5.5 Otras re­li­gio­nes y es­pi­ri­tua­li­da­des

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Así pues, her­ma­nos, man­te­neos fir­mes y con­ser­vad las tra­di­cio­nes que ha­béis apren­di­do de no­so­tros, de viva voz o por car­ta.
- 2 Tesalonicenses 2, 15

Otras re­li­gio­nes y es­pi­ri­tua­li­da­des Todas las re­li­gio­nes y es­pi­ri­tua­li­da­des no son igua­les: ni si­quie­ra son pa­re­ci­das. La Iglesia re­co­no­ce en las otras re­li­gio­nes la bús­que­da, “entre som­bras e imá­ge­nes”, del Dios des­co­no­ci­do (Catecismo 843), que se ha dado a co­no­cer en Cristo Jesús y que, por los mo­ti­vos que sean, las per­so­nas que pro­fe­san es­tas re­li­gio­nes y es­pi­ri­tua­li­da­des no han po­di­do co­no­cer. Sin em­bar­go, es dog­ma de la Iglesia Católica que fue­ra de la Iglesia no hay sal­va­ción (Catecismo 846), y que to­dos los que se sal­van lo ha­cen gra­cias al mi­nis­te­rio de la Iglesia, úni­ca por­ta­do­ra de la ver­da­de­ra re­ve­la­ción di­vi­na, y a Cristo Jesús, úni­co re­den­tor del mun­do. Por eso, la mi­sión prin­ci­pal de la Iglesia Católica y, por tan­to, de to­dos no­so­tros, es evan­ge­li­zar con obras y pa­la­bras. Esto es bueno y agra­da­ble a Dios, nues­tro Salvador, que quie­re que to­dos los hom­bres se sal­ven y lle­guen al co­no­ci­mien­to pleno de la ver­dad. Porque hay un solo Dios, y tam­bién un solo me­dia­dor en­tre Dios y los hom­bres, Cristo Jesús, hom­bre tam­bién (1 Timoteo 3-5).

Confesiones cris­tia­nas Desgraciadamente, la Iglesia Católica ha te­ni­do his­tó­ri­ca­men­te mu­chos es­cán­da­los y lu­chas de po­der en su in­te­rior, de­bi­do a que al­gu­nos de sus miem­bros no han se­gui­do su sana doc­tri­na. Al mis­mo tiem­po otras per­so­nas, en su afán de de­nun­ciar es­tos es­cán­da­los o como par­te de la lu­cha de po­der, han de­nun­cia­do no sólo la ac­ti­tud de es­tos miem­bros sino la pro­pia doc­tri­na Católica, ca­yen­do en el gra­ví­si­mo pe­ca­do de cis­ma. Y cuan­do se cae en este pe­ca­do no hay nada que im­pi­da que vuel­va a pa­sar una y otra vez, ge­ne­ran­do más y más di­vi­sio­nes den­tro del pro­pio cis­ma. Ante esto, Jesús mis­mo oró a su Padre para que to­dos sean uno. Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos tam­bién sean uno en no­so­tros, para que el mun­do crea que tú me has en­via­do (Juan 17, 21). Sin em­bar­go, aun­que los cis­mas son pe­ca­dos muy gra­ves, los que na­cen hoy en las co­mu­ni­da­des sur­gi­das de ta­les rup­tu­ras y son ins­trui­dos en la fe de Cristo, no pue­den ser acu­sa­dos del pe­ca­do de la se­pa­ra­ción y la Iglesia ca­tó­li­ca los abra­za con res­pe­to y amor fra­ter­nos (Catecismo 818), pues ni son res­pon­sa­bles del cis­ma ni, en mu­chos ca­sos, han te­ni­do la opor­tu­ni­dad de co­no­cer la Fe Católica sin pre­jui­cios.

