9. ¿Y aho­ra qué?

Curso Católico » ¿Y aho­ra qué?

Si al­guno de vo­so­tros ca­re­ce de sa­bi­du­ría, que la pida a Dios, que da a to­dos ge­ne­ro­sa­men­te y sin echar­lo en cara, y se la dará.
- Santiago 1, 5

Busca la Sabiduría La sa­bi­du­ría siem­pre ha sido un bien muy pre­cia­do, pues es ma­yor ga­nan­cia que la pla­ta, es más ren­ta­ble que el oro (Proverbios 3, 14), y por ello es im­por­tan­tí­si­mo ad­qui­rir­la. La sa­bi­du­ría te per­mi­te co­no­cer me­jor a Dios, pues toda la sa­bi­du­ría pro­ce­de de Él. La sa­bi­du­ría guia­rá pru­den­te­men­te en el ca­mino de tu vida: cuan­do ca­mi­nes, no va­ci­la­rán tus pa­sos, y si co­rres, no tro­pe­za­rás (Proverbios 4, 12); pues la sa­bi­du­ría te lle­va­rá por el ca­mino de la vida. Lo más im­por­tan­te que de­bes sa­ber so­bre la sa­bi­du­ría es que el te­mor de Yahvé es el prin­ci­pio del co­no­ci­mien­to; los ne­cios des­pre­cian la sa­bi­du­ría y la ins­truc­ción (Proverbios 1, 7). Efectivamente, el co­no­ci­mien­to hu­mano sin Dios es un co­no­ci­mien­to va­cío que no te en­se­ña a vi­vir ni te mues­tra qué es lo me­jor para tu vida. Dios ilu­mi­na el co­no­ci­mien­to hu­mano y hace de él sa­bi­du­ría para la vida, pero el ca­mino de los ma­los es te­ne­bro­so, no sa­ben dón­de tro­pie­zan (Proverbios 4, 19). Así pues, co­no­ce a Dios pri­me­ro. De esa for­ma todo el co­no­ci­mien­to hu­mano y la ins­truc­ción que po­sees te se­rán ver­da­de­ra­men­te úti­les y bue­nas para ti.

El ca­mino de la sa­bi­du­ría pasa por acep­tar la co­rrec­ción, es­pe­cial­men­te cuan­do esta vie­ne de Dios, por­que Yahvé re­pren­de a quien ama, como un pa­dre a su hijo ama­do (Proverbios 3, 12). De esta for­ma te ase­gu­ras ir siem­pre por el ca­mino de la vida, el ca­mino de Dios que te lle­va a la Salvación. Rechazar la co­rrec­ción im­pli­ca se­guir des­via­do del ca­mino del bien: se­guir muer­to. Por eso acep­ta siem­pre la vo­lun­tad y la Palabra de Dios, por­que es Yahvé quien da la sa­bi­du­ría y de su boca bro­tan el sa­ber y la pru­den­cia (Proverbios 2, 6). ¿Cómo bus­car la sa­bi­du­ría de Dios? A tra­vés de su Palabra y de los do­cu­men­tos del Magisterio de la Iglesia, que te en­se­ña­rán pru­den­te­men­te so­bre to­das las co­sas. Esta sa­bi­du­ría es el alma que ne­ce­si­ta el co­no­ci­mien­to cien­tí­fi­co y hu­mano para co­brar ver­da­de­ro sen­ti­do y uti­li­dad. Por eso, es im­por­tan­tí­si­mo bus­car ac­ti­va­men­te la Sabiduría des­de ya. No nos po­de­mos con­ten­tar con no sa­ber. Aférrate a la ins­truc­ción, no la suel­tes; con­sér­va­la, por­que te va la vida en ello (Proverbios 4, 13). Por esto, es fun­da­men­tal des­de hoy mis­mo… ¡Conocer a Dios, que te ama!

