todos (1 Corintios 15, 28b). Porque a Dios no se le puede poseer ni controlar, pues Él es demasiado grande, y tampoco podemos atarlo o imponerle nuestra voluntad. La única forma de amarlo es abandonarse en sus manos, en su Voluntad. De esta forma lo ganaremos todo, porque quien a Dios tiene nada le falta: Sólo Dios basta (Santa Teresa de Jesús). Y de esta forma, Dios también hará posible en nosotros el amor al prójimo hasta el extremo, porque quien confía en Dios no teme a nada: ni siquiera al sufrimiento y la muerte.

¿Cuál es el camino que debemos seguir guiados por la Gracia de Dios? Rechacemos nuestras pretensiones de autorealización, no demos importancia al sentimiento de deseo de Dios, no tengamos miedo de la imprevisibilidad de Dios, aceptemos nuestra debilidad y finitud, no nos angustiemos de no poder asegurar nuestro tiempo, no busquemos vivencias gozosas o dolorosas para “ofrecérselas a Dios”; sino más bien, amemos y hagamos su Voluntad, sea la que sea, cuando sea, y conlleve el gozo, desasosiego, o sufrimiento que sea. Solo y siempre su Voluntad. Entonces, la noche se convertirá en día, y no será para ti ya nunca más el sol luz de día, ni el resplandor de la luna te alumbrará de noche, sino que tendrás a Yahvé por luz eterna, y a tu Dios por tu hermosura. No se pondrá jamás tu sol, ni tu luna menguará, pues Yahvé será para ti luz eterna, y se habrán acabado los días de tu luto (Isaías 60, 19-20). Y, amando a Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, y con todas tus fuerzas; podrás amar al prójimo hasta el extremo.

Camina humilde con Dios
La humildad es fundamental en nuestra vida, porque si nuestro corazón está lleno de nosotros mismos Dios no tiene cabida en él. Por eso Jesús desaprueba hacer las cosas (como el ayuno, la limosna, o la oración) en público de forma que los demás vean lo “bueno” que eres. Así pues, es fundamental, sin dejar de recorrer el camino de la Vida, rechazar la soberbia, el orgullo, y la vanagloria. Porque al final, todo lo bueno que tenemos viene de Dios y, ¡ay de los hombres más virtuosos si tú, prescindiendo de tu misericordia, te pones a escudriñar sus vidas! […] Por otra parte, si alguno se pone a contar todos sus méritos, ¿qué hace sino contar tus dádivas? (San Agustín). Por eso, el que se gloríe, gloríese en el Señor (2 Cor 10, 17), sin olvidar que sin Él somos culpables y merecedores de la muerte por nuestros pecados. ¿O no has descubierto aún, por ejemplo, la gravedad del pecado de omisión de la caridad? Al final, la humildad es necesaria para pasar por la noche oscura del alma, porque sin ella acabamos exigiendo a Dios sus dones, en vez de aceptar la noche que Dios nos regala para que nuestro amor madure.

Práctica
¿Es qué aún no lo has comprendido? No se puede exigir la Gracia de Dios. La única práctica que podemos hacer es pedirsela a Dios, si es que estamos dispuestos a pasar por la noche oscura del alma. ¿Y una vez pedido? Insistir, pero sin exasperarse, respetándo siempre los tiempos de Dios, que son sin duda alguna los mejores. Por eso, la oración junto con la escucha de la Palabra de Dios, son dos cosas que no conviene abandonar nunca.

Noche Oscura del Alma

Poema de la Noche Oscura del Alma

Noche Oscura del Alma

Explicación de la Noche Oscura del Alma

Como habréis comprobado, la explicación de la noche de San Juan de la Cruz se refiere fundamentalmente a la oración, pero esta misma noche sucede en otros ámbitos de la vida diaria del Católico. Así pues, hijo, si te acercas a servir al Señor prepara tu alma para la prueba. Endereza tu corazón, mantente firme, y no te angusties en tiempo de adversidad. Pégate a él y no te separes, para que seas exaltado en tu final. Todo lo que te sobrevenga, acéptalo, y en las humillaciones, se paciente. Porque en el fuego se purifica el oro, y los que agradan a Dios en el horno de la humillación. Confía en él, y él te ayudará, endereza tus caminos y espera en él (Eclesiástico 2, 1-6). Pues no habéis sufrido tentación superior a la medida humana. Y fiel es Dios que no permitirá seáis tentados sobre vuestras fuerzas. Antes bien, con la tentación, os dará modo de poderla resistir con éxito (1 Corintios 10, 13). ¡Porque Dios te ama y todo lo hace para tu bien!

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