Dado que la can­ti­dad de con­fe­sio­nes pro­tes­tan­tes es am­plí­si­ma, es casi im­po­si­ble ex­pli­car ade­cua­da­men­te to­das las di­fe­ren­cias doc­tri­na­les que tie­nen con la Iglesia Católica. Sin em­bar­go, sí que va­mos a ha­cer una bre­ve ex­po­si­ción de las tres más im­por­tan­tes.

  • Sola scrip­tu­ra: Sólo lo que dice la Biblia es cier­to.
    El pro­ble­ma de esto es, en pri­mer lu­gar, que las tra­duc­cio­nes bí­bli­cas va­rían y se ha­cen va­riar a pro­pó­si­to mu­cho. Y… ¿Cuál es la bue­na? ¿La que dice lo que quie­ro? Además, pri­me­ro fue la tra­di­ción oral, y lue­go esta se puso por es­cri­to. Y esto es así en casi to­dos los tex­tos bí­bli­cos. Por otro lado, los pro­tes­tan­tes re­cha­zan los es­cri­tos de san­tos por no ser Palabra de Dios, pero es­tos tam­po­co cons­ti­tu­yen para los ca­tó­li­cos nada más que una guía fia­ble para vi­vir me­jor la Fe, pues ellos vi­vie­ron más pró­xi­mos en el tiem­po a Cristo que no­so­tros y su vida era más san­ta que la nues­tra.
  • Sola fide: Sólo la fe nos sal­va, no las obras que ha­ce­mos.
    El pro­pio após­tol Santiago res­pon­de a esta afir­ma­ción en su epís­to­la (Santiago 2, 14-26) a una co­mu­ni­dad que de­cía lo mis­mo, con­clu­yen­do: Ya veis cómo el hom­bre es jus­ti­fi­ca­do por las obras y no por la fe so­la­men­te (Santiago 2, 24). Efectivamente, lo que ha­gas im­por­ta tan­to como lo que creas. Y así lo afir­ma el mis­mo Jesús cuan­do ha­bla de los ver­da­de­ros dis­cí­pu­los (Mateo 7, 21-27) y del jui­cio fi­nal (Mateo 25, 31-46).
  • Iconoclastia: Rechazo a las imá­ge­nes y/​o a los ico­nos.
    Muchos pro­tes­tan­tes prohí­ben las imá­ge­nes de san­tos y de la Virgen ar­gu­men­tan­do que son ído­los que se ado­ran. Sin em­bar­go, los ca­tó­li­cos no ado­ran ni a las imá­ge­nes ni a los san­tos ni a la Virgen, sino que los ve­ne­ran como ejem­plos a se­guir. ¡Ellos no son Dios, sino per­so­nas como no­so­tros que se han fia­do de Él! Además, si Dios mis­mo a tra­vés de su Palabra man­da elo­giar a los Santos Padres (Eclesiástico 44-50) y a la Virgen… ¿Quiénes so­mos no­so­tros para no ha­cer­lo?

En cual­quier caso, la Iglesia pre­ten­de vol­ver a re­ge­ne­rar la unión que un día se rom­pió por el pe­ca­do. Sin em­bar­go, esto nun­ca lo hará en con­tra de la Verdad que se le ha en­co­men­da­do guar­dar y en­se­ñar. Y lo mis­mo tú, si la vida te lle­va a co­la­bo­rar y ha­cer amis­ta­des con per­so­nas que pro­fe­san al­gu­na con­fe­sión pro­tes­tan­te, no pon­gas en ries­go ni pier­das la Fe que has re­ci­bi­do. ¡Es el te­so­ro más va­lio­so que tie­nes! Mira que Dios te ama tan­to que te ha re­ga­la­do como ejem­plo a los san­tos, para que te de­ci­das a obrar bien y evi­tes su­frir así las de­vas­ta­do­ras con­se­cuen­cias del pe­ca­do. Pues el pe­ca­do real­men­te hace mu­cho daño y, por tan­to, Dios no quie­re que lo co­me­tas pues… ¡Te ama y bus­ca tu bien!