Magisterio de la Iglesia Nuestra Santa Madre Iglesia, ins­pi­ra­da por Dios, tie­ne la fun­ción de en­se­ñar a to­dos los cris­tia­nos. Esto lo hace de mu­chas for­mas y en mu­chas oca­sio­nes, pues el te­mor de Yahvé es el prin­ci­pio del co­no­ci­mien­to; los ne­cios des­pre­cian la sa­bi­du­ría y la ins­truc­ción (Proverbios 1, 7). Por eso, es im­por­tan­tí­si­mo no ser ne­cio y co­no­cer esta ins­truc­ción para vi­vir rec­ta­men­te se­gún la vo­lun­tad de Dios, que es la que nos hará fe­li­ces. ¿Qué en­se­ña la Iglesia so­bre la re­gu­la­ción de la na­ta­li­dad? ¿Por qué se opo­ne al abor­to? ¿Cómo vive un cris­tiano su vida dia­ria? Todo esto y mu­cho más pue­des en­con­trar­lo en el Magisterio de la Iglesia. Pues no hay sa­bi­du­ría, ni pru­den­cia, ni con­se­jo fren­te a Yahvé (Proverbios 21, 30). Él, que te ha crea­do, sabe lo que te con­vie­ne y te lo ex­pli­ca para que vi­vas fe­liz. Pues… ¡Dios te ama! Pues bien, un buen com­pen­dio de la doc­tri­na ca­tó­li­ca que po­déis con­sul­tar cuan­do ten­gáis al­gu­na duda es el Catecismo de la Iglesia Católica, que os re­co­men­da­mos te­ner en casa.

Catecismo de la Iglesia Católica

Vive como Católico Aunque la sa­bi­du­ría es ab­so­lu­ta­men­te ne­ce­sa­ria, al fi­nal se nos juz­ga­rá por las obras y por la Fe. Es por ello que nun­ca de­be­mos can­sar­nos de po­ner en prác­ti­ca la for­ma de vida cris­tia­na, y de pe­dir­le a Dios que haga cre­cer en no­so­tros el hom­bre nue­vo ca­paz de amar has­ta el ex­tre­mo, como Él mis­mo hizo. De he­cho, la sa­lud cor­po­ral es un bien para el hom­bre, pero lo que in­tere­sa no es sa­ber el por­qué de la sa­lud, sino el po­seer­la real­men­te. En efec­to, si uno ex­pli­ca los be­ne­fi­cios de la sa­lud, mas lue­go toma un ali­men­to que pro­du­ce en su cuer­po hu­mo­res ma­lig­nos y en­fer­me­da­des, ¿de qué ha­brá ser­vi­do aque­lla ex­pli­ca­ción, si se ve aque­ja­do por la en­fer­me­dad? (San Gregorio de Nisa)[51]. De igual modo es quien, sa­bien­do cómo vive un cris­tiano, no tra­ta de po­ner­lo en prác­ti­ca. Además, es im­por­tan­tí­si­mo te­ner una ex­pe­rien­cia per­so­nal de Dios. Porque co­no­cer a Dios te da la fuer­za para ha­cer mu­chas co­sas que, de otra for­ma, son im­po­si­bles por nues­tras li­mi­ta­cio­nes.

Por su­pues­to, ves poco a poco para evi­tar “quemarte”, pero nun­ca ja­más de­jes de lado a Dios. Primero, lo que se­gu­ro pue­des ha­cer es re­zar: pide a Dios la gra­cia de vi­vir se­gún su Voluntad. Después, pasa a for­mar­te a tra­vés del Magisterio de la Iglesia y bus­ca co­no­cer a Dios en tu vida. Recuerda que te­ner un en­cuen­tro per­so­nal con Él es el mo­tor que ini­cia toda la vida de Fe. No ol­vi­des, por su­pues­to, aban­do­nar tu pe­sa­da car­ga si en al­gún mo­men­to la re­cu­pe­ras por ac­ci­den­te. A par­tir de ahí, sim­ple­men­te em­plea cada vez más to­das las gra­cias que Dios te re­ga­la, vi­vien­do como un cris­tiano. Ten en cuen­ta que las más com­pli­ca­das son las más ne­ce­sa­rias: la hu­mil­dad y la ca­ri­dad. Y, para ello, es po­si­ble que ten­gas que pa­sar va­rias ve­ces por la no­che os­cu­ra del alma… ¡En esos mo­men­tos, no du­des! Busca siem­pre a Dios, por­que Él hace que sea sen­ci­llo ha­cer lo que aho­ra te re­sul­ta im­po­si­ble. Ten en cuen­ta que No todo el que me diga: ‘Señor, Señor’, en­tra­rá en el Reino de los Cielos, sino el que haga la vo­lun­tad de mi Padre que está en los cie­los (Mateo 7, 21). Pero si tú quie­res, poco a poco, Dios lo hará po­si­ble en ti, pues… ¡Te ama!