Judaísmo Israel es el pue­blo ele­gi­do por Dios, que no re­co­no­ció su ve­ni­da. Y aun­que las au­to­ri­da­des de los ju­díos con sus se­gui­do­res re­cla­ma­ron la muer­te de Cristo, sin em­bar­go, lo que en su Pasión se hizo, no pue­de ser impu­tado ni in­dis­tin­ta­men­te a to­dos los ju­díos que en­ton­ces vi­vían, ni a los ju­díos de hoy (Nostra Aetate 4)[59]. Y pre­gun­to yo: ¿Es que ha re­cha­za­do Dios a su pue­blo? ¡De nin­gún modo! Que los do­nes y la vo­ca­ción de Dios son irre­vo­ca­bles (Romanos 11, 1a.29). Además, el ju­daís­mo com­par­te con no­so­tros el Antiguo Testamento y la re­ve­la­ción que Dios hace en él. Es por ello que la Iglesia Católica los con­si­de­ra como her­ma­nos ma­yo­res. Sin em­bar­go, es ver­da­de­ra­men­te la mi­sión de la Iglesia dar­les a co­no­cer con obras y pa­la­bras que Cristo es el Mesías que es­pe­ran y que les fue pro­fe­ti­za­do (Isaías 53) de an­te­mano. ¡Para que ellos se ale­gren con no­so­tros del amor que nos ha te­ni­do el Padre!

Islam El Islam es una re­li­gión com­ple­ja, con mu­chas ra­mas que han ido sur­gien­do a lo lar­go de los si­glos, y que se basa fun­da­men­tal­men­te en cum­plir los pre­cep­tos re­ve­la­dos a Mahoma y es­cri­tos en el Corán. El Islam es una re­li­gión que de­cla­ra a sus miem­bros ser­vi­do­res de Dios. Y lo que se exi­ge a todo buen ser­vi­dor es la ad­he­sión fir­me y fiel a los pre­cep­tos que se les man­dan. Así pues, el Corán no es in­ter­pre­ta­ble ni ale­gó­ri­co: se debe cum­plir tal y como lo en­tien­de cada rama del Islam. La Iglesia apre­cia de ellos el alto va­lor que le con­ce­den a di­ver­sas prác­ti­cas que rea­li­zan como la ora­ción, las li­mos­nas y el ayuno (Nostra Aetate 3)[59].

Sin em­bar­go, exis­ten di­ver­sas ra­mas en el Islam que apli­can los pre­cep­tos del Corán al pie de la le­tra. Y esto in­clu­ye los pre­cep­tos que, me­dian­te una yihad ar­ma­da, or­de­nan la lu­cha con­tra los no mu­sul­ma­nes: Y, cuan­do los me­ses sa­gra­dos ha­yan con­clui­do, ma­tad a los po­li­teís­tas don­de quie­ra que los en­con­tréis. Apresadles, si­tiad­les, ace­chad­les en cada re­co­do, pero si se arre­pien­ten y ha­cen la ora­ción y en­tre­gan el im­pues­to re­li­gio­so, de­jad­les paso li­bre. En ver­dad, Dios es per­do­na­dor, mi­se­ri­cor­dio­sí­si­mo con los cre­yen­tes (Corán 9, 5)[83]. Sin em­bar­go, la Iglesia nos in­vi­ta a pro­mo­ver uni­dos la jus­ti­cia so­cial, los bie­nes mo­ra­les, la paz y la li­ber­tad para to­dos los hom­bres (Nostra Aetate 3)[59], pues lo pro­pio de la Iglesia es la Caridad, in­clu­so cuan­do aten­tan con­tra tu pro­pia vida. Y tes­ti­gos de esto son mu­chos cris­tia­nos que, en la ac­tua­li­dad, es­tán sien­do per­se­gui­dos y ase­si­na­dos por su Fe en mu­chas par­tes del mun­do. ¡Oremos para que Dios nos con­ce­da a no­so­tros esa Fe!