Vive en la Iglesia Finalmente, re­cuer­da que no se pue­de ser cris­tiano por cuen­ta pro­pia. Vivir en el seno de la Iglesia es fun­da­men­tal para for­ta­le­cer y ejer­ci­tar tu Fe, así como para no des­viar­se del ca­mino de la Vida. Conviene, pues, par­ti­ci­par del día a día de la pa­rro­quia en la me­di­da de lo po­si­ble, en al­gún gru­po de pas­to­ral, en al­gún mo­vi­mien­to o sim­ple­men­te asis­tien­do de for­ma re­gu­lar a todo lo que or­ga­ni­za. Además, a con­ti­nua­ción os da­mos a co­no­cer al­gu­nas de las ini­cia­ti­vas ca­tó­li­cas más im­por­tan­tes que po­déis en­con­trar en Internet. ¡Te in­vi­ta­mos a que las co­noz­cas! Hay por­ta­les de no­ti­cias, blogs muy in­tere­san­tes, ví­deos, por­ta­les de par­ti­ci­pa­ción ciu­da­da­na, por­ta­les de in­for­ma­ción, apo­lo­gé­ti­ca, etc. ¡La Iglesia po­see una gran va­rie­dad de co­sas, in­clu­so en la red!

Sitio ofi­cial de la Santa Sede

Prensa ca­tó­li­ca: ”InfoCatólica”

Prensa: ”Religión en Libertad”

Blog ca­tó­li­co: ”Catholic-Link”

Portal de apo­lo­gé­ti­ca ca­tó­li­ca

Red de ora­ción ”MayFeelings”

Además, pue­des pe­dir que te lle­gue a casa la re­vis­ta Misión com­ple­ta­men­te gra­tis. La re­ci­bi­rás en casa cada tres me­ses, y po­drás leer algo di­fe­ren­te y edi­fi­can­te. La re­vis­ta se fi­nan­cia con la pu­bli­ci­dad que hay in­clui­da en la mis­ma.

Suscríbete gra­tis a la re­vis­ta ca­tó­li­ca ”Misión”

Finalmente, de la mano del Hogar de la Madre, pue­des ver pro­gra­mas de te­le­vi­sión ca­tó­li­cos que se emi­ten por in­ter­net en el ca­nal ca­tó­li­co “HMTelevisión”, de en­tre los cua­les he­mos re­co­men­da­do an­te­rior­men­te el pro­gra­ma “Cambio de Agujas”.

Ver los pro­gra­mas ca­tó­li­cos de ”HMTelevisión”

Práctica La vida pro­pia del ca­tó­li­co es en la Fe, en for­ma­ción con­ti­nua como dis­cí­pu­lo de Jesús, abier­to siem­pre a la Voluntad y el amor de Dios, y en la hu­mil­dad de acep­tar la co­rrec­ción. Por eso, apar­te de con­ti­nuar vi­vien­do con el plan de vida que os pro­po­ne­mos y de par­ti­ci­par de la vida de la Iglesia como ca­tó­li­co, os pro­po­ne­mos vol­ver a re­pe­tir este cur­so ca­tó­li­co. Mucha gen­te des­cu­bre o re­cuer­da en este cur­so co­sas in­tere­san­tes so­bre la Fe que in­ten­tan vi­vir. Estas co­sas lo pre­ci­pi­tan a leer­lo todo del ti­rón, ig­no­ran­do la par­te prác­ti­ca. Pero re­cuer­da que lo im­por­tan­te no es sa­ber sino vi­vir, y… ¡Seguro que aho­ra lo vi­ves de una for­ma más in­ten­sa y me­jor! Y si no es tu caso, tam­bién es­tás in­vi­ta­do pues si has lle­ga­do has­ta aquí es que te ha he­cho bien… ¿No?

Formarme con­ti­nua­men­te como ca­tó­li­co
Conocer y par­ti­ci­par de las ini­cia­ti­vas ca­tó­li­cas
Procurar vi­vir en la Iglesia como cris­tiano
Estar abier­to a la co­rrec­ción y al amor de Dios
¡Repetir este cur­so de nue­vo sin pri­sas!