New age, reiki, ta­rot y otras es­pi­ri­tua­li­da­des No, una ja­cu­la­to­ria no es un man­tra, los án­ge­les de la new age nada tie­nen que ver con los de ver­dad, el fu­tu­ro no se pue­de sa­ber pues las per­so­nas so­mos li­bres, y la ora­ción as­cé­ti­ca cris­tia­na es muy di­fe­ren­te al yoga, al zen, a la me­di­ta­ción tras­cen­den­tal, etc. Toda esta cons­te­la­ción de nue­vas es­pi­ri­tua­li­da­des, muy pa­re­ci­das en­tre sí, no son más que la ver­sión mo­der­na del gnos­ti­cis­mo*. Y, como cris­tia­nos, no de­be­mos par­ti­ci­par en nin­gu­na de es­tas ac­ti­vi­da­des, pues Dios mis­mo nos lo pide sa­bien­do que no son bue­nas para no­so­tros: No acu­dáis a ni­gro­man­tes, ni con­sul­téis a adi­vi­nos ha­cién­doos im­pu­ros por su cau­sa. Yo, Yahvé, vues­tro Dios (Levítico 19, 31). Además, es muy fá­cil que es­tos gru­pos de­ri­ven en sec­tas, con el pe­li­gro aña­di­do que ello con­lle­va. Por eso, si quie­res bus­car a Dios lo en­con­tra­rás en la Iglesia Católica y en sus prác­ti­cas. ¡No cam­bies el te­so­ro va­lio­sí­si­mo de la Fe por unas ba­ra­ti­jas!

Práctica Llevar a cabo co­rrec­ta­men­te un buen diá­lo­go in­ter­re­li­gio­so re­quie­re de una Fe fir­me y de un ni­vel de for­ma­ción teo­ló­gi­ca muy ele­va­do. Es por ello que, en ge­ne­ral, se des­acon­se­ja asis­tir a ce­le­bra­cio­nes li­túr­gi­cas de otras con­fe­sio­nes, así como en­ta­blar dis­cu­sio­nes es­té­ri­les. Ten en cuen­ta que, ante todo, no de­bes arries­gar tu pro­pia Fe Católica por fal­ta de for­ma­ción o por caer en el re­la­ti­vis­mo re­li­gio­so. Sin em­bar­go, siem­pre es bueno y opor­tuno dar nues­tro tes­ti­mo­nio de Fe con obras y pa­la­bras para que la po­si­bi­li­dad de vol­ver a la casa del Padre siem­pre esté a su al­can­ce.

Lectio Divina de Mateo 7, 21-27
Lectio Divina de Santiago 2, 14-26
Lectio Divina de Hechos 3, 12-26
Lectio Divina de Marcos 13, 5-6
Lectio Divina de 1 Juan 4, 1-6
Lectio Divina de Crónicas 33, 1-10
Abandonar otras es­pi­ri­tua­li­da­des y ser­vir sólo a Dios

Glosario

… gnos­ti­cis­mo*
Gnosticismo Doctrina eso­té­ri­ca que apa­re­ció en los pri­me­ros si­glos del cris­tia­nis­mo y que pro­me­tía a las per­so­nas el ac­ce­so a un co­no­ci­mien­to se­cre­to y mís­ti­co con el que al­can­zar la Salvación. Se tra­ta de una fe en­ce­rra­da en el sub­je­ti­vis­mo, don­de sólo in­tere­sa una de­ter­mi­na­da ex­pe­rien­cia o una se­rie de ra­zo­na­mien­tos y co­no­ci­mien­tos que su­pues­ta­men­te re­con­for­tan e ilu­mi­nan, pero en de­fi­ni­ti­va el su­je­to que­da clau­su­ra­do en la in­ma­nen­cia de su pro­pia ra­zón o de sus sen­ti­mien­tos (Evangelii Gaudium 94). Es de­cir, no sal­van ni ayu­dan a sal­var a na­die, por­que no lle­van a Cristo, el úni­co Salvador.